La inquilina de Wildfell Hall – Anne Brontë

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La inquilina de Wildfell Hall - Anne BrontëIncluso haciendo gala de una gran parte de las convenciones de toda (o casi toda) novela decimonónica, La inquilina de Wildfell Hall constituye un —tópico— soplo de aire fresco en cuanto al desarrollo de su trama. Sin aspavientos ni alharacas, Anne Brontë consiguió una obra que presenta una protagonista de entereza sin par, de una personalidad compleja y rebelde, capaz de presentar batalla ante lo que considera injusticias, aunque ello le acarreé el deshonor y las críticas. Aunque no se aleje por completo de los estereotipos de la novela decimonónica, ni tampoco se atreva con un planteamiento por completo rompedor, lo cierto es que el texto sí que plantea cuestiones que en su momento se consideraron escandalosas, ya que ponían en jaque una cosmovisión social que parecía imposible de quebrantar. La menor de las hermanas Brontë logró así una historia que aúna el romanticismo inocente de los romances del XIX con la personalidad de las obras más psicológicas del XX.

La inquilina de Wildfell Hall se narra desde el punto de vista de Gilbert Markham, un joven terrateniente que habita con su familia en un tranquilo condado inglés. La llegada al lugar del título (una mansión abandonada desde hace años) de una joven viuda, Helen Graham, con su hijo de cinco años hará que la apacible vida del lugar se trastorne debido a las habladurías que suscita la mujer; la educación sobria y exigente que aplica al niño, junto con las incógnitas sobre su pasado y la extraña relación que mantiene con su arrendador provocará el recelo general de casi toda la gente de la región. Incluso el joven Gilbert, prendado desde el principio de la misteriosa inquilina, duda sobre la verdad de su condición e intuye que tras su soledad hay mucho más de lo que parece. Solo al cabo de un tiempo, cuando la señora Graham haya derribado algunas de las barreras que levantaba en torno a su persona, el devoto protagonista (y los lectores) irá descubriendo los avatares de la vida de la viuda, que en absoluta son convencionales.

Si bien el planteamiento, como se puede ver, tiene reminiscencias de algunas clásicas obras decimonónicas, con elementos tópicos (el pasado oscuro; el descubrimiento de los hechos mediante un diario o correspondencia para arrojar luz sobre los mismos; relaciones que no son lo que aparentan; etc.), Brontë se permite la osadía de utilizar como protagonista femenina una mujer que ha desafiado las convenciones sociales de su tiempo a sabiendas de lo que hace. Aunque el final de la novela no sea por completo transgresor y endulce esa actitud rebelde (con una solución «de compromiso» en la que los héroes salen beneficiados no tanto por sus actos sino por la benevolencia del azar), lo cierto es que Helen Graham constituye una creación poderosa: decidida, tenaz, orgullosa y valiente; rasgos que en una novela de mediados del siglo XIX eran ajenos a los caracteres femeninos (y en muchos casos lo siguen siendo en el XX y el XXI…) y, por lo tanto, dignos de tenerse en consideración a la hora de analizar la obra.

Dejando de lado ese detalle, La inquilina de Wildfell Hall reúne algunos elementos convencionales del género y del momento histórico, pero siempre engarzados con sabiduría literaria para tener al lector pendiente de lo que ocurrirá a continuación. Sin llegar a ser una novela de misterio, la autora juega con los datos disponibles para plantear sospechas, suscitar dudas y provocar curiosidad, todo ello al tiempo que define a sus protagonistas con eficacia. Mientras Gilbert se nos muestra como un fogoso muchacho, poco dado a la reflexión y víctima de sus primeros impulsos, Helen hace gala de los rasgos previamente mencionados, templados por una serenidad que la distingue de cualquiera de los otros personajes. Solo el previsible (por esperado) final desluce un tanto esa personalidad tan soberbiamente construida.

En pocas palabras, se puede afirmar que La inquilina de Wildfell Hall es una obra de concienzuda planificación, con un desarrollo a caballo entre la novela de suspense y el melodrama romántica, pero con unos personajes (sobre todo su protagonista femenina) que la distinguen de otros textos y la convierten en inolvidable. Una novela elegante, sobria, apasionante y sutil.

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