La gente corriente de Irlanda – Flann O’Brien

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La gente corriente de Irlanda - Flann O'BrienLa gente corriente de Irlanda es un libro que será bien recibido por todos los incondicionales de Flann O’Brien que hemos descubierto y disfrutado sus novelas, publicadas en los últimos años por Nórdica Libros.

Este volumen recoge buena parte de la columna que el irlandés publicó durante casi tres décadas bajo el título «Cruiskeen Lawn» en el periódico The Irish Times. «Cruiskeen Lawn», del irlandés «Crúiscín lán» viene a significar «la jarrita llena», lo que ya da idea del género de columna que mantuvo O’Brien. Quien, por cierto, publicó dicha columna bajo el pseudónimo de Myles na gCopaleen, que podría traducirse como «Myles de los Caballitos».

La gente corriente de Irlanda es, de hecho, una selección del libro recopilatorio The Best of Myles, una antología póstuma preparada por el hermano del autor. Y lo cierto es que el título no puede ser más apropiado, pues así apela Myles/O’Brien a sus lectores, con quienes entabla a menudo un diálogo, casi siempre sobre temas estrambóticos.

Pese al humor y a veces al aparente sinsentido de los textos que recoge el libro, O’Brien demuestra ser un excelente observador de la realidad de su país y de la forma de ser de sus conciudadanos: la preocupación por la pervivencia de la lengua irlandesa o la evolución de la Segunda Guerra Mundial tiene su lugar en las columnas de Myles (si bien de modo jocoso) junto con otros asuntos más ligeros.

Especial mención merecen las columnas englobadas bajo el epígrafe «El hermano» que da cuenta, en forma de diálogo entre dos personas en la parada del autobús, de las andanzas de un estrafalario tipo al que se designa de forma poco específica como el hermano. También destacan las que se recogen bajo el título «Gabinete de investigación», que reúne disparatados inventos al más puro estilo De Selby, el insólito científico en torno al cual gira la trama de Crónica de Dalkey. O las recopiladas en «El catecismo del cliché de Myles na gCopaleen», en las que el autor da cuenta de esas frases trilladas y lugares comunes que todos repetimos hasta la náusea:

¿Qué son los datos, por lo que respecta a las características de solidez, impenetrabilidad y firmeza?
Concretos.
¿Y por la temperatura?
Fríos.
¿Con qué comparten los datos esta característica de frigidez?
Con la letra impresa.
¿A qué corresponden los datos concretos?
A la situación.
¿Y a qué corresponde la cruda realidad?
Al tema.
¿Qué debemos hacer con los datos concretos de la situación?
Afrontar los datos concretos de la situación.
¿Qué es lo que hace con frecuencia un dato concreto?
Permanecer.
¿Y qué es notoriamente inútil como medio para alterar los datos concretos de la situación?
Toda la palabrería del mundo.
¿Le revienta esto?
Pues sí.

Evidentemente, sobra recomendar la lectura de La gente corriente de Irlanda a los asiduos de Flann O’Brien. De hecho, es un libro pensado para sus seguidores, pues el interés que puede tener para los lectores que no conozcan la obra del genial irlandés es seguramente relativo. Para los interesados en acercarse por vez primera a la singular narrativa de O’Brien resultará preferible cualquiera de sus novelas; pero para aquellos que ya las hayan devorado como merecen, La gente corriente de Irlanda no debe faltar en sus estanterías.

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