Las guerras del agua – Vandana Shiva

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Las guerras del agua - Vandana ShivaHace tiempo leí una frase que me impactó por la gran verdad que encierra. No sé si fue en Algo nuevo bajo el sol o en Gente que no quiere viajar a Marte, o tal vez en ninguno de los dos. Lo que la frase venía a decir era que la sociedad actual (al menos como la concebimos en Occidente, y nos empecinamos como asnos en expandir al resto del globo), está basada en dos recursos escasos: el petróleo y el agua.

El petróleo, como todos hemos aprendido en el colegio, es un recurso natural no renovable. Es decir, la cantidad del mismo en el planeta es finita. Y por cierto que su final no anda muy lejano.
Por el contrario, aunque la cantidad de agua existente en el planeta también es limitada (recordad por ejemplo que sólo un 1% del agua del planeta es dulce), se renueva continuamente gracias al ciclo del agua, que también todos aprendimos en el cole.

Lo que Vandana Shiva nos cuenta en este libro es que el uso incorrecto y el abuso flagrante que del agua se viene haciendo desde principios del pasado siglo, en combinación con algunos otros atentados medioambientales causados por la industria principalmente, han alterado de tal manera los ciclos hidrológicos que ese bien imprescindible que viene a ser el agua, ya no es segura para muchos. Esos muchos, como siempre, son los más desfavorecidos.

A esta situación se une otra no menos grave, esto es, la reciente tendencia a la privatización del agua. Entiéndase esto como la privatización de las compañías encargadas de su conservación y distribución, lo que en numerosos lugares ha dado lugar a un incremento de los precios, así como a una importante pérdida de calidad.

El agua está comenzando a ser denominada ‘oro azul’ y numerosas compañías transnacionales están tomando posiciones en un mercado que se prevé terriblemente lucrativo. Así se expresa un representante de la firma Monsanto sobre la posibilidad de obtener pingües beneficios gracias a la escasez de agua:

Creemos que las discontinuidades (bien sea cambios de política importantes o rupturas de tendencia sustanciales en lo que se refiere a calidad o cantidad de los recursos) son altamente probables, en particular en el sector del agua, y estos negocios nos situarán en una posición inmejorable para aumentar las ganancias de forma significativa, cuando estas discontinuidades ocurran.

El Banco Mundial y la OMC son algunas de las instituciones mundiales que avalan y promueven las intenciones de estas compañías para convertir el agua en una mercancía con la que traficar.

La puesta en regadío de tierras de secano mediante trasvases poco sostenibles, el desprecio en agricultura de las especies autóctonas adaptadas a la falta de agua (con la pérdida de diversidad que ello supone) durante la Revolución Verde, que pretendiendo paliar el hambre en el mundo, consiguió de un modo efectivo incrementarla, al no tener en cuenta en sus planes la realidad medioambiental de las zonas que pretendía modificar, o la construcción de embalses sin tener en cuenta los costes sociales y medioambientales que generan, son otros de los temas que toca la autora.

La solución que promueve Vandana Shiva, y que por fortuna parece que muchas comunidades están luchando por seguir, es la del respeto por las culturas del agua tradicionales de las distintas comarcas. Éstas han adaptado durante siglos sus necesidades (y las de sus campos, plantas y animales) a los recursos hídricos disponibles en la zona, administrándolos con sabiduría y justicia. La injerencia por parte de empresas ajenas (incluso del mismo Estado, en muchos casos) ha demostrado ya sobradamente su ineficacia.

Tal vez todo lo relatado os resulte ajeno. Pero no lo es, en absoluto. Las consecuencias de la sequía en este país las vivimos todos en mayor o menor medida, y todos conocemos el uso erróneo de numerosos recursos hídricos. Pensad lo que supondría para vuestras economías una subida en el recibo del agua del 200%, como ha sucedido en algunos países a consecuencia de la privatización de las compañías de aguas nacionales.
Por tanto, es necesario saber y, además, actuar en consecuencia de lo que sabemos.

9 Comentarios

  1. Saludos, Bibliotekom, siempre es un placer tenerte por aquí. Cierto que todos queremos las comodidades que trae el progreso pero ¿a qué precio?. Muchas de las comunidades que menciono en la entrada se encuentran en comarcas donde los estados han promovido usos del agua insostenibles, lo que ha venido a agravar sus males: más sequía, más hambre, menos terrenos cultivables y demás. Y muchas de ellas, después de duras revueltas, han logrado volver a ejercer sus derechos como administradores del agua, encontrándose de nuevo en situaciones de prosperidad. Con prosperidad entiendo poder comer, beber y regar sus campos.
    Harina de otro costal es la de los ‘países desarrollados’. Pero eso es porque somos unos asnos y nos negamos a pensar en términos de sostenibilidad.

  2. Mientras no se detenga la presión demográfica creciente, hablar de —- del respeto por las culturas del agua tradicionales de las distintas comarcas. Éstas han adaptado durante siglos sus necesidades (y las de sus campos, plantas y animales) a los recursos hídricos disponibles en la zona, administrándolos con sabiduría y justicia.—- me suena al Pais de Oz de Greenpeace, hay que cuidar el medioambiente de acuerdo, pero somos demasiados y el modo de vida demanda comodidades por tanto agua y energía y eso es un hecho.

  3. Me gustan mucho los ensayos, suelo leer muchos. Este es, además de absolutamente actual, necesario.Es curioso como tiende el hombre a crear escaseces para enriquecerse. Cuando podemos encontrar soluciones más viables, solo salen a la palestra las ideas que proporcionen a unos cuantos riquezas increibles, como ya ocurrió con el petroleo. El augua será la nueva fuente de guerras?.

  4. Yo, como Barbarie, soy absolutamente pesimista. Sí, todos somos buenos, pero eso no impide qe el mundo vaya francamente mal. Y me refiero únicamente a cuestiones de orden medioambiental, que lo demás es harina de otro costal.
    Y por los comentarios a esta entrada veo con tristeza que la gente vive muy confiada en que al final todo se arreglará. Pues señores, para que se arregle hemos de ser cada uno de nosotros los que nos pongamos manos a la obra. Parece que esperamos una intervención deus ex machina que arreglará lo que nosotros con alegre despreocupación nos esforzamos día a día en dañar.
    Así que la actitud de ‘todo se arreglará’ me parece francamente irresponsable. Lo que hay que pensar es ‘¿qué puedo hacer yo para empezar a mejorar las cosas desde ya?’.
    Si no tomamos todos esa actitud, se irá todo al carajo, por muy buenas personas que seamos.

  5. Pues yo tampoco soy tan extremista como Barbarie, seguro que otras generaciones anteriores ya habían pensado eso de estar en las últimas, y mira, aquí seguimos…

    El ser humano es autodestructivo deliberada o indeliberadamente, pero también posee cualidades y aptitudes maravillosas. Una mirada a nuestro alrededor puede desmoralizarnos o, por qué no, emocionarnos y satisfacernos.

    Quizá soy un poco optimista, pero confío en la humanidad y en su poder para salvarse a sí misma.
    (Ya sé que hay mucho por hacer, pero un poco de ánimo no viene mal…)

  6. …Barbarie tiene un punto de vista algo pesimista (si no no sería Barbarie ;), yo prefiero pensar en procesos dinámicos, en transformaciones… La humanidad hasta el momento se ha ido transformando… Y no dejará de hacerlo. Está claro que el “oro azul” será clave.

    …¿Donde habrán estudiado Eufemística los ejecutivos de Monsanto? Tratamos con ellos hace unos años durante un rodaje sobre transgénicos, y la verdad es que son tétricos… Y ese hablar que tienen, lo usan como código básico de comunicación… es desesperante. Dan unas ganas terribles de “discontinuarlos” Y además el nombre: Monsanto… Es que…

    Saludos Solo

  7. Hace un tiempo escuchaba una hipótesis absolutamente de ciencia a ficción que me llamaba la atención profundamente. Argumentaba “no-me-acuerdo-quién” que es probable que jamás tengamos contacto con otra civilización inteligente, el motivo, sencillo, llegados a un cierto nivel de desarrollo toda civilización tiende a destruirse a sí misma. Ciertamente creo que nuestra civilización está en las últimas, en cierta manera, individualmente nos puede la pulsión de vida, en conjunto nos guía una tendencia a la muerte y a la destrucción. Creo que la sociedad, o mejor, el ente abstracto de la “masa” tiende a destruirse a sí misma. En cierta manera, si observamos detenidamente, es un empeño, este de destruir, que nos acompaña desde nuestra bajada de los árboles.

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