La investigación – Stanislaw Lem

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La investigación - Stanislaw Lem«Stanislaw Lem nos seduce con una intriga policíaca de tintes filosóficos y metafísicos, en un Londres neblinoso y nocturno en que casi ninguna pregunta tiene respuesta». Así se nos presenta en la contraportada La investigación, obra que el escritor polaco publicara en 1959; y se acierta en al menos una cosa: ninguna pregunta tiene respuesta en esta novela.

La novela narra la investigación policial de unos extraños casos acaecidos en pequeñas poblaciones al sur de Londres. En ellas, durante las noches, han desaparecido varios cadáveres de forma misteriosa. El particular fenómeno, se nos pone en antecedentes, ha ido creciendo de manera paulatina: al principio, se dieron un par de casos en los que algunos cuerpos aparecía movidos; después, se encontraron tirados en el suelo; por último, los cadáveres habían desaparecido sin dejar rastro.

El teniente Gregory será el encargado de investigar el extraordinario caso. Rodeado de no menos extraordinarios colaboradores. El Inspector Jefe que le asigna el caso —quien decora las paredes de su casa con fotografías de muertos por asesinato—, el extravagante doctor Sciss —invitado a participar en el caso y que tratará de resolverlo por medio de estadísticas—, e incluso el matrimonio propietario de la casa donde Gregory alquila una habitación.

En efecto, todo es extraño, oscuro y neblinoso en esta historia, lo que de por sí no es malo. Y la desaparición de los cadáveres, que se complica con un nuevo incidente en el que prácticamente parece que un muerto ha salido andando del depósito en que descansaba, consigue despertar el interés del lector. La fascinación le acompaña en un principio y, aunque con momentos de perplejidad, le conduce hasta aproximadamente la mitad de la historia.

Pero, por desgracia, la perplejidad va aumentando. Ciertos fragmentos de la novela no aportan nada a la historia, otros la vuelven poco clara. Y finalmente se llega a un punto en el que no se sabe a dónde lleva y el desconcierto es total. A eso se suma la resolución poco exitosa de escenas de pretendida tensión: el lector sabe que lo son sólo porque más adelante el narrador especifica que un momento culminante ha tenido lugar en determinada escena, sin que el lector haya tenido noticia o lo haya experimentado de alguna manera.

En ese estado se es poco receptivo a la farragosa explicación del doctor Sciss, que relaciona estadísticamente los fenómenos con la incidencia del cáncer en la zona. Y no se sabe muy bien cómo deduce el teniente Gregory que precisamente Sciss tiene algo que ver con los cadáveres desaparecidos; y en consecuencia se dedica a acosarle de una manera desafortunada y sin interés.

Finalmente el caso parecerá resolverse. Pero el autor concluye con un final abierto que deja la puerta abierta a cuantas especulaciones quiera hacer el lector. Quien, por otra parte, no desea hacer ninguna y más bien siente alivio por haber llegado al final de la novela. Sí es cierto que se apuntan de manera casi imperceptible reflexiones sobre ese misterio que el hombre ha hecho de la muerte  — ¿podemos regresar del más allá?, ¿es la muerte el final de todo?— o sobre el miedo con el que nos solemos enfrentar a ella, tal vez porque nos recuerda que, inevitablemente, también ha de llegarnos un día.

Pero en conjunto, la novela es floja y poco interesante y, sobre todo, crea unas expectativas en el lector que en modo alguno son satisfechas. Mejor dejarla correr.

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1 Comentario

  1. No puedo estar más en desacuerdo con usted en su lectura de la novela.Si bien es cierto que su final decepciona un poco, incluso el propio autor no acabó de estar muy contento con él, es una magnífica obra que hará las delicias de todo aficionado a Lem.

    Le invito a no abandonar la lectura de este autor y quizá a abordarla desde otro punto de vista: Lem, en casi todas sus obras provoca que el lector esté perdido, desconcertado, angustiado….no entiende nada, para precisamente remarcar los límites de la ciencia, el conocimiento humano y la misma naturaleza humana.

    Así, la ausencia de respuestas con las que nos topamos en «La investigación» no es un fallo de la novela, sino que obedece a la estrategia narrativa del autor.

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