Crónicas, reportajes, periodismo, en un catálogo editorial (Anagrama 1969-2005) II

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Libros de entrevistas

En los años 70 Anagrama publicó muchos libros de entrevistas, género rigurosamente minoritario, pero que me interesa mucho. Fui un devoto lector de los memorables volúmenes de entrevistas de la Paris Review, que fundó y dirigió hasta su muerte Georges Plimpton, también magnífico periodista. O, como saben los connaisseurs, nadie debería perderse los dos tomos de entrevistas con Nabokov, Opiniones contundentes, y con Gombrowicz, Testamento; ambos pertenecen al género de entrevistas por escrito, en las que el entrevistado tiene el control total. En el polo opuesto, el del descontrol total, figura «El Duque en su dominio», la inolvidable entrevista por sorpresa en la que Truman Capote «cazó» al confiado Marlon Brando, quien nunca se lo perdonó.
Así, siguiendo con mis aficiones, uno de los primeros títulos de Anagrama, en 1969, fue las Conversaciones de Lévi-Strauss, Foucault y Lacan, tres popes del estructuralismo, con Paolo Caruso, también Wilhelm Reich habla de Freud, en 1970, o La Teoría (con la «t» muy mayúscula, los años del fetichismo de la Teoría), en 1971, una amplia colección de entrevistas con figuras ya muy destacadas como Barthes, Bourdieu, Robbe-Grillet o Lévi-Strauss y un entonces joven mosquetero, Philippe Sollers, fundador de Tel Quel, mientras que en 1972 aparecieron las afiladas Conversaciones con Marcel Duchamp, a cargo de Pierre Cabanne, y El Buitre y el Ave Fénix, un ensayo sobre Vargas Llosa del escritor colombiano Ricardo Cano Gaviria, seguido de unas conversaciones con el autor: el primer libro, creo, dedicado al gran escritor peruano. Y en 1977 se transcribieron, con el título Psicoanálisis (Radiofonía & Televisión), unas entrevistas con Jacques Lacan algo menos crípticas que los textos habituales del psicoanalista francés, apodado en su día «le Prince des Ténèbres», el Príncipe de las Tinieblas.
También en la colección «Cinemateca Anagrama» se publicaron no pocos libros de conversaciones. El primer título, en 1972, fue El director es la estrella, formado por 16 entrevistas, con otros tantos jóvenes cineastas que se convirtieron, con los años, en las máximas figuras de su generación. Entre ellos, Cassavetes, Polanski, Bertolucci, Forman, Coppola, Corman, Kubrick y dos iconos como Mailer y Warhol. El perspicaz entrevistador fue Joseph Gelmis. También aparecieron sendos tomos de conversaciones con Joseph Losey, Pier Paolo Pasolini o Ingmar Bergman, mientras que Juan Hernández Les y Manuel Hidalgo se encargaron de El último austro-húngaro, con el subtítulo Conversaciones con Berlanga. Como saben los cinéfilos recalcitrantes, así como en todas las películas de Hitchcock aparece en algún momento la oronda figura del director, en las de Berlanga se escucha en alguna ocasión la palabra austro-húngaro.
Y no habría que olvidar, en este repaso, las Conversaciones íntimas con Truman Capote, a cargo de Lawrence Grobel, que apareció en «Contraseñas».

Recopilaciones de artículos, reportajes monográficos

Abundan también en nuestro catálogo las recopilaciones de colaboraciones periodísticas de grandes escritores españoles. Me limitaré a citar algunos de los títulos más destacados: Libertad, Libertad, Libertad de Juan Goytisolo, Salidas de tono. Cincuenta reflexiones de un ciudadano de Félix de Azúa, El viajero más lento de Enrique Vila-Matas, Alrededores de Álvaro Pombo, Arsenal de balas perdidas de Manuel Vicent, Las razones del antimilitarismo y otras razones de Fernando Savater, Majestades, crímenes y víctimas de Antonio Escohotado. O los perfiles de Sospechosos habituales de Ramón de España, un género en el que este autor brilla especialmente. O el caso de la gran periodista Maruja Torres, que dio el salto a la novela con dos falsos reportajes: ¡Oh, es Él! Viaje fantástico hacia Julio Iglesias y Ceguera de amor. Culebrón del V Centenario.
Y también tres libros latinoamericanos: Manual del distraído, una joya a caballo del cuento y el ensayo, del venezolano-mexicano Alejandro Rossi; Aires de familia, a caballo éste de la crónica y el ensayo, del mexicano Carlos Monsiváis, que ganó nuestro Premio Anagrama de Ensayo; y Loco afán de Pedro Lemebel, unas crónicas que parecen surgidas de un cruce entre el gran maestro Monsiváis, Copi y el primer y más provocador Almodóvar.
Y no puede faltar el gran amigo peruano Alfredo Bryce Echenique, cuya obra, como es bien sabido, es un continuo, con sus novelas, que tienen tanta carga autobiográfica, y sus memorias, a las que, curándose en salud, llama antimemorias. En resumen, todo literatura, incluyendo también los libros más propiamente periodísticos publicados en Anagrama, empezando por A vuelo de buen cubero, un ejercicio de Nuevo Periodismo vía Bryce, en 1977, seguido por Crónicas personales, A trancas y barrancas y Crónicas perdidas.
Cabe destacar los autores que practican lo que puede llamarse reportaje de ideas: Oliver Sacks y sus reportajes sobre la psique, como Un antropólogo en Marte y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, las pesquisas del filósofo José Antonio Marina, autodenominado «detective privado al servicio de la sociedad», los reportajes sociológicos de Vicente Verdú, como El planeta americano (también Premio Anagrama de Ensayo) y El estilo del mundo, o las investigaciones de Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut que cristalizaron en El nuevo desorden amoroso, un libro leído en su tiempo con fervor.
Por último, en este apartado, mencionar a los miembros de la Internacional Situacionista que publicaron en los años 70 sus agudísimos análisis en la revista del mismo título, exceptuando dos libros fundamentales: La sociedad del espectáculo de Guy Debord y Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones de Raoul Vaneigem, este último publicado por Anagrama al igual que otros textos de Debord. En los «Cuadernos Anagrama» aparecieron también varios títulos procedentes de la revista, desde Crítica de la vida cotidiana hasta el célebre panfleto Sobre la miseria en el medio estudiantil, texto precursor del malestar social que desembocó en el Mayo del 68. Y, siguiendo con textos teóricos radicales, los «Cuadernos» albergan asimismo Lucha de clases y clases de lucha de Santi Soler, ideólogo del Movimiento Ibérico de Liberación, el MIL, cuyo militante más conocido fue el infamemente ajusticiado Salvador Puig Antich.

La colección «Crónicas»

El primer título de la colección, Cabeza de turco de Günter Wallraff, apareció en 1987. En dicho reportaje, el polémico reportero se disfrazó de inmigrante turco, dispuesto a hacer los trabajos más duros, más insalubres, más peligrosos para poder sobrevivir, y así investigar el trato infligido a los numerosos inmigrantes turcos en Alemania. El libro tuvo un enorme impacto en su país (fue el mayor bestseller de la posguerra), y también un éxito muy considerable en España, ha sido uno de los títulos más vendidos de la colección. Dicho esto, debo aclarar rápidamente que muchos de los excelentes títulos de la colección han sido minoritarios y que ésta ha conseguido mantenerse gracias sobre todo a Ryszard Kapu´sci´nski, a quien dejaré para el final, y a un libro de Nigel Barley, El antropólogo inocente. Este libro tiene una historia bien curiosa. Su autor se doctoró en antropología en la Universidad de Oxford, y decidió dedicarse a hacer trabajo de campo en Camerún, estudiando una tribu poco conocida, los dowayo. Pero entre la teoría y práctica en el seno de aquella sociedad escurridiza se produjeron notorios sobresaltos y el resultado fue El antropólogo inocente, una crónica desternillante pero a la vez un estudio muy respetado por exigentes antropólogos. Tras sus peripecias, Barley regresó a Inglaterra y se incorporó al Museo Británico, cuyo departamento de publicaciones editó el libro como curiosidad, con un tiraje confidencial. Un editor avispado le echó el ojo y se publicó en Penguin, donde sigue cosechando incontables ediciones, un clásico amenísimo. La edición de Anagrama siguió derroteros similares, con 19 ediciones desde 1989, y se ha convertido en el libro más vendido de la colección. En la faja correspondiente resplandecen comentarios elogiosos de colegas tan severos como el ahora difunto Alberto Cardín y Manuel Delgado, así como una cita de David Holloway, tan exacta como resultona: «Nigel Barley hace con la antropología lo que Gerald Durrell hizo con la zoología.»
En la colección abundan los reportajes políticos, una línea roja que enlaza con la combativa colección «Documentos» de los años 70. Así, Juicio a Kissinger de Christopher Hitchens, Israel-Palestina de Alain Gresh, ¿Por qué estamos en guerra? de Norman Mailer, Soñando la guerra y La invención de una nación de Gore Vidal, o El álgebra de la justicia infinita y Retórica bélica de Arundhati Roy, dos libros de la autora de El dios de las pequeñas cosas, quien, después del enorme éxito de esa novela, se ha convertido en una activista justiciera, con análisis impecables e implacables del neoliberalismo y sus secuelas.
Como aportación hispánica, en un registro más sosegado, cabe destacar El día que acabó el siglo XX de J. M. Martí Font, corresponsal de El País en Alemania durante años y que presenció en directo el imprevisto y aceleradísimo derrumbe.
Asimismo, varios rescates de libros publicados en los 70, como El periodista indeseable de Wallraff, Política y delito de Enzensberger, el libro de Román Gubern sobre el mccarthysmo que en esa nueva edición ampliada se llamó La caza de brujas en Hollywood, La revuelta del Poder Negro de Floyd B. Barbour (ed.), Chile bajo Pinochet de Claude Katz. Y cabe destacar el trabajo que efectuaron tres jóvenes periodistas, José Antonio Sorolla, Georgina Cisquella y José Luis Erviti, con el título La represión cultural en el franquismo. Diez años de censura de libros en España. Un libro instigado, poco después de la muerte de Franco, por cinco editoriales, entre ellas Anagrama, a las que se unieron luego bastantes más, para hacer una coedición colectiva. Al no estar en ningún catálogo, este texto de referencia a los pocos años era inencontrable, por lo que parecía valioso recuperarlo. Y, naturalmente, el rescate de las excepcionales Conversaciones con Marx y Engels de Enzensberger y las Conversaciones con Bakunin de Lehning.

En el ámbito de los reportajes culturales figuran La ciudad de los arquitectos de Llàtzer Moix, un excelente trabajo acerca del cambio urbanístico y arquitectónico de la Barcelona olímpica. Del propio Moix publicamos Wilt soy yo, un libro de conversaciones con Tom Sharpe, cuyo humor salvaje es tan apreciado en nuestro país. Y, en un registro más arqueológico, los periodistas Carles Geli y J. M. Huertas Claveria en Las tres vidas de «Destino» dedican una valiosa indagación a una revista semanal barcelonesa de gran significación cultural y ciudadana en las tres primeras décadas de la posguerra.
También figuran en la colección varios textos consagrados al cine, como Moteros tranquilos, toros salvajes de Peter Biskind, con el subtítulo La generación que cambió Hollywood, un incisivo y nada autorizado recorrido por la carrera de los Coppola, Scorsese, Spielberg, Lucas…, un retrato salvaje. También Cassavetes por Cassavetes, con un exhaustivo montaje de entrevistas al «padrino» del cine independiente y a sus más cercanos colaboradores y actores, mientras que Esteve Riambau y Casimiro Torreiro estudiaron el fenómeno de La Escuela de Barcelona: el cine de la «gauche divine», un imaginativo grupo de jóvenes cineastas que realizaron un cine muy distinto del que podía verse en nuestras pantallas, bajo el lema, diríamos, de su ideólogo Joaquín Jordá: «Ya que no podemos hacer Victor Hugo, haremos Mallarmé.» Es decir, el rechazo al cine resistente pero alicorto, debido a las presiones de la censura, del llamado cine mesetario, para optar por un cine más libre y vanguardista, onírico, descreído y a menudo sarcástico, bajo las influencias de Godard y Truffaut, el Mayo francés, la contracultura. Y también aquí reapareció Michael Herr, desaparecido después del meteórico Despachos de guerra, que dedicó el librito Kubrick a quien fue su amigo y con quien colaboró en Apocalypse Now y La chaqueta metálica.
También figuran, en el apartado de la literatura de viajes, un par de autores a los que conocí, en los 80, gracias a la revista Granta, dirigida con gran energía y creatividad por Bill Buford: Lugares no recomendables de James Fenton, con sus crónicas de la caída de Saigón, las grandes manifestaciones antes del derrocamiento del presidente Marcos en Filipinas o las interminables luchas callejeras que precedieron a los Juegos Olímpicos de Seúl; por otra parte, como es sabido, Fenton es un grandísimo poeta. De los dos enloquecidos reportajes En el corazón de Borneo y Entre el Orinoco y el Amazonas, el responsable es Redmond O’Hanlon, no menos enloquecido, como demostró sobradamente en su visita promocional a Barcelona. Y publicamos al propio Bill Buford con su primer y hasta ahora único libro: Entre los vándalos, que recoge sus viajes, como un hooligan más entre la temible horda de los hooligans, acompañando a su equipo en sus desplazamientos ingleses y europeos. El fútbol es también, naturalmente, el tema de Barça: la pasión de un pueblo, un documentadísimo trabajo de Jimmy Burns Marañón, con motivo del centenario del club.
Quisiera destacar, ahora, algunos títulos. Dany Cohn-Bendit, el famoso Dany el Rojo del Mayo del 68, en La revolución y nosotros, que la quisimos tanto, entrevistó en diversos países y continentes durante dos años, mucho tiempo después, a los protagonistas de las revueltas de finales de los años 60 y sus diversos destinos. Y así comparecen los Yippies, los Black Panthers, las mujeres del Women’s Lib, los Provos holandeses, los miembros de las Brigadas Rojas italianas, los guerrilleros latinoamericanos o los militantes de la Gauche Prolétarienne. Un documento único por el entrevistador y los entrevistados.
En cuanto a Hans Magnus Enzensberger, recogió en ¡Europa, Europa! una serie de reportajes efectuados en distintos países europeos —Suecia, Italia, Hungría, Portugal, Noruega, Polonia y España— y publicados —y éste era el máximo riesgo— en periódicos de gran difusión de los respectivos países; en España por El País. Como me dijo el propio autor, muy gráfica y sintéticamente: «Es el trabajo de un no especialista (o sea un extranjero) escribiendo para especialistas (los nativos).»

En el ámbito en castellano, Raval (Del amor a los niños) de Arcadi Espada, es un apasionante trabajo en torno a casos de pedofilia en el Barrio Chino de Barcelona, ahora conocido con el aséptico nombre de Raval, y las colusiones mediáticas, policiales y políticas que se produjeron. Una tenaz indagación «que hurga en los hechos», afirma Arcadi Espada, «núcleo y esencia del único relato periodístico posible». El cineasta Joaquín Jordá, vecino del Raval, se interesó también en el tema y dirigió De nens, un documental también imprescindible. La conocida feminista Lidia Falcón nos proporciona en La vida arrebatada un testimonio lúcido y estremecedor sobre su educación sentimental y social en la Barcelona de la posguerra, efectuando un implacable análisis de la represión —política, económica, sexista— de aquellos ásperos tiempos. El mexicano Sergio González Rodríguez en Huesos en el desierto relata su tenaz y valerosa (casi suicida) investigación de la cadena de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, que se producen desde hace años con total impunidad y salvajismo, pese a las crecientes campañas de protesta. Una tenebrosa trama de poderosos intereses: políticos, policiales, judiciales, bajo la poderosa sombra de los narcotraficantes. Publicado en 2002, fue el primer libro sobre el tema y ahora preparamos su tercera edición, actualizada. Como es sabido, en 2666, la gran novela compuesta de cinco novelas de Roberto Bolaño, los asesinatos de Ciudad Juárez (llamada Santa Teresa en el libro) son el telón de fondo de cuatro de ellas, mientras que la restante, La parte de los crímenes, está dedicada, monográficamente, a los mismos. Y para Roberto fueron muy útiles las informaciones de Sergio, con quien estuvo muy en contacto a propósito del tema y que aparece en la novela como un joven periodista, empeñado, contra todos, en llevar adelante su investigación, cuyo fruto fue precisamente Huesos en el desierto.

Y llegamos por fin al gran Kapuściński. Aunque todavía no, porque quiero mencionar un fichaje de Anagrama, Jon Lee Anderson, el gran reportero norteamericano, de quien publicamos La caída de Bagdad, un libro que obtuvo el Premio Reporteros del Mundo, y cuya monumental biografía del Che Guevara, la más completa editada hasta la fecha, rescataremos próximamente. Jon Lee Anderson es colaborador asiduo del New Yorker, donde ha publicado impagables perfiles de Pinochet, Castro, Chávez y también del rey Juan Carlos. Su método es instalarse en el lugar del reportaje —Irak, Cuba o Venezuela—, ver a mucha gente, no sólo altos cargos y funcionarios sino también, y sobre todo, a gente común, y escuchar y observar sin apriorismos. Y permanecer durante el tiempo necesario, hasta «empaparse», hasta que surja un relato con sentido. Como hemos visto, dedicar tiempo, la inmersión, era fundamental para Tom Wolfe, como también lo es para Kapuściński, un faro para tantos reporteros, como lo es para el propio Jon Lee Anderson. Esta imprescindible inmersión es el secreto de Polichinela, un secreto a voces. Ponerlo en práctica con obstinación, y de forma competente, es bien distinto.
Empecé a publicar a Ryszard Kapuściński en 1987. Los dos primeros títulos fueron dos obras maestras, El Sha o la desmesura del poder, el relato de cómo los revolucionarios toman el poder en Irán, en 1980, y la caída del último Sha, a la que siguió, en 1989, El Emperador, quizá mi libro preferido entre los suyos, un libro fascinante sobre un personaje no menos fascinante: el emperador Haile Selassie de Etiopía, el Rey de Reyes, el Elegido de Dios, el Muy Altísimo Señor, Su Más Sublime Majestad, que gobernó su país como monarca absoluto durante casi cincuenta años, hasta que fue derrocado por un Consejo Revolucionario. Más adelante, en la década de los 90, otros dos títulos, La guerra del fútbol (y otros reportajes) y El Imperio, sobre la Unión Soviética: un extraordinario relato de recuerdos y exploraciones que el autor realizó entre 1989 y 1991, cuando el imperio presentaba ya signos inequívocos del derrumbe estrepitoso que siguió. La acogida de la crítica y la opinión de sus colegas fue, desde el principio, extraordinaria (la consigna de que era «el mejor reportero del mundo» estaba ampliamente respaldada), pero sus lectores seguían siendo escasos, hasta que en el año 2000 se produjo el milagro de Ébano, que se convirtió en un bestseller y consiguió que muchos de los neolectores de Kapuściński buscaran sus libros anteriores, que han ido reeditándose regularmente, hasta convertirse en el autor fundamental de la colección. En 2006 publicamos su último libro, Viajes con Heródoto, el historiador a quien Kapuściński consideraba el padre del periodismo moderno.

Otro libro de la colección es La contracultura a través de los tiempos. De Abraham al acid-house de Ken Goffman, un tema que ha ido serpenteando en la editorial desde sus inicios, desde Los hippies: una contra-cultura de Stuart Hall, un Cuaderno Anagrama de 1970, que fue uno de los títulos pioneros publicados en España al respecto, pasando por Filosofías del underground de Luis Racionero en 1977 y tantos títulos de la colección «Contraseñas», o los textos sobre las drogas de Antonio Escohotado, empezando por Aprendiendo de las drogas, uno de los longsellers de la editorial. Y también hemos publicado Nosotros los malditos de Pau Malvido, una recuperación de las crónicas de la contracultura en nuestro país, y en especial en la Barcelona efímeramente libertaria de los primeros años de la transición, que en su día publicó Star, una revista de referencia. Y también Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído de J. Benito Fernández, que es a la vez la biografía de uno de los primeros freaks españoles y la crónica del underground madrileño antes, durante y después de «la movida».

A modo de colofón

Cabe mencionar, por último, los estudios teóricos sobre el tema. Elementos de una teoría de los medios de comunicación (1972) de Hans Magnus Enzensberger, durante muchos años un texto de referencia, o los libritos de Armand y Michèle Mattelart, aparecidos en la colección «Cuadernos Anagrama». Últimas noticias sobre el periodismo (1997) de Furio Colombo, uno de los miembros del rompedor Gruppo 63, con Eco, Balestrini, Manganelli, entre otros. Sobre la televisión (1997) y los dos tomitos de Contrafuegos (1999 y 2001) de Pierre Bourdieu, en su faceta más militante y radical, como indica el subtítulo de ambos: Reflexiones para servir contra la invasión neoliberal, y Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo (2002) de Ryszard Kapuściński.
Y aunque los cínicos no sirvan para este oficio, como afirma Kapuściński, y quizá no sirvan para el buen periodismo, los directores de determinados medios de comunicación sí que se sirven de los periodistas cínicos, con gran regocijo mutuo. Y no menor irresponsabilidad histórica. Pero aparquemos las politiquerías españolas tan actuales.

Como resumen de este largo recorrido, el catálogo de Anagrama ha proporcionado a los lectores en lengua española una amplia, rigurosa y a menudo amena información, sirviéndose de las armas del mejor periodismo, acerca de las numerosas y variadas convulsiones políticas y culturales de las últimas décadas. Y podría quizá añadirse que buena parte de los títulos de Anagrama posiblemente no se hubieran publicado, por la sencilla razón de que eran minoritarios; prueba de ello es que la competencia con otros colegas era escasa. No sucede como con los bestsellers, que acostumbran a ser novelas, y se publican siempre rápidamente, en general por el mejor postor.
Y, por otra parte, el catálogo de Anagrama, es decir la identidad de Anagrama, quedaría seriamente mutilado sin tantas aportaciones periodísticas de tan excelentes autores como los que han desfilado en este repaso.

Jornadas «Literatura Sin Ficción», organizadas por la Universidad Autónoma de Barcelona y el Círculo Lateral,
Barcelona, 10 de noviembre de 2005

1 Comentario

  1. […] idea de una de sus características: una suave pero eficaz incorrección. Un catálogo editorial de ese tamaño y mantenido a lo largo de cuarenta años es algo más que una propuesta literaria. Alude a un orden estético, […]

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