Siempre habrá un worstseller

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En el marco de la pasada Feria del Libro de Madrid dos editoriales canarias, Escalera y Baile del Sol, promovieron un debate que pretendía hacer reflexionar sobre los worstsellers, libros que independientemente de su calidad y del trabajo editorial (casi siempre excelente) que se esconde tras ellos, no parecen cuajar en los puntos de venta. En el debate participaron editoriales independientes como Errata Naturae, Artemisa y Salto de Página.

A continuación os dejamos un texto escrito a posteriori por los responsables de Escalera, en el que se recogen algunas de las conclusiones de aquel debate:

La idea surgió de una suerte de brainstorming cervecero en compañía de nuestros amigos de Artemisa, Mariam y Ulises, quienes a un cierto punto, agotada la veta del boom de las pequeñas editoriales del que se habla a cada tanto desde hace unos años en el panorama editorial español, sugirieron ir más allá para airear el reverso tenebroso de cualquier editorial: los libros menos vendidos.

En años como éste, con bombazos como Millenium, el regreso a los ruedos de Falcones, el filón vampírico abierto por Meyer o la apuesta siempre segura de Follet, venía muy a cuento que en la Feria del Libro de Madrid abriéramos este debate que incomoda más a los grandes que a los pequeños: la escasez de ventas. Así que invitamos a participar en el evento a otras cuatro editoriales amigas (Salto de Página, Errata Naturae, Baile del Sol y la ya nombrada Artemisa). La idea era simple: cada editor escogería de su catálogo el título menos vendido y trataría de analizar su escaso volumen de ventas al tiempo que esgrimiría las razones por la cual en su momento decidió publicar dicho libro. Se trataba de defender la calidad de esas obras, escritas muchas veces por autores desconocidos que, para desgracia de todos, pasan desapercibidas y se cubren de polvo en las naves de los distribuidores a las afueras de esas ciudades donde Follets, Falcones y Zafones maquillan las cifras de un sector altamente desequilibrado.

Una cosa teníamos muy clara, no queríamos otorgar a la iniciativa el más mínimo sentido de queja, de denuncia o de lloriqueo, pues bien sabida es por todos la natural tendencia al llanto de todos los que operamos en este mundillo: desde autores hasta libreros, y nosotros pretendíamos simplemente salvarle la vida a uno de nuestros libros.

En cuanto a resultados podemos decir que quedamos sorprendidos por la repercusión en los medios, y el inmediato incremento, en el entorno ferial, de las ventas de nuestro worstseller, La mujer por la ventana, un magnífico libro de relatos escrito por la autora venezolana Silda Cordoliani.

Las secuelas del worstseller se prolongaron durante todo el mes de junio en forma de asistencia a platós de televisión, como fue el caso de Carlos Jiménez Arribas, el worstseller de Artemisa, o Irene Antón en Las Noches Blancas de Dragó. Todo esto, unido a la generosidad de Eva Orúe en su papel de moderadora y oficial de enlace, hizo que los guarismos de La mujer por la ventana volvieran a lucir en positivo durante el verano y el ritmo de las devoluciones se atenuara para con este título.

Lo bueno es que esta iniciativa nos ha permitido, además de romper una lanza literaria, reforzar la imagen de marca de nuestros sellos y posicionarlos mejor en las librerías, como ha sido el caso admirable de Salto de Página, un infaltable ya en las mesas de novedades de cualquier librería.

También la aquiescencia de los autores con el tema a debatir ha sido fundamental, porque mal entendido, como ha sucedido en algunos blogs temerarios, podría parecer que se estaba haciendo leña del árbol (nunca mejor dicho) caído, justo lo contrario al espíritu de la iniciativa.

El problema es que ahora que La mujer por la ventana ha perdido el farolillo rojo, ha habido verdaderos codazos para ocupar tan codiciado lugar. Al día de hoy, y no sin cierto mérito, la segunda edición de Al margen, un libro que narra la singladura de los dos editores de Escalera, Talía Luis Casado y Daniel Ortiz Peñate, por tierras indias, justo antes de saber que de mayores queríamos ser editores de libros. Al margen se ha vendido muy poco en segunda edición, un poco debido al pudor de promocionar una autopublicación y pese al prologuista Juan Cruz Ruiz, que lo ha aireado todo lo que ha podido, y por lo cual le estaremos siempre profundamente agradecidos. Sin embargo, más allá de la calidad que pueda tener, no deja de ser para nosotros el punto de partida de nuestra actividad como editores y el principio de muchas cosas hermosas vividas desde que peinábamos las calles de La Latina y Lavapiés vendiendo la primera edición (una tiradita de 500 ejemplares en digital) por las terrazas veraniegas de la capital.

Al margen nos recuerda un poco nuestro origen, la esencia de editar libros para estrechar vínculos con lugares o personas que un día influyeron en nuestras vidas: tal ha sido el caso de Silda Cordoliani, que apareció en la vida de Talía en forma de libro en su época universitaria y publicarla ha sido para ella un sueño hecho realidad, como lo ha sido para mí traducir a Kerouac y a John Clellon Holmes, o volver a India de la mano de Baby Halder o aún, invirtiendo el orden, viajar a Zimbabue este verano tras haber publicado Cenando con Mugabe, de Heidi Holland, todos ellos firmes aspirantes a worstsellers, todos ellos libros estupendos.

3 Comentarios

  1. Yo creo, -como tú crees- que sí influye. Si no, creo que no has advertido la venta de consoladores estampados de mil páginas para adolescentes -sin ánimo de excederme del humbral crítico verbal obsceno- con cierta similidad licántropa. (entre otros). Los mayores tesoros que sostengo los encóntre mayoritariamente en el ultimo estante, en la última balda. Lo prefiero así, cada cauce, breve, efímero, fugaz, momentáneo, repentino, súbito, corto, siga.

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