Jota Erre – William Gaddis

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Jota Erre - William GaddisComienzo esta reseña admitiendo que estuve a punto de abandonar la lectura de Jota Erre al poco de empezar su lectura. ¿Por qué? Pues porque el caótico y proceloso estilo de William Gaddis me pareció pretencioso, vacuo ex profeso para envolver una historia sin sustancia. Sin embargo, conforme iba pasando páginas esa corriente impetuosa que es la escritura del estadounidense me fue atrapando sin remisión. La novela es extensa y ardua, no cabe duda, pero si nos dejamos envolver en la red que el autor trenza para nosotros pronto se puede descubrir todo un universo de tramas, de visiones y críticas que hacen de su lectura una experiencia intensa como pocas. La primera toma de contacto puede ser ardua, pero tengan por seguro que el libro les depara momentos de calidad y belleza inolvidables.

Resumir Jota Erre en unas pocas líneas es complicado: no se puede hablar de una trama central, de un hilo que mantenga cohesionado el conjunto de una obra de más de mil páginas. Lo que tenemos en su lugar son las trayectorias de unos cuantos personajes, una mirada a sus vidas, que van entrecruzándose sin descanso para formar un cúmulo de relaciones extrañas y variopintas: un niño de doce años cuya mentalidad para los negocios desafía la imaginación; un compositor fracasado que coquetea con la posibilidad de hacerse rico; una profesora frustrada por su vida personal y profesional; un abogado dispuesto a triunfar en su empresa… La lista es larga, y cada cual arrastra tras de sí peculiares señas de identidad y una idiosincrasia que le convierte en único. Todos ellos tejen una historia que fundamentalmente nos habla sobre la codicia, el afán por el dinero, el materialismo y cómo todos estos elementos se conjugan para acabar con cualquier asomo de belleza que pueda darse de forma espontánea en el mundo.

En uno de los pasajes más hermosos de la novela, la señora Joubert, profesora de Jota Erre (el chaval cuyo olfato para los negocios le conduce hasta un inesperado éxito), le pregunta por qué tiene ese afán por el dinero; el niño le contesta que todo lo que les rodea es una oportunidad para ganar dinero, que hay gente que se está enriqueciendo en ese mismo instante porque está aprovechando las oportunidades que ofrece el entorno. Y la mujer, cuya sensibilidad la convierte en un ser desgraciado, señala hacia arriba y le pregunta si el azul del cielo puede convertirse en dinero, o el brillo del sol, o el trino de los pájaros. En esa escena se condensa buena parte del mensaje que esta monumental obra encierra entre sus páginas: la violencia que ejercemos sobre el entorno y sobre nosotros mismos en pos de una riqueza tan ficticia como efímera. Todos los intentos de los personajes por trascender la miseria crematística que les rodea fracasan de un modo u otro al toparse con la envidia, con la acaricia o, simplemente, con la mala fe de gentes obsesionadas con el éxito.

Jota Erre es una novela asombrosa: en parte por su feroz sátira sobre el capitalismo rampante y sus consecuencias, pero también por su estilo narrativo; un estilo fluido, raudo, que se sustenta sobre interminables y escarpados diálogos que no hacen sino expresar la fragmentación de nuestra mente, de nuestra sociedad, al vernos cara a cara con un mundo basado en argumentos mercantiles. Jota Erre es una obra dura y exigente, pero que depara algunos de los momentos literarios más sublimes que uno recuerda. Dense el placer de leerla.

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2 Comentarios

  1. Hola.

    Recomiendo leer esta novela.

    Es exigente, pero gratificante.

    A mí me ha tenido embebido durante dos semanas.

    Su estructura, con diálogos entrecortados, donde es casi imposible la comunicación, ese balbuceo como metáfora de la incomunicación que vivimos y la figura de Jota Erre ese crío el cual rechaza todo aquello que no se puede traducir en dinero dice mucho de cómo es la sociedad americana, extrapolable a cualquier país con economía de mercado.

    Las críticas sobre banalidad de la cultura, la política exterior americana, el desmedido ánimo de lucro, la mercantilización de la educación, etcétera, son dardos envenenados, con los cuales relamernos.

    Me gustó mucho Gótico carpintero, Jota Erre, mucho más.

    Un saludo.

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