Obras completas – Wolfgang Borchert

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Obras completas - Wolfgang BorchertHemos dicho varias veces ya que esta página es una página de lectores y para lectores, y a todos los que se incluyan en ese epígrafe les resultará familiar la sensación que voy a describir. Hay ocasiones en las que uno se topa con un libro de forma inesperada: no ha oído hablar del autor, pero llega hasta él de una u otra forma —por recomendación, por una contraportada seductora, por una sugerencia hallada en otra lectura, por una crítica convincente…; incluso por puro azar, a veces—. Ese encuentro, ese descubrimiento, resulta ser casi una revelación; ese autor, o ese libro, parece convertirse en EL autor o EL libro que uno andaba deseando desde hace tiempo. Y puede que con el paso de los años esa sensación desaparezca, o se marchite, y las revelaciones se arrumben en el baúl de las lecturas desacreditadas, pero la emoción indescriptible de hallar un tesoro hasta entonces desconocido es impagable. Eso es lo que me ha ocurrido con los cuentos de Wolfgang Borchert; y con el añadido de que su valor es incalculable, lo que me hace pensar que no va a quedar arrumbado en ningún lugar.

En estas “Obras completas” se incluye toda la producción que este alemán había escrito antes de morir en 1947, con sólo 26 años: unas docenas de relatos breves, una obra de teatro y un puñado de poemas. Eso le ha bastado para ser considerado un autor de referencia en su país, y después de haberlo leído se comprende el porqué. Dado que en solodelibros nos centramos en la narrativa en prosa, dejaré de lado la reseña de sus poemas y su obra, aunque tienen tanta validez como el resto.

Borchert es magistral. Pocas veces he aplicado este adjetivo con tanto convencimiento como ahora. La lectura de un par de sus cuentos es suficiente para darse cuenta de su profundidad moral, del compromiso que tenía con la literatura y de la fuerza con que es capaz de transmitir el dolor y la rabia. Muchos de los relatos que escribió nos hablan sobre las consecuencias de la guerra; mejor dicho: las consecuencias del dolor que provoca la guerra. Pero otros tantos hablan simplemente del dolor que provoca la vida. Y es que ese dolor, en la prosa del alemán, se transforma en desorientación, en incomprensión y en ira; por la fatuidad del ser humano, por su ignorancia suprema, por su fragilidad y por su incapacidad para afrontar la injusticia.

Todos los personajes que aparecen en estas obras son víctimas de esa incomprensión: ex-soldados que deambulan por ciudades ahora desconocidas, presos que se aferran a un pedazo de naturaleza para seguir viviendo, jóvenes que desesperan en sus primeros enamoramientos… Todos ellos con frustraciones mundanas, pero retratadas con una sobriedad digna y profunda. El absurdo de la guerra o el vacío del regreso a casa tras su fin alcanzan, en este libro, una densidad emocional apabullante: su prosa, de apariencia árida pero con bellísimos destellos, desnuda el alma humana con facilidad, dejando al descubierto esa sinrazón que nos guía, esa ignorancia vital que nos lleva a comportarnos de forma arrogante, ese miedo que anida en todas partes:

Y nosotros, bípedos, gente, animales humanos, con un poco de jugo rojo, con un poco de calor y huesos y carne y músculos…, nosotros aguantamos. Nuestra putrefacción está decidida, sin posibilidad de soborno. Y plantamos. Nuestra caída se anuncia, irrevocable. Y construimos. Nuestra desaparición, nuestra disolución, nuestro no ser es cosa segura, anotada, imborrable…, nuestro ya-no-ser-aquí es inminente. Y somos. Todavía somos. Tenemos una valentía inconcebible: y somos.

Borchert consigue penetrar en lo más íntimo del corazón en cualquiera de los cuentos, no sólo en aquellos que tratan el tema de la guerra (y que podrían, por ello, parecer más emotivos). En ‘Shíshifo o el camarero de mi tío’ da cuenta de la engañosa admiración de un niño por el comportamiento, en apariencia majestuoso, de un adulto; en ‘El pan’ se puede rastrear la abnegación que algunas personas son capaces de mostrar; en ‘El ojo de Dios’ tenemos la incomprensión que provoca la muerte. Y mención aparte merece ‘El escritor’, un relato de cuatro párrafos que deberían tener ante sí en sus escritorios todos esos que se dicen escritores.

A pesar de todo el dolor que destilan estos cuentos, la acerada prosa de Borchert casi siempre deja espacio a la esperanza: no a la esperanza en el ser humano, sino a la esperanza en la vida, en una fuerza vital que no anida en todos, pero siempre está presente. Por eso el hombre que pronuncia las palabras que he citado, a pesar de su miedo y desesperanza, quiere vivir; por tozudez, dice, porque «mañana puede tal vez ocurrir, quizá suceda mañana, en cualquier momento puede llegar a cumplirse». ¿El qué? El autor sólo plantea la pregunta. Sin embargo, el personaje aventura una idea: «¿Somos nosotros, nosotros mismos, esa respuesta? […] ¿La tenemos en nosotros, la respuesta, como tenemos la muerte?»

La respuesta queda en el aire, pero la indudable verdad es que las preguntas de Wolfgang Borchert nos mueven a pensar, incluso a actuar, y además lo hacen con un estilo magnífico. Sólo puedo terminar este comentario diciendo una cosa: corran a su librería, o biblioteca, más próxima y háganse con este libro. Ya. Ahora mismo. No se arrepentirán.

3 Comentarios

  1. He de decir que en un par de ocasiones he tenido el libro en las manos tentado de llevármelo, así que aen la próxima el peso de tu opinión jugará en su favor.

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