La sociedad informe – Gérard Imbert

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La sociedad informe - Gérard ImbertEl título de este ensayo es, desde luego, descriptivo de lo que nos vamos a encontrar entre sus páginas. Gérard Imbert nos ofrece un retrato (en ocasiones muy poco amable) de nuestra sociedad contemporánea, tan maleable y susceptible de verse manipulada; una sociedad informe porque carece de referentes, de metas, de ideales. En un momento en el que parecemos tener necesidad de una cierta seguridad en nuestros pasos, la realidad nos ofrece un panorama bastante desolador, en el que los medios que nos sirven de conexión con el mundo (televisión, diarios, relaciones interpersonales) han reducido su función al mínimo.

Nuestra construcción de la identidad pasa por la representación que nos hacemos del mundo y de los demás; que es, precisamente, lo que Imbert considera que ha variado demasiado, imposibilitando así una construcción del yo acorde con los cambios que la modernidad ha impuesto a un ritmo frenético. La exposición de la vida privada, por ejemplo, es un cambio de paradigma considerable si tenemos en cuenta que el respeto por la intimidad era, hasta hace bien poco, un elemento de incalculable valor. De esta forma nos movemos continuamente entre contradictorias llamadas a la acción que ponen trabas a nuestra actuación debido a su inherente ambivalencia.

Ese constante “moverse entre contrarios” hace que los referentes (sociales, mediáticos, políticos…) se tambaleen y no seamos capaces de construir un paradigma digno de emulación o, al menos, digno de interés. Los ejemplos que los medios de comunicación y la publicidad fabrican no tienen características relevantes (piensen en la emisión de cualquier cadena en España y traten de recordar si hay alguna figura digna de aprecio…), no ofrecen un modelo de conducta o pensamiento que pueda servir de orientación para la formación de las nuevas generaciones. Los patrones culturales han caído en desgracia y la cultura del esfuerzo ha desaparecido en favor de una cultura lábil, de consumo rápido y de digestión simple. Todo ello, claro está, no permite la formación de conciencias claras, de pensamientos independientes y de ideas innovadoras.

La tensión que provoca la necesidad de alcanzar nuestros deseos de manera inmediata y la insatisfacción constante a la que nos aboca esta situación, hace que nuestra mente sea también un hervidero de contradicciones. Esa cualidad informe a la que alude el título se aplica también a nosotros mismos, a nuestra mente, a nuestra inteligencia: el bombardeo de contradicciones, deseos prefabricados y personalidades banales hace que nos sea muy dificultoso construir un sistema de criba ante esa avalancha de información insustancial. La categorización y clasificación de los estímulos pasa a ser un problema, por lo que quedamos expuestos a los mensajes sin un bagaje social e intelectual con el que hacerles frente.

Por lo tanto, lo que Imbert viene a decir es que ese constante juego de contrarios (público vs. privado; deseo vs. insatisfacción) nos entorpece en la relación con el mundo real, con la sociedad real que nos rodea. La dificultad para elegir, para distinguir lo esencial de lo accesorio, se ha convertido en el eje de nuestras vidas, de manera que ahora somos mucho más maleables a cualesquiera estímulos a los que nos pretendan someter. Buena prueba de ello, si me permiten la referencia, es el resultado de las elecciones municipales y autonómicas en España de hace unos días: la ausencia de certezas y la falta de información provocan unas reacciones que manifiestan nuestra total ignorancia de la realidad y del entorno.

La sociedad informe es un ensayo que contiene unas cuantas ideas interesantes que merece la pena tener en cuenta; ideas que no por redundantes dejan de ser ciertas. Prueben a asomarse a ellas.

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