La soledad del trabajador globalizado – Juan José Castillo

1
4533

La soledad del trabajador globalizado - Juan José CastilloSi tienes entre 20 y 35 años, no es necesario que leas este libro. Probablemente conozcas de primera mano la realidad que describe y, a poco que poseas un mínimo de inquietud por lo que te rodea, habrás reflexionado sobre las causas y las consecuencias que esa realidad tiene sobre toda una generación, pero también, sobre toda una sociedad.

En “La soledad del trabajador globalizado”, Juan José Castillo realiza, después de un par de capítulos introductorios dedicados a reflexionar sobre la manera en que se debe ejercer y desarrollar la sociología, un análisis somero pero contundente del adverso panorama laboral español con el que cada día se debe enfrentar el trabajador.

En los últimos años, las empresas han encontrado la manera de precarizar el trabajo hasta límites vergonzosos. Bajo el lema de “por exigencias del mercado” han deslocalizado, flexibilizado, intensificado, subcontratado y, en suma, degradado las condiciones del empleo. Al mismo tiempo, las políticas laborales de los últimos tiempos se han dirigido, solapadamente a veces, otras no tanto, a restar derechos y capacidad de negociación al trabajador. El resultado de la conjunción de esos factores podemos apreciarlo en las tasas de paro, en la calidad del empleo o en el aumento espectacular y aberrante de los índices de siniestralidad (España se sitúa a la cabeza entre los países europeos en número de accidentes laborales).

Paralelamente, se ha incorporado al mundo laboral la que probablemente sea la generación mejor preparada que ha dado este país. Jóvenes muy bien formados que se encuentran con condiciones deplorables para desarrollarse como profesionales. Así nos encontramos con que, por una parte, las empresas se sirven de estos empleados sobrecualificados a muy bajo precio, lo que es evidentemente una situación injusta; y por otra, la falta de oportunidades conduce a estos jóvenes a aceptar trabajos por debajo de su cualificación, lo que expulsa de su nicho de trabajo a trabajadores con una menor formación, que terminan engrosando las filas del paro.

La situación es entonces de absoluto desencanto: los jóvenes con mejor preparación consideran en muchos casos una pérdida de tiempo los años y el esfuerzo que invirtieron en formarse, a sabiendas de que jamás obtendrán una justa retribución y reconocimiento por su trabajo. De hecho, se aprecia entre las generaciones más nuevas una tendencia a abandonar temprano los estudios, conscientes del nulo provecho que les van a sacar. Pero, al mismo tiempo, las empresas se han acostumbrado a la abundancia de mano de obra barata y sobrecualificada, por lo que cada vez es más común que exijan titulación para puestos que no la requieren.

Pero no hay que perder de vista que las consecuencias de esta realidad van más allá de las penurias individuales. Una generación entera se encuentra imposibilitada para emprender una vida independiente: al no poder acceder a un trabajo estable, se retrasa su emancipación (imposible en muchos casos acceder a una vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler), se retrasa o elimina el momento de la paternidad y, en definitiva, se les impide que se inicien en una vida adulta digna,  a la edad en que sus padres ya estaban establecidos.

Sin embargo, ese mercado cuyas exigencias se apresuran a obedecer políticos, empresarios y agentes sociales, parece no haber tenido en cuenta que está impidiendo que la fuerza de trabajo se reproduzca, eliminando así la única manera en la que el mercado puede perpetuarse. Por un lado, nos encontraremos con próximas generaciones peor cualificadas; por otro, tendremos generaciones mermadas debido al obligado descenso de la natalidad impuesto precisamente por las exigencias del mercado.

Juan José Castillo expone cifras, apunta casos e incluso cede la palabra a jóvenes que narran en primera persona sus descorazonadoras experiencias en un entorno laboral hostil. Todo ello para acicatear a una reflexión pertinente: esa frase de “las exigencias del mercado” encierra una gran mentira, en cuanto presenta dichas exigencias como algo ineluctable. Sin embargo, todos somos conscientes de que desde el ámbito empresarial, y en connivencia con el ámbito político, se ha trabajado por crear un panorama laboral que, maximizando los beneficios, aísle al trabajador y le quite toda posibilidad de acción o negociación.

El autor cierra el libro con esa visión optimista de que otro mundo es posible, si todos los actores implicados se esfuerzan en corregir errores y emprender un nuevo camino. Pero yo, que pertenezco precisamente a esa generación condenada de por vida al trabajo basura, creo que difícilmente ocurrirá. La pregunta es ¿qué han hecho con nosotros? O quizá ¿qué nos estamos dejando hacer?

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here