La mampara – Marta Brunet

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La mampara - Marta BrunetMaravillosa esta pequeña novela de  la escritora chilena Marta Brunet. La mampara es una exquisita muestra de esa literatura que es capaz de destilar la esencia de lo humano y cuajarla en un personaje.

La mampara es una novela que, bajo una aparente sencillez formal, esconde una hondura sutil que cala y se condensa a lo largo de la lectura.  La autora desovilla una historia en apariencia ingenua de la que, sólo al final, se comprende la  intensidad y se desprende la reflexión que necesariamente acompaña a la mejor literatura.

La novela puede entenderse como un juego de espacios a la vez que un juego de personalidades. Es un juego de espacios en cuanto confronta el exterior, la vida social, con la vida familiar de puertas para adentro; la “mampara” a la que hace referencia el título es la puerta acristalada de una casa, la frontera entre afuera y adentro, entre la lucha y el descanso, entre la protección y la intemperie.

Pero a su vez, como decíamos,  es un juego de personalidades donde también parecen oponerse los personajes que dan vida a la historia. La mampara describe la jornada de cada una de las dos hermanas que viven tras esa puerta acristalada. Ignacia Teresa y Carmen son las hijas de una buena familia venida a menos que conviven en un sótano junto con su madre. Mientras Ignacia Teresa es la hija abnegada, una muchacha responsable que trabaja en una oficina para sostener a la familia, Carmen no renuncia a mantener el círculo de amistades de su antiguo mundo. La madre actúa como una bisagra entre ambas hermanas, pero también como entre las dos parte en que se divide la narración, cada una protagonizada por una hermana.

A pesar de que el desarrollo de la historia pueda parecer evidente, Marta Brunet juega al despiste con la lectora —y sin duda ahí reside el mayor acierto de la novela—. Porque la laboriosa Ignacia Teresa rápidamente atrae nuestras simpatías y la descripción de su jornada laboral, marcada por un contratiempo, inclina decididamente al lector a su favor. Sin embargo, su hermana Carmen se nos presenta como una muchacha frívola, que utiliza a su madre como criada y que parece conceder más importancia a las apariencias que al cariño de su familia.

Cada parte de la narración permite hacerse una idea del carácter de cada una de las hermanas: Ignacia Teresa es formal y diligente, pero apocada y tímida. Es fácil sentir conmiseración al verla obligada a enfrentarse con el despiadado mundo laboral. Por su parte, Carmen resulta frívola, despreocupada y, gracias a los cuidados de su madre y su hermana, a salvo de la dureza del mundo.

Sin embargo, las últimas páginas de La mampara dan un súbito vuelco al mapa mental que la lectora se había trazado. Y esa capacidad para, en tan sólo unas líneas, cambiar por completo la naturaleza de una historia, alterando de manera inteligente y a la vez delicada la perspectiva que se pudiera tener, es un fantástico ejemplo de los mil juegos que la literatura sólo permite a los mejores.

Una lectura muy recomendable.

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