Los osos – Vsévolod Garshin

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Los osos - Vsévolod GarshinVsévolod Garshin tuvo una vida breve pero atribulada. Antes de suicidarse a la edad de treinta y tres años, tuvo tiempo de participar en la guerra ruso-turca, donde resultó herido, y de permanecer recluido durante dos años en un sanatorio a consecuencia de una manía depresiva. Pero, sobre todo, tuvo tiempo de escribir una interesante colección de relatos en la estela de los mejores cuentistas rusos.

Con un estilo honesto pero realmente luminoso, relató historias sencillas sobre gentes sencillas, así como también algunas fábulas y cuentos de intención moralizadora, pero de gran hermosura. La obra literaria de Garshin, compuesta íntegramente por relatos cortos, es poco extensa, pero merece ser tenida en consideración ya que en ella pervive la frescura original de la mejor literatura.

En Los osos se reúnen seis de esos relatos. De alguna manera, todos ellos son un brillante atisbo de la Rusia campesina, de la estepa y de los hombres que vivían en ella. Especialmente lo es el relato que da título al volumen: en un villorrio en la estepa se reúnen centenares de familias gitanas para cumplir la orden de las autoridades de acabar con la vida de los osos amaestrados con los que se ganan la vida. Por debajo del drama de las familias que tienen que sacrificar al que consideran un miembro más —condensado en el conmovedor parlamento de un patriarca donde brillan el amor y la piedad—, palpita un vislumbre de una forma de vida condenada a la extinción. No solo la vida libre de los gitanos que recorrían la estepa, sino también las antiguas creencias de los campesinos rusos (como que tumbarse debajo de un oso curaba las enfermedades) y sus sencillas formas de entretenimiento. El cuento tiene además su pizca de crítica social: al quitarle a los gitanos su medio de subsistencia se les empujaba a la delincuencia o a la mendicidad.

También las largas marchas de los soldados protagonistas de “De las memorias del soldado Ivanov” transcurren a lo largo de la estepa, mientras se dirigen a luchar contra los turcos. Garshin escribió varios relatos basados en sus experiencias en la guerra; pero aunque trasciende la épica colectiva para descender al individuo, el presente relato no deja de ofrecer una visión halagüeña de la vida castrense. Pese a que refleja la ignorancia de los soldados o la brutalidad de algunos mandos, “De las memorias del soldado Ivanov” pone cierto énfasis en el orgullo que supone morir por la patria y el emperador.

Por su parte, “La leyenda del orgulloso Aggueie” pertenece a esos cuentos de intención moralizadora que señalábamos. Es la historia de un hombre poderoso pero cruel que, por intervención divina, pierde todos sus privilegios y es obligado a vivir entre los humildes. Tal vez el rasgo original que Garshin imprime a una historia muy común es el hecho de que el protagonista  cuando ya ha aprendido la lección y puede regresar a su antigua vida, comprende que su felicidad radica, precisamente, en servir a los menos afortunados.

¿Por qué será que las historias sencillas, contadas con sencillez, son siempre una lectura placentera?

1 Comentario

  1. En mayo del 2011, Jordi Corominas publicaba en RdL, edición cultural del periódico “La Vanguardia”, una reseña de un libro, “La flor roja” de Vsévolod Garshín. La leí y quedé impresionado básicamente por la fotografía que acompañaba sus comentarios, era la del autor, un joven despeinado, de poblada barba negra, que mostraba una mirada extraña, repleta de ausencia, desamparo y tristeza. Adquirí el libro de Nevski Prospects, y así me acerqué, por primera vez, a la obra de un escritor hasta entonces desconocido, Vsévolod Garshín.
    El libro, un corto relato autobiográfico sobre la locura, dedicado a la memoria de Turguénev, me recordó por su formato, no por su contenido, a los tiernos cuentos de infancia, a aquellos hermosos libritos que alternaban a partes iguales letra y dibujos. La historia es sencilla, el internamiento en un manicomio de un enfermo obsesionado por extirpar el mal del mundo, representado allí por tres matas de amapolas, y las ilustraciones de Sara Morante, exclusivamente en rojo y negro, fabulosas.
    El libro, siendo simple, engancha, por ello me animé a adquirir otra obra del mismo autor, la hoy reseñada por la Sra. Castro. Cuando la lista de pendientes le dé una oportunidad, me acercaré de nuevo, como siempre, para dar mi opinión sobre ella.
    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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