No Impact Man – Colin Beavan

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No Impact Man - Colin BeavanA lo largo de 2007 el escritor Colin Beavan trató de vivir en la ciudad de Nueva York generando el menor impacto ecológico posible. El proyecto, en el que involucró a su mujer e hija, se desarrolló a lo largo de varias fases en las que sus acciones para minimizar su huella de carbono se fueron radicalizando hasta llegar a vivir sin energía eléctrica. No Impact Man recoge la motivación de Colin para iniciar este proyecto, el devenir del mismo con sus satisfacciones y frustraciones, los problemas que fueron surgiendo y sus soluciones, datos acerca de los daños que nuestro modo de vida infringen al planeta y las conclusiones a las que llegó, una vez concluido el periodo No Impact.

Antes del proyecto, Beavan había llegado a lo que podríamos llamar una crisis existencial: sentía que nuestro mundo no funciona correctamente, pero que él no hacía nada para cambiarlo, excepto criticar a políticos y entidades por su nulo esfuerzo para solventar los problemas. Entonces decidió poner en práctica aquello de «si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiarte a ti» y de resultas de ello decidió dedicar un año a vivir de manera sostenible en pleno Greenwich Village, y contarlo.

La primera fase del proyecto No Impact pasaba por reducir la basura que generaba en su hogar. A pesar de ser adictos a la comida para llevar y tener una hija que usaba pañales, y por tanto generar kilos de basura, esa primera etapa era la más sencilla. A continuación vendría no usar ningún transporte que arroje dióxido de carbono a la atmósfera (incluidos los ascensores), comer productos cultivados de manera ecológica y que no provinieran de una distancia superior a 400 km., no comprar nada nuevo (se admitían compras de productos de segunda mano) y, finalmente, bajar los plomos de la casa y vivir sin electricidad (sin lavadora, nevera y, por supuesto, sin luz).

Al avanzar en el proyecto, y casi desde el primer momento, Colin Beavan comprendió algo que, en el fondo, todos sospechamos: el modo de vida occidental, con su acumulación de bienes de consumo y sus afanes para conseguirlos, no consigue hacer felices a las personas. Trabajamos sin descanso para comprar cosas. Cosas para cuya fabricación se destruyen numerosos recursos naturales. Cosas que no suelen durar y que a veces dañan nuestra salud. Cosas que nos satisfacen apenas una fracción de segundo.  Es decir, dejamos que nos gobierne la lógica del mercado, no la del ser humano.

Gracias a los cambios de rutina que el proyecto instauró en su vida, Beavan disfrutó de pronto de más tiempo libre para dedicar a su familia y amigos, mejoró su salud y tuvo tiempo para implicarse en otras acciones emprendidas en su ciudad. En general, se sintió más satisfecho con su vida y un miembro más activo de su comunidad. Comprendió que vivimos rodeados de muchas cosas superfluas, cuya necesidad nos han creado artificialmente, pero que lo verdaderamente esencial lo tenemos bastante descuidado.

Por otra parte, el proyecto No Impact pronto llamó la atención de los medios de comunicación. Colin Beavan vio así su vida repentinamente expuesta en un escaparate y a la opinión pública pendiente de cuál era el método que usaba para sustituir el papel higiénico. No obstante, logró aceptar en la medida de lo posible la presencia de reporteros en su vida a cambio de poder difundir su mensaje, siendo consciente en todo momento de que probablemente habría otros más capacitados para hacerlo.

El mensaje de Beavan relaciona el ecologismo con el sentido de la vida. Puede no ser muy ortodoxo, pero la lectura del libro invita a reflexionar sobre ello. La cuestión es: estamos destruyendo el mundo, quemando las naves; ya que pagamos tan alto precio ¿lo estamos disfrutando al límite, somos a cambio increíblemente dichosos? La respuesta es no. Todos sabemos que (atención, tópico) las cosas que nos hacen verdaderamente felices, no las anuncian en televisión. Y que, además, hay quienes carecen de lo imprescindible.

Colin Beavan cree que de poco sirve quejarse «del sistema». El sistema lo formamos cada uno de nosotros, y nuestras acciones cuentan. Podemos esperar a que sean otros quienes vengan a solucionar el problema, a que alguien nos señale a partir de qué día tenemos que empezar a cambiar las cosas. O podemos empezar a cambiarlas desde ya, cada uno en la medida de sus posibilidades. Podemos no hacer nada, o formar parte de quienes, al menos, lo intentan.

Si estas Navidades regalan libros, tengan éste presente. Por un lado, está hecho con papel reciclado posconsumo, de manera que apoyarán la producción editorial sostenible. Por otro, tal vez alguna persona más se decida por caminar hasta su trabajo, no coger el ascensor (al menos de bajada) o llevar una bolsa de tela cuando vaya al mercado. Y cada vez seamos más quienes lo intentamos.

2 Comentarios

  1. El esfuerzo tan grande de su familia debía ser el modo de los mass medias para incrementar dichas experiencias como forma de Educar a la tribu más interesante del hemisferio occidental; aunque me resulta difícil entender por qué experimentó dicha antropología en Nueva York, ciudad compleja por su cosmopolitismo; podía optar por un territorio pequeño, con las característica de la tribu urbana, más cálido, menos chocante con la aptitud y la actividad.
    Entiendo su esfuerzo y la conclusión mediatizada; precisamente, el libro, aunque hay experiencias que mejor sería transformarlas en obligaciones, los deberes no se sustentan con sus propias variables externas. Gracias.

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