La ciudad de N – Leonid Dobychin

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La ciudad de N - Leonid DobychinLa ciudad de N es el escenario en el que transcurre Almas muertas, la magnífica novela de Gógol. Y ese es el nombre que Leonid Dobychin eligió para titular su novela, advirtiendo así que se disponía a tomar el lento pulso de una ciudad de provincias. Para hacerlo se sirvió del relato en primera persona de un niño al que vemos convertirse en un joven, mientras en ese lapso de tiempo poco cambia en la tranquila ciudad; eso a pesar de que al fondo se adivinan los tumultuosos acontecimientos de la revolución rusa de 1905 y la guerra ruso japonesa.

Dobychin recogió la vida apacible de la ciudad, marcada por las fiestas religiosas, vividas con fervor por los habitantes, y un férreo orden social: las clases no se mezclaban y la disciplina recorría el cuerpo social y se aplicaba en todas las relaciones: familiares, escolares y laborales. A pesar de que fue publicada en 1935, cuando ya el triunfo del bolchevismo estaba modificando por completo la sociedad rusa, en La ciudad de N no hay un atisbo de nostalgia por los días idos.

Y es que la característica más notable de esta novela es el estilo sucinto, escuetísimo, casi telegráfico con el que está escrita. No hay descripciones, ni siquiera se introduce a los personajes, ni el narrador y protagonista se presenta a sí mismo. Imaginen la escritura de un diario en la que nos limitaríamos a anotar los acontecimientos cotidianos, ahorrándonos presentar el contexto que, por otra parte, como protagonistas de lo narrado, ya conoceríamos: eso es en esencia la forma en que está escrita La ciudad de N.

Sin embargo, a pesar de su aparente sencillez, La ciudad de N es un ejemplo reseñable de literatura. Porque si bien Dobychin no se detiene a describirnos la ciudad en detalle, ni disecciona a sus personajes de manera prolija, una historia completa y brillantemente contada aparece ante el lector. Y no se puede decir que sea éste quien complete los huecos que el peculiar estilo del ruso deja, porque no existen esos huecos: la narración es compacta, completa, lo cuenta todo yendo a lo esencial, sin que de esta forma la narración pierda ni belleza ni sensibilidad.

Lo mismo sucede con el joven protagonista. Lo que cuenta de su vida es suficiente para conocerle de forma completa y profunda y permite asistir al íntimo momento en que se abandona la niñez para entrar en la primera juventud. El mérito de Leonid Dobychin para lograr con tan parcos mimbres construir una personalidad compleja y capturarla en ese delicado momento en que todavía no sabemos quiénes somos, pero sí quienes ya no queremos ser (representado en La ciudad de N mediante los conatos de rebelión del protagonista contra su madre), es a todas luces digno de mención.

La ciudad de N no es una gran novela, según solemos entender ese término. Pero es una obra sólida, con aspectos (sobre todo estilísticos) a los que merece la pena atender.

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