Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull – Enrique Jardiel Poncela

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Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull - Enrique Jardiel PoncelaToda ocasión es buena para leer a Enrique Jardiel Poncela. Y lo cierto es que la reedición de sus obras, hecho que siempre ayuda a que el autor llegue a aquellos que tal vez no lo conocían, siempre es un motivo de alegría para los que le consideramos una figura única dentro de la literatura española.

Después de una etapa en la que su obra permaneció prácticamente olvidada, en los últimos años se ha visto revalorizada y ha pasado a ocupar un lugar relevante dentro del panorama literario nacional.

Escritor innovador, genial humorista, sus obras destilan ese humor absurdo que en el fondo no es sino el fruto de la observación detenida de la realidad cotidiana, una vez pasada por el tamiz del desencanto y la mordacidad. Una visión ácida del que ha perdido la fe en la humanidad, pero se enfrenta al mundo con desenfado. Una concepción de la realidad tremendamente actual, a pesar de los años transcurridos.
Este breve relato que ahora publica Rey Lear, y que lleva el subtítulo de “Novísimas aventuras de Sherlock Holmes” se había recogido en algunas misceláneas del autor como “El libro del convaleciente” (1930) o “Exceso de equipaje” (1943), si bien primero fue publicado por capítulos y con ligeras variaciones en una revista de humor en 1928.

En “Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull”, Jardiel Poncela hace un guiño a la novela detectivesca, tan en boga en su época, y toma prestado al archiconocido personaje de Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes. El propio Jardiel hará las veces de Watson y se pondrá al servicio del famoso investigador para solucionar los misteriosos crímenes que en un apartado castillo de Escocia se vienen sucediendo.

El humor descabellado de Jardiel Poncela construye una genial parodia de las novelas de detectives al uso, donde los asesinatos se suceden sin que se pueda dar con el asesino ni comprender sus razones. El sagaz Sherlock pone en juego toda su capacidad de deducción, pero la fantasía delirante del autor le pone en un aprieto cuando todas sus suposiciones e hipótesis van rodando por tierra una tras otra. Cada vez que el detective señala a un asesino y explica las razones que motivaron el crimen, el presunto asesino aparece muerto y la historia vuelve a comenzar.

Ya la primera entrevista de Sherlock Holmes con el señor Molkestone, quien viene a hablarle de la serie de asesinatos que se están perpetrando en el castillo de Hull, la serie de preguntas que le plantea y las conclusiones peregrinas que de sus respuestas saca, sirve como abreboca del divertido disparate que nos espera. Sin olvidar el divertido primer encuentro entre el mítico Holmes y Jardiel/Watson.

Siguiendo un ritmo trepidante, el lector asiste a una cadena de asesinatos, relatados con la brillantez y la mordacidad que caracterizan al autor, hasta que sólo quedan con vida de los habitantes del castillo: una nueva víctima señalará sin lugar a dudas quién es el homicida. Pero, como es de esperar, el genial Jardiel finaliza la historia con una vuelta de tuerca cómica y sorprendente. Un guiño, un quiebro, una carcajada del que está acostumbrado a caricaturizar cono norma.

Una excelente ocasión para encontrarse de nuevo con Jardiel.

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2 Comentarios

  1. A mi me ha pasado algo similar. Hace poco releí estos cuentos, tras releer bastante a Conan Doyle, y no me dejaron la misma sensación que de adolescente. Sin embargo, si me ha entusiasmado releer a Holmes, curiosamente.

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