La señora Jenny Treibel – Theodor Fontane

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La señora Jenny Treibel - Theodor FontaneLa señora Jenny Treibel no es, probablemente, eso que comúnmente se conoce como una gran novela: no trata ningún tema trascendental de esos que desasosiegan el alma humana; pero es una novela llena de sutiles matices y en ella queda recogida la vida, con toda la riqueza de sus facetas, de la gente corriente. Porque gente corriente, con sus aspiraciones cotidianas, es la que Theodor Fontane retrata con destreza, situándola en medio de una de esas pequeñas crisis que, sin afectar al orden del mundo, sí marcan la vida de sus protagonistas.

En La señora Jenny Treibel la crisis la provoca el compromiso matrimonial entre la joven Corina Schmidt, hija de un humilde profesor, y Leopold Treibel, hijo de un acaudalado empresario. La noticia del compromiso no es bien recibida por la familia de la muchacha, ya que su padre esperaba que esta contrajera matrimonio con su primo, al que la une una gran afinidad de carácter. Pero no es aceptada en absoluto por la señora Jenny Treibel, madre del interesado, quien desea un matrimonio más ventajoso para su retoño. Lo curioso del caso es que la propia Jenny es una mujer de origen humilde y que, en su juventud, mantuvo un idilio con el padre de Corinna, al que renunció sin mayores remordimientos para casarse con el adinerado señor Treibel.

Sin duda, lo que hace más que interesante esta novela son sus personajes. Theodor Fontane, sin extenderse demasiado en descripciones o monólogos interiores, hace que sean los protagonistas quienes se definan a sí mismos por su forma de actuar y sus relaciones con el resto de personajes. También por las opiniones que unos tienen de otros y los comentarios que entre sí hacen al respecto.

Así, al comenzar la novela, la señora Jenny Treibel se nos presenta como una encantadora y, sobre todo, sensible dama. La señora Treibel parece ser profundamente sentimental y estar perpetuamente sumida en una extática contemplación poética de la realidad de su entorno. Sin embargo, su antiguo enamorado, el profesor Wilibald Schmidt, demuestra conocerla mejor. Por boca del profesor conoceremos las aspiraciones más prosaicas de Jenny y el devenir de la historia confirmará que su aparente búsqueda de lo ideal no es más que una pose que ella misma ignora mantener.

Con algunas subtramas de menor interés, el narrador —una voz irónica que salpimenta con gracia la narración— se ocupa del pequeño revuelo familiar que el compromiso matrimonial ocasiona y las diferentes formas en que los afectados actúan. Es en esa variedad de posiciones, así como en la riqueza de los personajes que las asumen, donde se despliega el talento que cautivará al lector: el novio que busca en el amor la fuerza para oponerse a los omnipresentes designios maternos; la novia que con su compromiso busca satisfacer el «deseo de vivir bien que se ha apoderado de todo el mundo»; la señora Treibel que pese a sus veleidades sentimentales es un espíritu netamente prosaico y calculador; el padre del novio, que disfruta en silencio la rebeldía juvenil de su hijo… cada actitud es una tesela que se une formando el dibujo claro de un pequeño drama que, por fortuna, tendrá un final feliz.

No hemos de pensar que la señora Treibel es un espíritu mezquino. En primer lugar, porque ella misma no es del todo consciente de la falta de coherencia de su actitud; pero también porque en esta novela no hay buenos ni malos: son sencillamente, como explicaba al principio, gente corriente.

A través de Jenny Treibel, pero también de Corinna Schmidt, Fontane reflejó lo que seguramente consideró un mal de su tiempo: la gente corriente empezaba a valorar más el dinero que el conocimiento, el amor o la bondad. Y con su deliciosa novela quiso consignar, no sin ironía, esa nefasta deriva que, a fin de cuentas, ha acabado por conducirnos a donde estamos.

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