Juvenilia – Miguel Cané

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Juvenilia - Miguel CanéLa editorial Periférica ha decidido apostar por títulos poco conocidos en España, como es esta novelita de iniciación de Miguel Cané, argentino (aunque nacido en Montevideo) ilustre, diplomático, ministro y senador, cuya obra ha permanecido casi inédita por estos lares.

“Juvenilia” se define en su contraportada como «un clásico de la narrativa latinoamericana de todos los tiempos gracias a su poder de evocación, difícil sencillez e intimismo (herencia de Dickens), así como al ajustado retrato que se realiza en sus páginas de la primera generación de americanos que fue totalmente consciente de su independencia de España […]». Como ocurre a menudo, las excelencias no son tantas, y en realidad este libro es poco más que un pasatiempo maduro de un hombre que recuerda con candidez y poco juicio crítico su primera juventud en época escolar.

Cané se educó en el Colegio Nacional de Buenos Aires (una de las instituciones más prestigiosas de la Argentina del XIX), donde ingresó tras la muerte de su padre y en el que permaneció durante cinco años. Entre la nostalgia y la total añoranza, el autor repasa algunos episodios adolescentes que le marcaron especialmente: su entrada en el colegio, los despertares tempranísimos, las correrías para conseguir salir del recinto y acudir a fiestas y juergas, etc. También, cómo no, narra con admiración su relación con un profesor, Amédée Jacques, un francés exiliado que causará una profunda impresión en los jóvenes, tanto por el ardor que pone en sus lecciones como por sus modos y maneras, modernos y fuera de lugar en una institución arcaica como era entonces el Colegio Nacional.

Aparte de algunos detalles fugaces (los primeros días de reclusión, alguna francachela nocturna, la pasión por el profesor Jacques), en general el libro no despierta sensación alguna. Cané siente emoción al recordar ciertos detalles, y parece que trata de transmitirla por escrito, pero no lo consigue en absoluto. Compararlo con Dickens es tan acertado como enfrentar una lata de atún con una lubina al horno: el inglés, en pocas palabras, construía un personaje y le definía de un modo tan perfecto, que el lector se forma una imagen mental precisa e inequívoca; el argentino, por el contrario, no pasa de redactar un recopilatorio, a ratos curioso, de anécdotas y vivencias que no tienen demasiado valor social ni —mucho menos— literario.

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