Los amores de Sylvia – Elizabeth Gaskell

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Elizabeth Gaskell está siendo reivindicada como una de las más relevantes narradoras de la época victoriana, y en obras tan exquisitas como Los amores de Sylvia encontramos la razón. Porque sobre la historia, más o menos trivial, de los amores de la protagonista, Gaskell levanta una novela de costumbres y, sobre todo, retrata la dolorosa llegada a la madurez de una joven, con un pulso narrativo excepcional.

Sylvia Robson es una hermosísima muchacha cortejada por dos hombres. Su primo, Philip Hepburn, un apocado comerciante; y Charley Kinraid, un apuesto arponero, se disputan su blanca mano. Como no podía ser de otra manera, Sylvia está profundamente enamorada de Kinraid, pero por diversas vicisitudes que suponen el quid de la trama, acaba contrayendo matrimonio con su primo.

Pero además, como trasfondo a una turbulenta historia de amor y desengaño, nos encontramos con las levas forzosas de hombres que el Gobierno Británico llevaba a cabo durante las Guerras Napoleónicas, y los trastornos sociales que esto ocasionaba. En ese sentido, hay que señalar el cuidado que la autora pone como historiadora a la hora de explicar los detalles de una época —finales del siglo XVIII—ya lejana  para sus lectores de casi un siglo después. Elizabeth Gaskell deja constancia de formas de vida que, décadas después, eran ya raras o extintas. Y su talento como cronista debe ser especialmente tenido en cuenta dado el mimo con que describe en Los amores de Sylvia la vida de los campesinos, de los comerciantes, de los armadores de barcos o los balleneros.

Ese talento resplandece precisamente por su capacidad para retratar personajes con una hondura singular. No solamente Sylvia y el resto de protagonistas de esta historia, sino en general cualquiera de los personajes que cruzan por estas páginas se caracteriza por su viveza, por la manera en que pueden ser percibidos por el lector como personas que podrían ser reales. A ello contribuye la riqueza de los diálogos, pero también la voz del narrador omnisciente que deja constancia de esas pequeñas dudas, equivocaciones, pensamientos nobles o mezquindades que son intrínsecas a la naturaleza humana y que, en el fondo, son las que construyen las historias.

Precisamente la humanidad es el rasgo que vemos aparecer poco a poco en Sylvia. Si al principio es poco más que una cara bonita, algo ñoña y sin mucha cabeza, los desengaños amorosos, la trágica pérdida de su padre y su propia maternidad van moldeando su carácter antes nuestros ojos. Sylvia es un personaje trazado con buen criterio, casi se diría que con cariño, y eso la hace tomar cada vez más cuerpo en el devenir de la historia. Y será la sensibilidad con que esa transformación se muestra en la narración, así como su valor como cuadro de costumbres, lo que hace de esta novela una lectura muy a tener en cuenta.

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2 Comentarios

  1. Me encanta la época victoriana, y Elizabeth Gaskell; de ella he leído «Hijas y esposas», «Norte y Sur», «La vida de Charlotte Brontë», y «Cranford»; esta última creo que dos o tres veces… encantadora!! Pero «Los amores de Silvia» no lo leí; seguro que lo haré. Gracias por la reseña.
    Un beso,

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