La mujer zurda – Peter Handke

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La mujer zurda - Peter HandkeHan pasado ya algunos años (¡seis!) desde la lectura de Los avispones, de Peter Handke; una novela peculiar, de esas que invitan al lector a dejar a un lado lo que sabe sobre las convenciones de la narrativa para adentrarse en una obra en la que lo importante no es tanto lo que se cuenta, sino cómo se cuenta; o, mejor, en la que lo que se cuenta y cómo se cuenta forman un todo chocante pero armónico. Con esos antecedentes, Handke es uno de esos autores en cuya obra una se promete profundizar. Y, años después, llega la lectura de La mujer zurda.

La mujer zurda es una novela menos peculiar que Los avispones. Escrita con sencillez, con un lenguaje escueto, casi telegráfico, la novela describe la vida de una mujer desde el momento en que decide separarse de su marido, al día siguiente de que este regrese de un viaje de trabajo.

El reencuentro de la pareja parece feliz («Siento ahora una fuerza mágica, Marianne. Y te necesito. Y soy feliz. Todo zumba en mí, de pura felicidad», llega a decir Bruno, el marido), pero la mujer, que nunca se expresa con tanta rotundidad, resulta no vibrar en la misma frecuencia que su esposo.

Sin embargo, Handke se queda voluntariamente en la superficie, lo que impide que el lector se haga una idea cabal de los sentimientos y emociones de los personajes, especialmente de la mujer. La novela se convierte en una sucesión de escenas en las que vemos a Marianne retomar su carrera como traductora, cuidar de su hijo, hacer la compra, pero nunca accede el autor a que la sorprendamos en un momento de introspección que nos permita comprender el porqué de lo que parece una abrupta e inesperada separación.

Hay algunos gestos, sí, pequeñas muecas que delatan la tormenta que se desarrolla en el interior de Marianne. Momentos en los que asoma la duda, el temor e incluso la euforia.

De noche, tumbada en la cama boca arriba, la mujer abrió mucho los ojos. No se oía más ruido que su aliento junto al edredón y un barrunto de los latidos de su corazón. Corrió a la ventana y la abrió; pero el silencio cedió sólo a un leve murmullo. Fue a la habitación del niño con el edredón en el brazo, y se tumbó en el suelo junto a la cama de éste.

En La mujer zurda todo lo esencial de la historia ocurre entre líneas. Está delante del lector, pero nunca de una forma explícita o evidente. Comprender el significado que los detalles de una existencia en apariencia banal es el trabajo que Peter Handke propone al lector. La sencillez del texto no es casual. El autor parece poner las cosas fáciles para que nada distraiga al lector de lo esencial. Handke señala y nosotros nos asomamos a un pozo de dolor, de soledad, pero también de esperanza.

La novela se cierra con una cita de Las afinidades electivas, de Goethe, que nos da la clave para interpretar la obra que acabamos de leer.

Así, todos juntos, cada uno a su manera, siguen viviendo la vida cotidiana, con o sin reflexión; todo parece seguir su curso habitual, del mismo modo que, incluso en los casos extremos en los que todo está en juego, si sigue viviendo como si no pasara nada.

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