El miedo del portero al penalti – Peter Handke

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El miedo del portero al penalti - Peter HandkeEl miedo del portero al penalti es la breve novela que, allá por 1970, atrajo sobre Peter Handke la atención del gran público. Como el grueso de la producción del escritor austriaco, tiene como tema recurrente la inestable posición del hombre contemporáneo en una sociedad que solo puede producir extrañamiento, y los problemas que dicha situación produce, condenándolo al aislamiento.

Esta situación se encarna en El miedo del portero al penalti en Bloch, un antiguo portero de fútbol que pierde su empleo y se dedica a vagabundear por la ciudad de Viena, donde comete un acto irreparable que le obligará a ir a esconderse en un pueblo en la frontera.

Como hará de nuevo en La mujer zurda, Handke sobrenada en la superficie, dejando que sea el lector quien complete los huecos que el autor voluntariamente deja vacíos y termine de construir la historia. Sin embargo, esta táctica no funciona tan bien en el caso de El miedo del portero al penalti. Puede que sea porque el acto que comete Bloch mientras está en Viena queda demasiado lejano para el lector, quien necesitaría más mimbres para poder recrear la historia que Handke propone.

Así las cosas, esta novela acaba por convertirse en una sucesión de actos banales que, si bien ocultan algo terrible, no logran nada más que desconcertar al lector. El portero Bloch va y viene por sus páginas, pero nada de lo que hace capta el interés de manera genuina, y cuando llega a hacerlo la descripción de los acontecimientos posteriores, que de nuevo se queda en la superficie, vuelve a ahogarlo.

De vuelta en el pueblo Bloch se sentó en un café y se quedó mirando un juego de cartas. Empezó a discutir con el jugador que estaba delante de él. Los otros jugadores obligaron a Bloch a que se marchara. Bloch fue a la habitación trasera. Allí estaban dando una conferencia con proyecciones. Bloch se quedó un rato mirando. Era la conferencia sobre los hospitales de órdenes religiosas en el sureste de Asia. Bloch, que había estado todo el rato hablando en voz alta empezó, a discutir otra vez con la gente. Se dio la vuelta y se marchó.

En resumen, el lector no llega a empatizar con el personaje de Bloch. Ni le entiende, ni se identifica con él, ni le compadece. Y no lo hace porque Peter Handke no le ha dado los asideros para hacerlo, por avezado que sea el lector y por mucho que disfrute de esas novelas en las que no se da todo mascado y puede implicarse, completar, suponer y leer entre líneas.

Sin duda la sociedad contemporánea produce monstruos que casi siempre se ocultan a simple vista. La soledad y la imposibilidad de comprendernos a nosotros mismos, de comprender lo que nos rodea y de comprender a los demás puede acabar por conducirnos a un punto de no retorno donde todo parece volverse anormal. Hasta la literatura.

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