La sexagenaria y el joven – Nora Iuga

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La sexagenaria y el joven - Nora IugaLa sexagenaria y el joven es una de las lecturas más interesantes que he hecho en los últimos tiempos. La rumana Nora Iuga compone en esta obra difícil de clasificar un texto atractivo y, en general, poco convencional tanto en lo formal como en su temática.

En esencia, La sexagenaria y el joven es un largo monólogo en el que Anna, una mujer madura, hace un repaso de su vida. Anna se cuenta  a sí misma, se describe, se analiza, se contextualiza en una especie de reclamo amoroso. Porque el monólogo es un diálogo frustrado: Anna tiene un interlocutor silencioso, un hombre joven que la escucha un día entero sin intervenir en la narración excepto con pequeños gestos, sobre todo miradas. La mujer busca seducir al joven mediante la palabra —que sabe manejar porque es poeta—, que utiliza para exponerse ante él; no sólo la que es, sino también la que ha sido.

El quid para entender la actitud de Anna es su edad. Con sesenta años desea o ama a un hombre mucho menor al que pretende atraer. Al querer mostrarle quién es ella —más allá de su figura pública como escritora, que él conoce e incluso admira— se ve abocada a contarle su vida. Pero esta acción, inevitablemente, la presenta como una mujer mayor, de larga trayectoria vital. Anna desea que el hombre olvide su edad y con su relato trata de que el hombre la vea como la mujer atractiva que en tiempos fue; al tiempo que quiere que él la comprenda en toda su magnitud, lo que la vuelve a colocar en sus sesenta años.

Por supuesto, el tema de la edad subyace a lo largo de toda la novela, sin ser verdaderamente el núcleo de la misma. Anna sabe que su atractivo físico ya no es un arma fiable para atraerse al hombre, al que ella desea físicamente. Por momentos es consciente de su aspecto, pero por lo general tiene una imagen abstracta de sí misma. O tal vez no abstracta, sino espiritual. Es por el espíritu, por su esencia al margen de un cuerpo ya envejecido, por lo que espera conquistar al hombre.

De ahí que el núcleo de la novela sea la vida de Anna, que ésta recorre desde sus tiempos de estudiante al momento presente. En su monólogo afloran su relación con la poesía, la vida literaria de la Rumanía comunista de Nicolae Ceauşescu y, especialmente, su relación con Terry, una amiga de los años de la universidad con la que mantiene una relación de amor/odio probablemente más importante como experiencia vital que su enamoramiento por el joven.

Por su parte, el hombre es sólo un contrapeso al largo monólogo de la mujer. Poco se nos explica de él: detalle de su aspecto físico, o que también es escritor. Su personaje se materializa como una mirada cuya atención Anna trata de mantener y por cuya actitud trata de inferir el impacto que su historia causa en el joven.

Nora Iuga se sirve de largos párrafos para exponer este monólogo en el que, sin embargo, intercala de forma intermitente un narrador en tercera persona que describe someramente lo que ocurre en la habitación, dando cuenta de pequeños actos que encadenan el discurso de la mujer; este narrador anota también pensamientos de Anna e interpreta las actitudes del hombre y la mujer desde una perspectiva externa al monólogo. Pero, al mismo tiempo, el monólogo se realiza a dos niveles: el de Anna para el hombre que la acompaña y el de Anna para sí misma, cuando analiza el efecto que causa en su interlocutor, cuando decide ocultarle cosas, planeando por donde ha de discurrir su relato, o cuando se interpela a sí misma sobre sus motivos para hablar, o evalúa el efecto que produce en su oyente.

Este narrar, fracturado a la par que fluido, es no sólo original, sino que además logra magistralmente empastar tres niveles narrativos: lo que sucede en la habitación donde Anna conversa, lo que sucede en el interior de la mujer y lo que ella pretende parecer a los ojos de su oyente.

En resumen, el saber hacer de Nora Iuga hace de La sexagenaria y el joven una lectura a tener en cuenta.

 

1 Comentario

  1. Solo unas palabras por compartir la misma fascinación de la sra Castro por la prosa de esta mujer madura en el más amplio sentido de la palabra,los editores tenemos nuestro corazón a pesar la frecuencia de nuestros amores literarios.Esta obra puede que pase desapercibida en un mundo atiborrado de novedades, una pena. Porque además de su bella prosa encierra un consuelo para los nuevos tiempos: más allá de la vida, la pasión por la literatura.
    un cordial saludo
    blas parra

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