LQR. La propaganda de cada día – Eric Hazan

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LQR. La propaganda de cada día - Eric HazanEn 1947 el profesor judío Victor Klemperer publico LTI – Notizbuch eines Philologen, donde LTI hacía referencia a Lingua Tertii Imperi, la lengua del Tercer Reich, o cómo usaban los nazis el lenguaje para promover un sentimiento antisemita generalizado. Eric Hazan toma el relevo de Klemperer y propone un estudio del lenguaje del neoliberalismo, de ese capitalismo global que trata también de promover un pensamiento único.

En este caso LQR se refiere a Lingua Quintae Republicae, la lengua de la V República Francesa, ya que Hazan se centra en el estudio del lenguaje usado por políticos, intelectuales y medios de comunicación franceses. Sin embargo, cualquier lector occidental puede reconocer las expresiones, circunloquios, neologismos y eufemismos que a diario se oyen en los medios de comunicación, ya sea en Francia, en España o en Estados Unidos. LQR. La propaganda de cada día no pretende ser un estudio filológico, sino que su autor se ha limitado a clasificar palabras, giros y expresiones de uso común en función de su uso en la propaganda mediática, política y económica actual.

Eric Hazan defiende que la LQR evoluciona bajo una especia de “darwinismo semántico” por el que las palabras más eficaces van tomando el lugar de aquellos enunciados que lo son menos. Su objetivo es asegurar la apatía, conseguir que el orden neoliberal no sea amenazado, haciendo inaudible cualquier conflicto, ocultando y haciendo desaparecer cualquier realidad o pensamiento ajeno a sus intereses. Para Hazan

La LQR no es obra de una decisión tomada en las altas esferas, ni tampoco el resultado de un complot. Es, al mismo tiempo, emanación e instrumento del neoliberalismo. Con mayor precisión, deriva de la influencia, creciente desde 1960, de dos grupos hoy omnipresentes entre «los responsables» de la constelación liberal: los economistas y los publicistas.

Su objetivo es el consenso, la anestesia, no la confrontación, y para ello se sirve del eufemismo. “Reforma” oculta un vació que consagra la distancia entre lo que supuestamente es bueno para el pueblo y lo que éste desea. “Crisis” se refiere a un periodo grave pero limitado en el tiempo, por lo que el uso de esta palabra pretende escamotear el carácter crónico (que no cíclico) de la precaria situación en que vivimos.

La LQR, argumenta Hazan, busca suprimir la división, fomentar la idea de una falsa igualdad que justifique que todos pensemos igual y defendamos los mismos intereses —que creemos nuestros aunque no lo sean—. Por lo mismo, el lenguaje del consenso político-intelectual nos engaña haciéndonos creer que la oligarquía nos escucha: por ello los plutócratas y sus representantes aparentan en su discurso cercanía, atención, proximidad.

LQR. La propaganda de cada día resulta un libro no ya interesante, sino imprescindible. Salpicado de ejemplos, hace sencillo al lector comprender los postulados que defiende Eric Hazan. Ello a pesar de que el estallido de la crisis y el nuevo culto a los mercados (el libro es de 2006) han dado ocasión para que muchos se quiten la máscara y empiecen a llamar a las cosas por su nombre, seguros de que —aunque sea mediante la fuerza— lograrán imponerse.

A pesar de ello, debemos recordar la frase de Klemperer que el autor cita: “El lenguaje del vencedor… no se habla impunemente. Ese lenguaje se respira y se vive según él”.

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