Las enseñanzas de Don B. – Donald Barthelme

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Las enseñanzas de Don B. - Donald BarthelmeEs difícil aunar un estilo original e inédito con una visión aguda de las cosas; lo normal, de hecho, es que los autores que mejor retratan la sociedad de su época sean también los que utilizan una narrativa de carácter más sencillo, más directo, con el objetivo de centrar nuestra atención en el qué en lugar del cómo. Sin embargo, tenemos ilustres ejemplos de autores que han sabido cultivar un estilo pleno de idiosincrasia sin renunciar a la crítica social, a la mirada profunda y a la reflexión intensa. Es el caso de Donald Barthelme, uno de los representantes más conocidos del postmodernismo estadounidense, cuyos relatos ofrecen al lector la posibilidad de adentrarse en un universo tan propio como original, al tiempo que diseccionan con humor y sagacidad algunas características de la sociedad de su tiempo (aunque casi todas sigan vigentes hogaño).

Los cuentos de Barthelme son siempre, eso sí, una fuente segura de sorpresas. Su estilo, caótico, proteico e irónico, envuelve al lector a base de unos narradores sorprendentes, unos diálogos surrealistas, unos personajes disparatados y unas situaciones delirantes. Es difícil, en ocasiones, encontrar un hilo conductor en esos textos plagados de locura; no obstante, tras la fachada disparatada se esconde una visión certera y sagaz acerca de algo que nos pasa desapercibido. A veces la metáfora es evidente, como en el caso de “Las selectas sopas caseras de Donald Barthelme” o “La niña”, relatos en los cuales el objeto de estudio salta a la vista; en otros, por el contrario, el tema a tratar queda en un obvio segundo plano, oscurecido por una prosa rampante e imaginativa, como ocurre en “La esmeralda”, “En boca cerrada” o “El dragón”.

El resultado, en todo caso, es que el lector puede disfrutar de lo que se lo cuenta y de cómo se le cuenta. Esto, que a priori puede parece una frivolidad, no lo es tanto si tenemos en cuenta que los cuentos de Donald Barthelme se caracterizan por una experimentación arriesgada (máxime si consideramos que se empezaron a publicar a mediados del siglo XX) y una concepción del estilo que se aleja de cualquier convencionalismo; en otras palabras: la escritura del autor estadounidense requiere de un esfuerzo consciente por parte del lector.
Por este motivo, encontrarse con un estilo que no se convierte en el epicentro del texto, sino que sirve como apoyo a una reflexión acerca del tema que se trata, es toda una garantía de calidad. Barthelme proporciona momentos hilarantes y esplendorosos (lean, por favor, “El globo”, Informe”, “The Sandman” o “Muchos han subrayado”, y deléitense), pero sobre todo nos invita a pensar con una prosa elegante, irónica, alocada, colorista, anómala y florida.

La imaginación que desbordan estos cuentos o los personajes desopilantes que los protagonizan no son meros artificios narrativos gratuitos: son elementos que sirven al autor para ilustrar una mirada muy crítica sobre aspectos tan importantes como la industria militar, las relaciones personales, las tradiciones o la obsesión por la seguridad. Temas, como ven, que hoy día nos siguen preocupando: algunos por su persistencia en el tiempo y otro por su carácter universal. La maestría de Barthelme se pone de manifiesto en estos detalles, que hacen que cada relato valga la pena como obra única que nos acerca un poco a ese conocimiento íntimo de nosotros mismos que, por curioso que parezca, no solemos tener. Las enseñanzas de Don B. nos brinda la oportunidad de leer una variopinta selección de esta narrador sin par.

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