Las desventuras del príncipe Sternenhoch – Ladislav Klíma

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Las desventuras del príncipe Sternenhoch - Ladislav KlímaVaya por delante que esta es una de las novelas más curiosas que ha caído en las manos de la que esto escribe en los últimos tiempos. El estilo desenfadado y humorístico de Ladislav Klíma da vida a una historia tal vez no del todo original, pero sí desde luego estrambótica y, además, profundamente satírica.

Ya la personalidad del autor resulta interesante. Ladislav Klíma fue un contestatario que rechazó las normas que la sociedad trataba de imponerle, un hombre que acabó sus días comiendo gusanos y del que Karel Čapek diría: «Comparado con Klíma, Diógenes el Perro en su barril era un propietario». Ese espíritu crítico e irreverente es el que dará forma a Las desventuras del príncipe Sternenhoch.

El príncipe Sternenhoch es el protagonista de esta historia, pero resulta un protagonista curioso: a pesar de estar muy pagado de sí mismo, se describe sin pudor como calvo, desdentado y enclenque. Además de ello, a lo largo de la novela dará muestras de ser cobarde, vengativo y falto de escrúpulos, pese a lo cual consigue hacerse muy simpático al lector. Con Sternenhoch, Klíma demuestra ya sus intenciones satíricas, pues el príncipe representa a la nobleza y a los estamentos superiores.

Las desventuras del príncipe empiezan con su matrimonio con una extraña mujer: fea, parca en palabras, anodina y sin fortuna, consigue no obstante subyugarle hasta el punto de pedirla en matrimonio. Helga es, lo que la convierte en un curioso personaje femenino, justo lo contrario que uno espera de una heroína de novela. Pero poco a poco Helga pasa a ser Daemona y se va convirtiendo en un ser extraño, indómito y casi satánico, lo que empujará a su esposo a tomar medidas drásticas.

Pero a continuación, la conciencia no dará tregua al buen príncipe, arrastrándole a un estado alucinado en el que le resultará difícil distinguir locura y razón. De hecho, al lector tampoco le resultará sencillo saber si las visiones que atormentan a Sternenhoch son reales o meras alucinaciones.

Sin perder su causticidad, Klíma nos va adentrando en un universo onírico, mefistofélico, lleno de imágenes inquietantes que describen las torturas del infierno, donde la trama se convierte en un delirio con un final apoteósico; final perfecto que desvelará la verdad al lector, siendo a la vez magnánimo con el protagonista quien a pesar de todo alcanzará una suerte de catarsis. Pero  junto con este vesánico discurrir de la trama, el autor intercala escenas llenas de hilaridad —Klíma se atreve a presentar al káiser Guillermo como un despótico chiflado y pésimo poeta—, con las que elabora una burla risueña de los poderosos: emperadores, militares, empresarios y nobles.

Las desventuras del príncipe Sternenhoch es por tanto una novela atípica, divertida, sobre la que llamo la atención de aquellos lectores a los que les apetezca leer algo que se sale un tanto de los caminos a veces un tanto trillados de la literatura.

2 Comentarios

  1. Decir que algo diferente a la curiosidad ha sido lo que me ha llevado hasta “Las desventuras del príncipe Sternenhoch” sería falso. Mi primera reacción a la lectura de la reseña hace ya algún tiempo fue de asombro, un asombro que se hizo extensivo no sólo a la obra comentada sino también a la propia figura de Ladislav Klíma, su autor. Indagando más sobre él, descubrí que lo allí apuntado no era nada más que la punta de un enorme iceberg, el de su compleja personalidad: alumno brillante en la primera juventud, a los diecisiete años fue expulsado del “gimnasio”, y de todas las escuelas de Austria, por insultar al Estado, la Iglesia y los Habsburgo; individualista extremo, – su novela destila, precisamente, algo de esta radicalidad: “Soy. Y no algo, sino todo”, “Nada existe fuera del Yo” o “El ser humano ha de ser Dios, lo que resta de la humanidad no es más que mierda” -, llegó hasta a afirmar que “el mundo no es nada, solo una mera ficción”,… Pero más allá de su pensamiento filosófico o de sus extravagantes gustos gastronómicos, hubo una cosa que caló profundamente en mí, algo que es muy difícil de hallar, – el ser humano lo procura desterrar, amontonándolo con los trastos inservibles -, me refiero, llámese como quiera, a los principios, a la honestidad, a la fidelidad a un ideario. Hoy, no son nada más que lastres, no dan dinero, no ayudan a comer, aunque nuestros abuelos se empeñaran antaño en que eran tan imprescindibles como el mismo respirar; Klíma, en cambio, vivió, o mejor podríamos decir malvivió, apegado a ellos: renunció a cualquier tipo de educación convencional, rehuyó trabajos estables, se mantuvo ajeno al mundo que negaba,… Sus peripecias habrían encajado en cualquier novela de Robert Walser, era el prototipo perfecto del personaje “walseriano”.

    Y de una personalidad como la del autor checo no podía surgir sino un libro como “Las desventuras del príncipe Sternenhoch”. Después de leerlo, y dejando aparte todos los calificativos que quieran otorgársele, – por muy exagerados que sean ninguno le hará suficiente justicia -, no sé si catalogarlo como los desvaríos de un orate o los destellos de una mente lúcida, ambas cosas coexisten a lo largo de la historia de Hellmut Sternenhoch y Helga – Daemona.

    El espíritu guasón que acompaña toda la novela ya asoma al inicio del prefacio: “…Por otra parte, nos hemos permitido numerosas licencias. Ante todo, hemos intelectualizado en gran medida a nuestro paladín. Ha resultado imprescindible. Su Alteza Serenísima andaba bastante a la greña con la pluma…”. De todas maneras al paladín, o a su Alteza Serenísima según el gusto, no hay licencia alguna que le posibilite cualquier clase de redención, es el personaje más cobarde, mísero, ruin y traicionero que la literatura haya albergado jamás en su seno. Y a pesar de ello, el lector no puede dejar de sentir una desmedida simpatía por el tipejo en cuestión.

    La obra de Klíma, mezcla de novela gótico – satírica, rezuma, por otra parte, un pesimismo y una mala baba atroz, – su crítica contra el poder en el relato del encuentro del protagonista con el káiser Guillermo II, “Willy” para los amigos, es caustico y soez a partes iguales -, pero reúne también principios filosóficos que, aunque puedan aturullar algo a los neófitos en estos temas, – entre ellos, por desgracia, me incluyo yo -, no dejan de ser interesantes para comprender la forma de pensar del autor checo. Y es que si el príncipe Sternenhoch recalca la irrealidad del mundo exterior y la importancia del Yo, Daemona muestra, en infinidad de ocasiones, la única fuerza y ley que todo lo puede: la Voluntad del ser humano. Gracias a ella consigue escapar, precisamente, del Averno y de sus atroces torturas.

    Son las andanzas de este príncipe tan particular una novela disparatada y divertida a partes iguales, distinta a todo, con la que podemos pasar unas buenas horas de lectura. Sin conocer la particular idiosincrasia de su autor más de uno diría que ha sido escrita por un trastornado, pero no olvidemos que sólo los niños, los borrachos y los locos dicen siempre la verdad.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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