Novísimas aventuras de Sherlock Holmes – Enrique Jardiel Poncela

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Novísimas aventuras de Sherlock Holmes - Enrique Jardiel PoncelaLos incondicionales de Jardiel Poncela probablemente ya hayan leído estas “Novísimas aventuras de Sherlock Holmes” incluidas dentro de El libro del convaleciente. No obstante, cualquier excusa es buena para acercarse de nuevo a la prosa humorística de Enrique Jardiel Poncela, si ya se conoce, o regalarse con ella, si todavía no se ha disfrutado.

“Las novísimas aventuras de Sherlock Holmes” fueron publicadas a lo largo de 1928 en revistas semanales y son una muestra evidente de la capacidad de su autor para dar un sesgo cómico a cualquier aspecto de la vida; en este caso, creando una divertida parodia de las aventuras del celebérrimo personaje de Arthur Conan Doyle.

Las capacidades deductivas del famosos detective inglés, su talento para el disfraz e incluso su adicción a la cocaína son puestas en solfa por el Sherlock jardeliano, que incluso reaparece para vivir estas aventuras después de habérsele dado por muerto tras caer a las cataratas del Niágara, como el genuino Holmes reaparece tras ser empujado a la cascada de Reichenbach.

Como trasunto del fidelísimo Watson, Jardiel se sitúa a sí mismo como colaborador y narrador de estas disparatadas siete aventuras, que se cierran con ‘Los asesinatos incongruentes del Castillo de Rock’, esbozo de lo que poco tiempo después se convertiría en una historia exenta: “Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull“.

El humor disparatado de Jardiel convierte en un delirio estas aventuras, en las que las dotes deductivas de Holmes dan lugar a situaciones incongruentes que tienen su origen en las descabelladas suposiciones del detective que, evidentemente, nunca se equivoca, pero que propone quiebros extraños a la realidad debido a las inverosímiles contorsiones de su intelecto. A pesar de ello Harry/Watson no parece asombrarse de nada, excepto de la genialidad de su maestro, y corre detrás de Holmes sin intentar hallar el sentido a las chocantes conclusiones que aquel saca de sus observaciones, seguro como está de ser una inteligencia muy inferior.

De esta suerte, ambos resuelven casos como el de un anarquista incomprensible, el de un explorador perdido en el Polo cincuenta años antes (y hallado vivo), o los crímenes de una momia analfabeta. Cada uno de estos casos es una invitación a entrar en el absurdo, que caracterizó toda la obra de Jardiel, pero también a conocer otra manera de entender las vanguardias que a principios del siglo XX recorrieron Europa.

La de Jardiel fue una forma de señalar de manera burlesca los convencionalismos sociales de su época a través de un humor liberador que no le impidió sin embargo encontrar un estilo propio que, además de hacer reír, invita a reflexionar y que, más aún, respira un lirismo pleno de sensibilidad. Como si Jardiel retirará una a una las capas que cubren la realidad, presentándola primero bajo su aspecto más jocoso y aun vitriólico, para descubrirnos debajo inmediatamente una verdad hermosa y vagamente melancólica.

Y si lo anterior no vale para recomendar la lectura de uno de los escritores más reseñables de la literatura española del pasado siglo, valga al menos la certeza de tener un buen rato asegurado si nos adentramos en cualquiera de sus obras.

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