La liebre con ojos de ámbar – Edmund de Waal

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La liebre con ojos de ámbar - Edmund de WaalBorges dijo que somos gratamente los otros. De entre esos “los otros”, somos en especial y sin duda nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos… Somos también, en parte, los objetos que nos rodean y de los que nos rodeamos. De esa sutil metafísica bebe La liebre con ojos de ámbar, un ensayo que no en vano se subtitula Una herencia oculta.

La de Edmund de Waal fue, desde mediados del siglo XIX y hasta mediados del XX, una de las más señaladas familias de banqueros y comerciantes europeos: los Ephrussi. En Odesa nació un imperio económico que tendría sedes en las principales capitales de Europa y que les convertiría en acaudalados propietarios de mansiones y obras de arte. De Waal recibió como herencia de un tío abuelo una colección de netsuke (pequeñas figurillas japonesas) que había permanecido durante años en el seno de la familia. Junto con la herencia, vino la curiosidad, ¿quién había iniciado la colección y por qué?, ¿en qué manos habían estado los netsuke a lo largo de los años?

La liebre con ojos de ámbar es el diario de campo de esa investigación personal, al tiempo que un repaso por la historia europea de los últimos ciento cincuenta años y una memoria familiar. Su estilo franco, a caballo entre una crónica y un diario, convierte su lectura en una pequeña delicia.

De Waal viajará a París para encontrar las huellas de Charles Ephrussi, mecenas y crítico de arte, que inició su colección de netsuke en medio del furor por el japonisme del París de finales del siglo XIX. Más adelante, Charles entregaría la colección como regalo de boda a su primo Viktor, residente en Viena. Allí permanecería la colección hasta que los nazis pusieron en fuga a la familia, de origen judío, apropiándose de las colecciones artísticas… excepto de los netsuke, que fueron milagrosamente rescatados por una criada. Al finalizar la guerra, las pequeñas figuras serían restituidas a los herederos de los Ephrussi, para acabar por retornar a Japón, donde fue a instalarse el tío abuelo de Edmund de Waal que se las legaría.

Al trazar este largo y azaroso periplo de las figurillas, de Waal se sumerge en un duro trabajo de investigación que le lleva a recorrer Europa, a visitar las antiguas mansiones de sus antepasados —hoy convertidas en sedes de firmas comerciales—, a bucear en archivos y bibliotecas, a flanear por las calles que los Ephrussi recorrieron. Un trabajo, que sin embargo, trae consigo una enorme recompensa: conocer de una manera más profunda la historia privada, íntima, familiar y doméstica de sus ascendientes. Seguir su rastro más allá de su vida pública, leer entre líneas para conocer sus gustos, sus amores, las ocupaciones triviales del día a día.

De este libro, apasionante en muchos sentidos, se desprende una realidad: trascendemos. Un eco nuestro queda aún después de que finalice nuestro paso por este mundo: estamos en los que vienen detrás, pero también en la impronta que dejamos en los objetos que elegimos, poseemos y usamos día a día. Tal vez, en esta sociedad banal del usar y tirar, no somos especialmente conscientes de la belleza de compartir nuestra existencia entera con objetos cuidados, apreciados y respetados: una colección de libros, un juego de café, una figurilla… No es necesario que sean obras de arte, basta con pensar que son testimonios de nuestra vida. Y confiar en que, como de Waal con sus netsuke, haya alguien que desee escuchar la historia que cuentan sobre nosotros y sobre nuestra época.

P.S.: Damos las gracias al amigo que nos regaló este libro. Sin duda los objetos sirven para crear vínculos entre las personas.

3 Comentarios

  1. Libro muy hermoso.

    Ejemplo de historia real, no de esa otra historia abstracta, repleta de fechas y datos que nos legan muchas veces sesudos eruditos; aquí estamos ante seres de carne y hueso, que sufren los trágicos avatares de dos guerras mundiales. Para mí es un homenaje, encarnado en la familia Ephrussi, a esas personas anónimas que no escriben la historia pero la sufren como nadie, personas rescatadas del olvido a través del viaje en el tiempo de unas pequeñas figurillas japonesas.

    Desborda sensibilidad y merece la pena ser leído. Está escrito con sencillez y entre líneas se percibe el trabajo de un auténtico artesano, Edmund de Waal.

    Saludos

  2. Excelente reseña para un libro excelente.

    Cuando lo leí hace más de un año quedé absorbido inmediatamente por la historia, enganchado a su sencillez, a su delicadeza y al cuidado por el detalle con que Edmund de Waal va desgranando la convulsa historia de la familia Ephrussi. Y es que su tarea de “flâneur” la hice también mía y, de su mano, me paseé por el París en eclosión de la segunda mitad del siglo XIX, el París de los nuevos ricos, los Rotschild, los Camondo, los Cahen d’Anvers, que Zola describió a la perfección en sus novelas; me recreé con las obras pictóricas de los por entonces desconocidos Manet, Renoir, encontrando explicación a las figuras de muchas de sus telas. Asistí también a los últimos coletazos de la Austria imperial, a su posterior desmembramiento y anexión por la Alemania nazi y, como según dicen todo es cíclico, acabé mi periplo en Odesa, punto inicial de partida de los Ephrussi, y en Tokio, patria originaria de los “natsukes”.Sólo me faltó, y ahora lo he conseguido, gracias al enlace de la reseña, admirar en detalle la belleza de las preciosas miniaturas que dan pie a toda la historia.

    Sí, Sra. Castro, hay vida en las cosas, la vida que dejamos nosotros cuando las hacemos nuestras y las tocamos y acariciamos suavemente, y hay también muchas lágrimas contenidas en ellas. La historia de la familia Ephrussi es una buena prueba de lo dicho.

    Sin duda los objetos sirven para crear vínculos entre las personas.

    Un fuerte abrazo y hasta siempre

  3. Tenía anotado este libro de hace tiempo y se me había olvidado. Malditas listas. Sólo sea porque transmite algo en lo que necesitamos creer (que transcendemos) merece la pena recuperarlo de mi lista traidora y ponerlo a la vista.

    Gracias y un saludo!

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