La nueva Grub Street – George Gissing

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La nueva Grub Street - George GissingUno ha llegado a la lectura de este libro por caminos peregrinos y azarosos (como suele ocurrir, por lo demás, con buena parte de nuestras lecturas), pero la recompensa ha sido gratificante como pocas; la lectura de George Gissing resulta un soplo de aire fresco dentro de una narrativa como la decimonónica, lastrada en muchas ocasiones por un costumbrismo que ocultaba todo rastro de mirada social y que se detenía mucho en las tramas, pero poco en el trasfondo de éstas. La nueva Grub Street es una novela de un corte formal corriente y, en ocasiones, ramplón; pero con una enjundia a la hora de definir a sus personajes como pocas otras obras logran, así como para integrarlos en una historia cuyas circunstancias se constituyen como un elemento capital para entender el conjunto.

El texto nos pone tras los pasos de unos aspirantes a literatos en el Londres de finales del siglo XIX. En particular nos centramos en las desventuras de Jasper Milvain, un veinteañero que tiene muy clara su aspiración al reconocimiento de sus colegas, si bien no anhela el alcanzar la gloria literaria. El joven quiere fama y dinero, y sabe que lo que tiene que hacer para conseguirlo es darle al público lo que en cada momento es de su interés; sus preferencias o gustos nada tienen que ver en su carrera, y admite escribir basura, «pero basura de muy buena calidad».

Como opuesto a este personaje tenemos a Edwin Reardon, otro escritor cuyos primeros libros fueron discretamente acogidos por la crítica y el público, y que se encuentra en un periodo de «sequía creativa». Edwin se aferra con uñas y dientes a su oficio, deseoso de crear una obra que esté a la altura de sus expectativas artísticas; sin embargo, las circunstancias de penuria le obligan a adaptarse a los gustos del mercado literario, lo cual le acarrea no poco sinsabores.

En torno a este par de protagonistas se mueve una miríada de personajes: escritores, críticos, familiares… Unos y otros muestran la crueldad de una profesión que ya por aquel entonces mostraba una tendencia a valorar más el dinero que la calidad.

Y es que La nueva Grub Street nos habla sobre el éxito y el fracaso: cómo afectan a la vida de las personas y las decepciones que pueden conllevar. Tanto Jasper como Edwin son escritores de talento, pero mientras que el primero pone su genio al servicio del interés (ya sean noticias, reseñas, artículos, cuentos o semblanzas), el segundo se niega a dejar que sea el mercado el que rija su pluma. Como podrán imaginar, no desvelo nada si digo que la suerte del segundo será mucho peor que la del primero: Gissing no desarrolla una trama ramplona o «buenista», sino que trata de diseccionar hechos y personas con enfoque naturalista.

Quizá por este motivo, el estilo de la novela es un elemento que aparece descuidado en algunos pasajes; sobre todo al comienzo, como si con el transcurso de la historia el autor hubiera ido «entrando en materia» y se hubiera sentido más confiado. A pesar de ello, la fuerza de la trama es tal que pronto nos sumergimos por completo y nos dejamos llevar por las desventuras de los protagonistas, que aquí se convierten en el epicentro de la obra y que consiguen relegar a un segundo plano a los deméritos formales.

Es impresionante como se van definiendo las distintas personalidades de los caracteres que van asomando por el texto a medida que transcurre la historia: Gissing puede carecer de maestría estilística, pero hace gala de un pulso mágico para construir una idiosincrasia a partir de detalles, de elementos minúsculos o de palabras aparentemente inocuas. La figura de Jasper Milvain brilla con luz propia por su seductora personalidad, tan atrayente como fatal: todo un hombre de su tiempo que, a pesar de su carácter resolutivo y práctico, puede llegar a conmover por la ingenuidad que encierra su determinación. Y qué decir de Edwin Reardon: un personaje trágico con tintes clásicos, pero que sin embargo es capaz de embelesar al lector más frío por la pasión que encierra su amor por la escritura.

La nueva Grub Street es una novela maravillosa: por sus personajes, por sus deliciosas tramas y, sobre todo, por su tratamiento moderno y sagaz de la sociedad. George Gissing fue un observador inteligente que supo transmitir todo un cambio de enfoque en la forma en la que nos relacionamos con el arte y la escritura. Y lo consiguió de manera magistral.

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1 Comentario

  1. Sr. Molina, suscribo de pe a pa, de la primera a la última letra, todas tus impresiones sobre “La nueva Grub Street”… Diferimos únicamente en un detalle nimio: la manera en que hemos llegado hasta Georges Gissing. Si tú lo has hecho por “caminos peregrinos y azarosos”, yo lo he logrado a través de una senda más trillada: la de tu entusiasta consejo para leer la novela. Por ello, como ya me ha ocurrido con otras muchas lecturas, gracias.

    Ateniéndonos a estilo y época, el libro de Gissing pertenece a lo que se ha dado en llamar “novela decimonónica”, pero con ciertos matices. No estamos aquí ante la típica producción folletinesca de trama enrevesada, trufada de giros y sorpresas, en la que desvalidos personajes consiguen siempre premio final a un inacabable rosario de infortunios. “La nueva Grub Street” es una novela sobre novelistas, pero no sobre novelistas de relumbrón sino sobre autores de clase media, en algunos casos incluso de medio pelo, que como reconoce desconsoladamente Marian Yule, una de las protagonistas, están condenados a pergeñar obras que no son sino mera mercancía para el consumo del día a día; trabajo estéril si tenemos en cuenta que “ya hay en el mundo más buena literatura de la que ningún mortal podría abarcar en toda su vida”. Sobre estos esclavos modernos, encadenados a una vocación, que tiemblan ante el potro de tortura de una cuartilla en blanco, versa la novela.

    Y no sería de extrañar, como he leído en algún artículo, que, dada la trayectoria vital del autor, el tema de la trama y sus personajes estén más cercanos al género autobiográfico que al de la ficción pura. La vida de Georges Gissing, hasta su muerte a los 46 años en Saint – Jean – de – Luz, se acerca mucho a la de Edward Reardon, uno de los protagonistas principales, recreado, eso sí, en una versión peor que la de su propio retrato: un escritor medianamente respetado que tuvo que bregar siempre para poder vivir de su trabajo, algunas veces de mala manera. De hecho, los ingresos obtenidos por la publicación del libro que nos ocupa apenas si pudieron cubrir parte de las deudas reclamadas por sus acreedores.

    La novela, sustentada en las figuras contrapuestas de los dos personajes principales, el mencionado Reardon y su amigo Jasper Milvain, no es, ni mucho menos, la historia de la bohemia feliz. Es todo lo opuesto, la descripción despiadada de un trabajo idealizado excesivamente, en el que se debe aprender a convivir con las musas pero también con otros muchos avatares: falta de inspiración, dificultades para publicar e incluso apuros para obtener la pitanza diaria, la propia y la de la familia a cargo. Los idearios contrapuestos de Reardon y Milvain persiguen una misma meta, el éxito, y si la figura del joven Jasper, con su total carencia de principios, no resulta vomitiva en su pseudopapel de villano al uso es porque en el fondo Gissing acepta que tal vez sus tácticas sean las únicas capaces de asegurar una entrada para el Olimpo de los ganadores:

    “La literatura hoy es un negocio. Si dejamos aparte a los hombres de genio, que triunfan por mera fuerza cósmica, un hombre de letras con éxito no es sino un comerciante habilidoso. Piensa en el mercado antes que en ninguna otra cosa, y, cuando empieza a escasear una mercancía, está preparado para ofrecerle algo nuevo y apetitoso”

    “Jamás escribiré por el placer de escribir, sino sólo para ganar dinero. Todos mis planes y esfuerzos tienen el dinero como último objetivo…, todos. No permitiré que nada se interponga en mi avance material”

    De ahí que su pluma no se cebe en él y su apariencia ante el lector no sea especialmente detestable. Al contrario, como bien apunta la reseña, hasta llega a “conmover por la ingenuidad que encierra su determinación” para perseverar en el camino emprendido. Sin duda alguna, un hombre práctico cien años adelantado a la época que le tocó en suerte.

    “La nueva Grub Street” es una muestra de los contrastes permanentes que ofrece la vida: éxito y fracaso, sumisión y rebeldía, esfuerzo y desánimo. Una novela magnífica que no precisa de la intromisión continua del narrador, – caso de George Eliot – , para configurar sus personajes. Ellos mismos con sus actos, voces o gestos, nos muestran la esencia de la materia de la que están hechos, el barro idéntico que nos da forma a nosotros mismos.

    A la vista de lo mucho y bueno que ofrece posteriormente, resulta sorprendente el torpe inicio de la novela. La confusa exposición de las primeras páginas, – se llega a modificar incluso, y en varias ocasiones, el sexo de algunos personajes -, es tal que el lector, desorientado, no tiene más remedio que echar mano de papel y lápiz para tratar de poner luz al árbol genealógico de los Yule. Estos descuidos sorprendentes, pero frecuentes incluso en grandes obras maestras de la literatura, obedecen, creo yo, más que a deficiencias estilísticas a las premuras de tiempo, uno de los verdugos más implacables durante el proceso de creación. La prisa no es únicamente para ladrones y malos toreros, además de en la tauromaquia es desaconsejable en casi todos los ámbitos de la vida.

    La recreación de personajes no es, no obstante, el único logro destacable de la novela. La prosa de Gissing, a pesar de los titubeos iniciales, se muestra ágil, espontánea, colorida y dota a la novela de un ritmo narrativo perfecto, el justo para dotar de interés al conjunto de tramas que convergen en esta descarnada visión del mundo literario.

    Una gran novela, cierto. Pero una novela que, por mucho que se empeñe la contraportada del libro, en nada recuerda, y menos en los diálogos, a Henry James. La diosa Fortuna nos favorece a todos con esta falta de semejanza.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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