«Muchas de nuestras novedades venden más que otras de editoriales supuestamente más potentes»

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Empezaremos por el principio: ¿cuándo te hiciste editor? ¿Cuáles dirías que son tus orígenes dentro del mundillo editorial?

Comencé mi labor como editor en el verano del año 2000, en una pequeña editorial madrileña, Ópera Prima, especializada en narrativa y poesía españolas, en la que desempeñé el puesto de editor adjunto durante cerca de dos años, publicando a autores como Marcelo Cohen o Beatriz Preciado. Posteriormente, y tras trabajar durante otro par de años en la editorial Odisea, también de Madrid, como editor adjunto y responsable de la exquisita colección “Uranistas” (que incluía textos de autores de la talla de Jean Genet o André Gide), en abril de 2004 fundé junto a otro socio la Editorial Funambulista, en la que desempeñé el puesto de editor y responsable del lanzamiento y crecimiento de la marca y el catálogo en España, así como del diseño editorial y de la selección de parte del catálogo. Fue en mayo de 2007 cuando por diversas razones decidí abandonar Funambulista para fundar mi propio sello, Impedimenta, que pronto cumplirá sus primeros dos años de andadura, y que en este tiempo se ha ganado (afortunadamente) el respeto de los lectores, los libreros y el sector en general, con el Premi Llibreter, el premio de los libreros de Cataluña al mejor libro del año (por «Botchan», de Natsume Soseki), y la concesión (compartida con los editores del Grupo Contexto) del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial 2008, sin duda el más prestigioso de entre los premios concedidos a editoriales en España.

¿Cómo surgió la idea del sello Impedimenta?

Desde hace años, mientras desempeñaba mi labor de editor en otros sellos, venía siendo consciente de que en el mercado español existía un importante hueco todavía por terminar de cubrir: el de aquellas obras fundamentales de nuestro canon literario, clásicos modernos, muy al estilo de los míticos Modern Classics de Penguin, que podrían constituir una especie de “fondo de armario literario”. Existían algunas editoriales que afrontaban desde una filosofía muy exigente la publicación de clásicos (quizás con una inconfesada vocación minoritaria), y otras que se especializaban en textos más modernos, con buenas traducciones, pero con un concepto editorial muy disperso, y a la vez estéticamente desiguales. Otras, como Alba, Pre-Textos, y las inevitables Tusquets, Anagrama o Acantilado, eran auténtico modelos a seguir (y siguen siéndolo). No obstante, creía que había hueco para ofrecer mi propio “canon personal” dirigido al llamado lector literario (aquel lector que lee desde siempre, que disfruta leyendo, que gusta de que lo sorprendan con buenas ediciones). Impedimenta es un compendio de mis lecturas “deseadas”, en ese sentido. Parafraseando al gran Manuel Borrás, editor de Pre-Textos, el catálogo de Impedimenta es un resumen de mi vida como “ser lector”. El nombre mismo de la editorial es simbólico de lo que digo. La “impedimenta” era la bolsa, la carga, que llevaban los legionarios romanos a la batalla. Era una carga pesada que les rompía la espalda (llevaban espada, espada corta, escudo, cantimplora, raciones de comida, etcétera), pero no podían tirar nada de lo que contenía, pues si lo hacían era posible que murieran en la batalla o en el largo camino. De hecho, por muy pesada que fuese su carga, aquellos legionarios llevaban lo estrictamente imprescindible. Para mí, la tradición literaria constituye precisamente un exigente fardo de obras, y yo lo transporto conmigo, de casa en casa, a lo largo de toda mi vida, porque los libros que yo leo, yo elijo y yo publico son los que describen mejor mi vida. A la vez, decidí observar en mis libros, un exquisito gusto estético. Yo compro libros bellos, por lo que mis libros habían de serlo también. Así surge Impedimenta.

Enrique Redel¿Qué tipo de libros te interesaba publicar? ¿Qué tipo de línea editorial querías seguir?

Sintéticamente, me proponía publicar una selección de mis obras literarias de referencia de los últimos ciento cincuenta años, sobre todo del ámbito occidental. Como lector (pues un editor ante todo es un lector cualificado) hay obras que me fascinan y que no estaban en las librerías, por parte de autores a los que admiro y que creo necesarios (Lem, Ibáñez, Soseki, Orwell, Perec), y nuestra labor es publicarlos del modo más atractivo posible para el lector español e iberoamericano. “Redescubiertos y recuperados”, en suma, acompañados de una propuesta editorial y estética sólida.

¿El desarrollo de la editorial ha condicionado los títulos que sacas o vas a sacar? ¿Te has reafirmado en tu proyecto inicial?

Creo que en la vida de una editorial como Impedimenta, al igual que ocurre con otras editoriales independientes en tanto “organismos vivos”, el pasado pesa de modo determinante en la andadura del proyecto. La labor del editor consiste en una constante apuesta, un constante abrir de caminos, y cuando se comprueba que una apuesta nos funciona, intentamos seguir incidiendo en el mismo camino. Hace unos meses, para poner un ejemplo, animados por el gran escritor Pablo d’Ors, decidimos publicar una obra de un oscuro pero genial autor alemán del XIX, Adalbert Stifter, “El sendero en el bosque”. La obra (por lo demás deliciosa), funcionó inesperadamente bien, por lo que decidimos afrontar la publicación de más obras de este autor, la primera de las cuales, “El solterón”, aparece esta primavera. Lo mismo ocurrió con Natsume Soseki, uno de mis autores de cabecera desde hace años, del que la pasada primavera publicamos “Botchan”, una pequeña apuesta mía en principio, cuyo éxito ha dado pie a la programación de más títulos de este autor para los próximos meses. A la hora de editar un libro, no existen (por mucho que se diga) las apuestas seguras. El éxito del proyecto depende del sentido del olfato, de la tenacidad y de la habilidad a la hora de lograr transmitir tu gusto a un lector cada vez más heterogéneo. Y hay tantas obras realmente magníficas que a uno le gustaría publicar, que la tarea de uno se basa, más que en elegir, en desechar, en afinar.

En cuanto a la independencia editorial: en los últimos años han surgido muchísimas editoriales llamadas independientes que están corriendo mejor o peor fortuna, pero el hecho incontrovertible es que el mercado se ha visto favorecido por la edición (o reedición) de títulos que quizá de otra manera no hubieran estado ahí. ¿Es ésa la imagen de Impedimenta, una editorial que trata de «sentar cátedra» o de abrir nuevos caminos? ¿Consideras el proyecto como «minoritario» (en un sentido elitista)?

Sin duda, Impedimenta busca abrir nuevos caminos (aportar nuevos nombres, o redescubrir los no tan evidentes, los grandes tapados de la literatura occidental), pero lo hace incidiendo en ciertas contraseñas “clásicas” a la hora de editar que enraízan con nuestras editoriales de cabecera: estética muy cuidada, buenas traducciones, prólogos de autores de referencia, un catálogo con innegables aspiraciones “canónicas” (para mí es fundamental que se note que hay una selección detrás) y sobre todo con un claro afán de “recuperación” de textos que consideremos apasionantes. Nuestro lector tipo no es un erudito, y menos aún alguien elitista: Stanislaw Lem ha vendido más de treinta millones de ejemplares de sus libros a lo largo de las últimas décadas, sus libros se editan en formato de bolsillo por millares, es un autor de culto para el lector inteligente; Natsume Soseki es, literalmente, el escritor nacional japonés, y “Botchan” la obra más leída en aquel país desde hace cien años; la novela de John Braine “Un lugar en la cumbre”, que acabamos de editar, fue uno de los libros más vendidos de la editorial Penguin a lo largo de la década de los cincuenta y sesenta, con un éxito comparable a “El amante de Lady Chatterley” o “La Odisea”. A veces, cuando se tacha nuestra línea de minoritaria, la afirmación llega a ser molesta. Si Stendhal (cuyas obras se reeditan constantemente, de modo sostenido, desde hace más de ciento veinte años) es un autor minoritario, que venga Dios y lo vea.

¿No han pasado estas editoriales independientes a marcar, en cierta forma, el ritmo del mercado (ahora que sus —vuestras— novedades aparecen en todo tipo de prensa y han dejado de estar relegadas mediáticamente)?

Es evidente que en los últimos años se ha producido una clara renovación del panorama editorial español: nuevos sellos, capitaneados por editores que frisan la treintena, identificables con nombres y apellidos, con líneas editoriales basadas en la recuperación selectiva de títulos interesantes (sin saturar el mercado, con apenas una o dos novedades al mes). El reciente Premio Nacional a los editores de Contexto no ha hecho más que confirmar esta tendencia. Pero este reconocimiento no es solamente aplicable a las editoriales que forman Contexto, sino a muchas otras que no cesan de aportar libros magníficos, y que tienen propuestas atractivísimas, siempre desde la independencia: me vienen a la cabeza El Olivo Azul, Cabaret Voltaire, Abada, Veintisiete Letras, Gadir, Marbot, Bartleby o Errata Naturae, por citar solamente unos cuantos de los “recién llegados” que admiro profundamente, y que marcan el ritmo de la nueva edición española.
Creo que los medios han acogido todos estos proyectos con simpatía, precisamente por esa sensación que se da de “selección”, de extremo cuidado a la hora de elegir los títulos y de plantear las propuestas. El crítico ha considerado que lo que le llega de estas editoriales es buen material, fiable, bonito y normalmente con buenas traducciones y con un interés literario alto. Frente a las gaseosas y “marketinianas” propuestas dirigidas a “no lectores” o a lectores de aluvión, de nuevo se ofrecen libros para lectores que leen, y creo que eso se toma en cuenta a la hora de prestar atención a nuestros proyectos.
Por otro lado, he de señalar el cambio del paradigma prescriptivo mediático que se había dado hasta ahora. Las nuevas editoriales independientes cada vez prestamos más atención a los nuevos prescriptores (blogs, revistas virtuales, clubes de lectores en la red, redes sociales por internet), a los que nos sentimos afines en cuanto a filosofía e intereses. Somos gente más joven, y por tanto, más abierta a nuevos modos de difusión de la lectura.

¿Qué dificultades entraña el dirigir una editorial que publica, indefectiblemente, para un público lector reducido? ¿Cómo se puede llegar a un público más amplio; qué estrategias de marketing hay que utilizar (o utilizas)?

Primero he de hacer una puntualización a una de las cuestiones que planteas en tu pregunta: el supuesto paradigma del público lector reducido. Creo sinceramente que si nuestro público es reducido no es por la propia esencia de nuestras novedades (muchas de las cuales, insisto, no son minoritarias per se), sino por razón de nuestra propia capacidad de penetración en el mercado. Aun así, muchas de nuestras novedades venden más que otras de editoriales supuestamente más potentes. Nuestra capacidad de presencia en el mercado crece cada vez más, y eso es algo que me llama la atención.
Respondiendo a tu pregunta, creo que el modo de promocionar libros ha cambiado radicalmente. Los canales tradicionales de promoción (presentaciones, suplementos literarios de diarios en papel, artículos en revistas, promociones en punto de venta, etc.) han ido perdiendo preeminencia, y pasando a un segundo término para dar lugar a una promoción más directa y selectiva. Ahora es posible utilizar nuevas herramientas para promocionar nuestros libros, sin olvidar los canales tradicionales, pero dando cada vez más importancia a otros modelos. Así, en Impedimenta nos mantenemos muy en contacto con nuestros lectores mediante newsletters, el “boca a oreja” de las redes sociales en Internet (Facebook, MySpace) o la participación creativa en blogs y en otros foros de opinión en Internet.

¿Cuáles son los mayores problemas a los que hacéis frente (distribución, promoción, etc.)?

Creo que las pequeñas editoriales nos encontramos con dos obstáculos, inherentes a nuestra propia esencia como pequeñas empresas independientes. El primero es la visibilidad: en un panorama editorial de sobreproducción, saturado de novedades, con grandes grupos pujando por el espacio, es difícil hacerse ver en las mesas de las librerías. El segundo es el músculo: hay muchas cosas que no podemos hacer en razón a nuestro pequeño tamaño, y hay veces que no podemos llegar a determinados mercados, o responder de modo razonable a las expectativas. Creo que la solución a estos dos problemas pasa (aparte, evidentemente, de por cuidar hasta la obsesión nuestra apuesta, tanto literaria como estética) por crear redes de sinergias y complicidades. Por buscarse aliados que nos ayuden en nuestra labor.
Contexto, de hecho, nace como respuesta a estas limitaciones que se nos planteaban, y también para juntar fuerzas de cara a determinados retos. En nuestro caso, en el de Impedimenta, el distribuidor, lejos de ser un enemigo, ha sido un aliado fundamental, y solemos contar con su consejo y su asesoramiento para cualquier decisión importante que tomamos. No en vano, son nuestros ojos en el mercado.

¿Qué es Contexto y qué objetivos concretos persigue?

Contexto es una asociación nacida en abril de 2008 que agrupa a siete editoriales independientes españolas: Libros del Asteroide, Barataria, Global Rhythm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso. Muchos de los editores ya veníamos estando en contacto desde hacía meses, si no años, colaborando en acciones promocionales, viajando juntos, aconsejándonos en decisiones estratégicas, etcétera. Decidimos institucionalizar nuestra relación de algún modo, y la idea fue acogida de un modo entusiasta por el sector. Nuestro objetivo es editar una revista trimestral, “Contexto”, que agrupe nuestras novedades, nuestras propuestas editoriales y que sirva como muestra de nuestro pulso como editores. Asimismo, nos proponemos asistir juntos a Ferias, plantear posiciones comunes ante asuntos de actualidad editorial, y juntar fuerzas para perseguir objetivos promocionales y estratégicos comunes.

¿Crees que su labor (aparte de ser reconocida gracias al Premio a la Mejor Labor Editorial 2008) es provechosa en términos de ventas, promoción y marketing? ¿Y en un sentido más «cultural»?

Evidentemente se trata de una labor provechosa desde el punto de vista de imagen, desde el punto de vista promocional (aunque el grupo obedece además a otras razones). En la pasada Feria del Libro de Madrid, los siete editores de Contexto acudimos agrupados y nuestra caseta fue uno de los polos de atención de la Feria (éramos, en cierto modo, la representación de parte de la nueva edición española). Asimismo, al librero le es más fácil captar nuestra filosofía si la plasmamos en la revista, que sirve en cierto modo como catálogo informal de nuestras propuestas, y que nos da una imagen unitaria frente a los vaivenes del traicionero mercado. En suma, considero que la propia imagen de las editoriales agrupadas en Contexto gana con la propia asociación de unos con otros.
Por otro lado, también perseguimos un interés puramente cultural: si consideramos en conjunto nuestras propuestas, cubrimos un abanico tremendamente rico, heterogéneo y variado, siempre desde la exigencia de la calidad: novela contemporánea de culto (Asteroide, Global Rhythm, Periférica, Impedimenta, Sexto Piso), clásicos modernos (Impedimenta, Nórdica, Asteroide, Sexto Piso, Barataria), libros sobre música moderna (Global Rhythm), cómic (Sexto Piso), libro ilustrado (Nórdica), o clásicos sin ambages (Sexto Piso, Impedimenta, Barataria, Nórdica).

La edición independiente siempre existirá. Las editoriales independientes son la cantera creativa del sistema.

¿Cómo ves el futuro de tu editorial? ¿Y el de la edición independiente en general?

En Impedimenta seguiremos incidiendo en una política de calidad editorial, eso está claro. Creo que los lectores, los libreros, los críticos, han acogido con tremendo cariño nuestro proyecto, pero la clave está en no quedarse parados, en seguir abriendo vías. En breve tenemos previsto abrir dos colecciones más (una dedicada al ensayo literario de tema misceláneo, y otra a literatura gráfica), que espero que cuenten con el gusto del lector (si no, no tendrían sentido).
En cuanto a la edición independiente en general, siempre existirá. Las editoriales independientes son la cantera creativa del sistema, y siempre habrá una editorial magnífica, comandada por un editor de ideas brillantes, que nos superará en creatividad y en propuesta. De lo que se trata es de aprender de tus antecesores, pero también de los que vienen detrás con ideas frescas.
Desgraciadamente, lo que tampoco va a cambiar es la alta mortalidad editorial. El noventa por ciento de las editoriales fracasan en el primer año de vida, y eso seguirá sucediendo cada vez más, porque cada vez es más fácil crear una editorial (lo único que necesitas es un capital mínimo, un ordenador, algún programa de diseño, y una imprenta que te tire tus dos mil ejemplares). Y sitio, hay el que hay. El reto está en mantener el tipo y en aguantar tu puesto, en seducir al lector para que opte por tus libros. Eso es todo.

¿Puedes adelantarnos algo sobre tus próximos proyectos?

En unas semanas, coincidiendo con la primera semana del año, publicaremos una obrita muy extraña y seductora de un autor francés de principios del XX, bastante desconocido, Jean de la Ville de Mirmont, llamada “Los domingos de Jean Dezert”, con prólogo de François Mauriac, y traducción de Lluis Mª Todó. Es una obra muy divertida sobre un hombrecillo insulso que dedica los domingos a hacer las cosas que recomiendan los folletos publicitarios que le entregan en la calle.
Además, en breve abriremos una nueva colección llamada “El Panteón Portátil”, dedicada a textos misceláneos sobre un determinado tema. La colección se abre con “El Rival de Prometeo”, un librito de textos sobre autómatas con aportaciones de Edgar Allan Poe, Ambroise Bierce, Karel Capek, Sigmund Freud, Diderot, Thea von Harbou o Samuel Butler.
Por último, puedo adelantarte que publicaremos una obra inédita de Leonard Woolf, el marido de Virginia Woolf, “Las vírgenes sabias”, una especie de novela autobiográfica sobre el inicio de la relación de la famosa pareja: el clásico libro en que el narrador elige entre el buen partido de la chica insulsa y la joven y excéntrica intelectual, no tan acaudalada. Como no puede ser menos, se queda con la chica lista, adelanto.

Y por último, ¿algún libro que recomendar (a ser posible, uno publicado por vosotros y otro que no lo sea)?

De los libros editados por Impedimenta este último año, me atrevería a recomendar una de nuestras últimas novedades, “Un lugar en la cumbre”, del inglés John Braine. Se trata de uno de los más depurados e hilarantes ejemplos del movimiento de los “Jóvenes Airados” británicos, al que también pertenecían autores como Kingsley Amis o Allan Sillitoe. La novela narra la historia de un trepa bastante caradura y encantador, Joe Lampton, que medra en la estricta sociedad del Yorkshire de la inmediata posguerra gracias a su genio y a sus armas de seducción. Lampton, cuyas únicas obsesiones son la cerveza amarga y las jóvenes casaderas, no dudará en hacer cualquier cosa para ascender en el escalafón social. La novela es realmente divertida, y la historia que narra es una de las más deliciosas y amables que uno se pueda encontrar actualmente en las mesas de novedades.
En cuanto a una novela no editada por nosotros, querría destacar “La boca pobre”, de Flann O’Brien, editada por Nórdica Libros. Se trata de una delirante comedia irlandesa, originalmente escrita en gaélico, que narra las aventuras de un muchacho irlandés que vive en una aldea rodeada de una excéntrica familia en la que sobresale la figura del Viejo Canoso, una especie de paradigma del irlandés tradicional, cuya sociedad se parodia sin misericordia. Fue uno de mis libros de juventud, en la edición de Serbal, y Nórdica ha hecho muy bien en recuperarlo.

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