Los inmigrados – Lojze Kovačič

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Los inmigrados - Lojze KovačičAntes de la Segunda Guerra Mundial, Suiza (la neutral) expulsó de su territorio a todos los extranjeros. Lojze Kovačič parte de ese acontecimiento para contar una historia marcadamente autobiográfica del retorno a Eslovenia de una familia desalojada de Basilea, narrando los hechos a través de la voz de Alojz, un niño de diez años.

La expulsión queda sin embargo como un telón de fondo en la imaginación del niño Alojz, convirtiéndose en una puerta que cruza con naturalidad para enfrentarse lleno de expectativas a la nueva vida que el exilio les ofrece. La familia se instala en primer lugar en la baja Carniola, una zona rural eslovena por la el pequeño Alojz queda enseguida deslumbrado, maravillado ante la hermosura de los parajes que serán desde entonces testigos de sus correrías.

Ese sentimiento exaltado hacia todo paisaje natural será una constante en el carácter de nuestro joven protagonista, que se siente recorrido por una especie de vibración extraña ante un árbol, un río, un prado, el olor de la tierra. Incluso cuando la familia se ve obligada a instalarse en Liubliana, debido a las actitudes hostiles de la familia paterna que les acogió en principio, y en un intento de escapar de la pobreza que les acosa. Y es que la vida de los inmigrados no es fácil. Sin ningún tipo de fortuna, obligados a vivir de los exiguos ingresos que obtienen el padre y la hermana, se verán además dados de lado por una sociedad que los mira con recelo por su habla alemana debido al auge del nazismo.

Pero con ser el hilo conductor de la novela, la dureza del exilio no es la principal historia de «Los inmigrados». La verdadera historia es, por el contrario, las experiencias de un niño de diez años de sorprendente sensibilidad y gran imaginación, que deja constancia del mundo que le ha tocado vivir dándonos una visión tremendamente original del mismo. Esa visión fresca, alejada de tópicos manidos que sólo un niño puede tener (por más que esto resulte a su vez un tópico manido). Porque Alojz lo asume todo sin juzgar, por lo general sin comprender, y lucha por adaptarse a lo que le ofrece su vida presente sin volver la vista atrás, como con frecuencia hacen los adultos.

La prosa originalísima de Lojze Kovačič, caracterizada por el uso de metáforas y comparaciones sorprendentes y poco habituales, contribuyen a reforzar la idea de novedad que el mundo tiene para el pequeño Alojz. Sus asociaciones errabundas de ideas, que en ocasiones se tornan algo desquiciadas, afirman en el lector la sensación de asistir a la formación de un carácter peculiar a la vez que le hacen disfrutar de una narración chispeante y vivaz, a la que merece mucho la pena entregarse.

Así, el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial y las penurias del exilio sirven de marco para lo que en realidad no es sino una novela de aprendizaje, en la que el joven Alojz desovilla el embrollado hilo de los últimos días de la infancia que desembocan en la tempestuosa adolescencia. La inseguridad de un hogar expuesto al hambre y a la miseria, donde los adultos exigen del pequeño una madurez que no puede tener; la lucha por sobrevivir en el entorno hostil de la escuela, donde apenas se puede desenvolver puesto que no habla correctamente el idioma; las mil historias de amistad y enemistad que se forjan en las calles de Liubliana entre los niños desarrapados, el desbocado despertar sexual… son las vivencias a las que Alojz se enfrenta con firmeza, sin consejo, creciendo cada día ante los ojos del lector desde que le encontramos con diez años en un tren rumbo a Eslovenia, hasta que le dejamos con doce, cuando las primeras bombas comienzan a caer sobre Liubliana.

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