La colmena – Camilo José Cela

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La colmena - Camilo José CelaPublicada en Argentina en 1951 para evitar la censura española, La colmena es una de las novelas más populares de un escritor también popular. Se la considera una de las mejores obras entre las muchas que escribió Camilo José Cela.

Considerada por su composición una novela experimental, o al menos rompedora, los recursos con los que entonces experimentó su autor –resulta inevitable señalar que ya los había usado John Dos Passos unas décadas antes– pueden parecer hoy poco innovadores (que no poco meritorios) a la luz de los experimentos con los que hemos tenido que lidiar los lectores del último cambio de siglo.

La colmena es una novela coral en la que intervienen más de doscientos personajes, sin que ninguno de ellos destaque como protagonista, si bien la narración parece entretenerse un poco más en los avatares de Martín Marco. Marco sirve para poner en relación a varios de los muchos personajes puesto que la novela parece querer poner de manifiesto, aunque no explícitamente, la teoría de los seis grados de separación.

Ese es uno de los primeros juegos que propone la novela. La serie de encadenamientos de relaciones, algunos causales, pero otros casuales, que la historia ofrece y que el lector debe ir siguiendo con atención.

La narración se inicia en un café, y ese café actuará como epicentro del que parten los mil hilos de las mil historias que componen La colmena. Pronto se perderá por las calles del Madrid de la posguerra mientras sigue los pasos de este o aquel personaje: un camarero, una criada, un médico, un sereno… A todos acompaña por un momento y abandona después para prenderse en los talones de otro personaje, en sus pensamientos.

La colmena se compone, por tanto, de muchos fragmentos. Cada fragmento nos cuenta una historia casi completa, en cualquier caso lo suficiente para resultar comprensible, cuyos matices se irán haciendo claros con la ayuda de las siguientes escenas.

Así, poco a poco, el lector se hace una idea cabal de la biografía de los personajes. Personajes que Cela logra caracterizar, dándole a la mayoría de ellos un acento propio, aunque como veremos el hecho de que muchos de ellos compartan unos mismos objetivos puede llegar a hacerlos intercambiables, como dar mil caras a una misma idea.

Y es que los múltiples fragmentos que componen La colmena son como las teselas de un mosaico que, todas juntas, componen una imagen (disculpen este símil, trillado pero eficaz). Esa imagen debería ser, para que La colmena fuera esa obra maestra que tantos anuncian, un retrato de la sociedad española, al menos madrileña, de la posguerra. Pero no lo es.

Puede que porque el tiempo de la obra se condensa en unos pocos días, le falta el suficiente recorrido para adentrarse en los mil recovecos de una sociedad a la que se supondría marcada por el trauma de la guerra, todavía tan reciente.

El problema es que Camilo José Cela se quedó en lo anecdótico. No rascó suficiente en la tragedia, a veces tragicomedia, de sus personajes. Y con un elenco de más de doscientos no supo o no quiso representar la variedad de vidas y experiencias que se atesoran bajo los tejados de una gran ciudad.

Como comentaba antes, los objetivos de sus personajes se repiten y eso les resta personalidad, un talante propio. En general, el objetivo de las mujeres es conseguir comida, para ellas o para sus allegados; mientras que el objetivo de los hombres es conseguir mujeres, mantener relaciones sexuales. Para conseguir su objetivo las mujeres facilitan que los hombres obtengan el suyo.

Y esa es la imagen que arroja el mosaico de La colmena: una escena de cama más bien sórdida. Una ciudad entera que busca llenar el estómago o practicar el coito.

¿Resta esto interés a la historia? En absoluto. ¿Estropea el buen uso de los recursos con los que jugó Cela? Tampoco. Pero rebaja necesariamente la calidad de la obra. Una obra maestra habla de las preocupaciones eternas del ser humano. Y por supuesto que entre ellas figuran el alimento y el sexo. Pero no únicamente. En La colmena no hay otra cosa.

Nos preocupa las respuestas a las preguntas eternas: ¿Quiénes somos? ¿A dónde nos dirigmos? Pero no ¿podré acostarme con la criada?

Faltan muchas teselas para que ese mosaico arroje una imagen que de verdad pueda conmover para siempre a un lector de cualquier época y de cualquier cultura. La colmena es una novela correcta, interesante, lo que no es poco, pero no más.

2 Comentarios

  1. Bueno, leí esta novela hace tantos años. En algún sentido me marcó, porque era una de las primeras novelas “adultas” que leía. Se me quedó grabado su estilo y si que recuerdo esa sensación de derrota, de aplastamiento, de lucha por la supervivencia más allá de “llenar el estómago y practicar el coito”. Pero como te digo, la leí hace casi veinte años. Por cierto, destacaría la magistral adaptación de Mario Camus y como supo capturar esas cicatrices que había dejado la guerra civil en aquella sociedad depauperada.
    Un saludo!!

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