La mano invisible – Isaac Rosa

5
2239

La mano invisible - Isaac RosaPocas novelas hay (y menos hoy día) que traten el mundo laboral en profundidad; parece claro que en los últimos años la narrativa española ha abandonado la función «social» para adentrarse en terrenos más estilísticos y sentimentales. En parte por este motivo, y en parte por su calidad, las novelas de Isaac Rosa son un soplo de aire fresco dentro de una literatura que niega cualquier relación con la realidad de nuestro mundo actual. Su apuesta valiente y comprometida es valorada sólo hasta cierto punto, y La mano invisible es una nueva muestra de sus cualidades como escritor y, quizá sobre todo, como observador.

En La mano invisible se cuenta una curiosa historia: la de un grupo de trabajadores a los que se les ofrece un puesto para que desempeñen sus habilidades en una nave industrial, ante un público que les observa mientras trabajan; una costurera, un carnicero, una administrativa, un albañil o una limpiadora comienzan así una especie de representación, trabajando varias horas en presencia de cientos de personas sin saber exactamente para quién o para qué lo hacen.

Rosa pone así de relieve una de las condiciones elementales del trabajo: ¿por qué trabajamos? En la novela se van sucediendo monólogos de cada uno de los trabajadores, por lo que en conjunto se va formando una reflexión general sobre el mundo laboral. Sin embargo, la anterior pregunta es la que resuena con más fuerza a lo largo de todos los capítulos. ¿De qué sirve el trabajo?; ¿nos forma como personas, como seres humanos sociales?; ¿nos dignifica de alguna manera?; ¿nos ennoblece?; ¿lo hacemos para realizarnos; para alcanzar metas o sueños; para triunfar; para vivir bien; para sobrevivir? Cuestiones que aparecen una y otra vez en el libro, ya que lo que el autor quiere mostrar es el valor que tiene el trabajo.

Un valor cuestionable y, por supuesto, personal. Cada uno de los protagonistas encara el trabajo de forma diferente: mientras unos se cuestionan constantemente su labor en ese juego, otros aprovechan la oportunidad de trabajar tranquilos y sin demasiadas presiones; unos echan en falta el propósito de su labor, y otros sólo trabajan por el mero hecho de hacerlo. Y las preguntas siguen ahí: ¿para quién trabajamos?; ¿es beneficioso para nosotros, o sólo para nuestro empleador?; ¿es necesario saber el fin último de nuestros esfuerzos, o no vale la pena? Isaac Rosa introduce estas dudas en los distintos monólogos de manera sutil, creando así una atmósfera narrativa que casi enlaza con el ensayo más puro.

La mano invisible invita a la reflexión constante; azuza al lector y no le permite la contemplación pasiva de los hechos que se narran (pese a que, como novela, como texto de ficción, está bien estructurada y tiene un ritmo encomiable). Lo que busca es que nos cuestionemos cosas que damos por sentadas, que pensemos en axiomas que nos transmiten e inculcan y que rara vez ponemos en duda. Buen ejemplo de ello es la voz de la costurera, que rememora el aprendizaje con su madre, una mujer que cree en el valor del trabajo per se y que la machaca con sabiduría popular en forma de refranes: «la mejor herencia es trabajo y diligencia»; «de dios abajo cada cual a su trabajo»; etc. Su rabia acumulada se alzará clamando por una dignidad que ella no encuentra en el trabajo; una dignidad que generaciones sólo les ha servido para agachar la cabeza ante situaciones eminentemente injustas.

Merece mucho la pena leer un libro como La mano invisible: por su calidad, por su arrojo y por su perspicacia a la hora de exponer cuestiones sin caer en dogmatismos. No gustará a todos, sin duda, pero les aseguro que hay poca literatura que nos depare momentos tan intensos como ésta.

Más de Isaac Rosa:

5 Comentarios

  1. De entrada me parece que las obras que alteran, subvierten o manipulan la realidad con algún elemento (como exponer a un grupo de trabajadores a un público que los observa) poseen una capacidad de sugerencia enorme. Se ha probado otras veces, siendo un maestro de ello Saramago.
    De relaciones con el trabajo, de política y de bastante realidad (la suficiente al menos para llamar a un libro suyo Lo real), escribe Belén Gopegui.
    Me interesa el proceso contrario al de este libro – que leeré en cuanto pueda -, es decir: alterar la literatura, lo imaginario, situándolo en lo real para ver qué pasa.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here