Parte de guerra – Edlef Köppen

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1885

Parte de guerra - Edlef KöppenEntre 1914 y 1918 se desarrolló la primera guerra moderna, una guerra tan cruel y devastadora que pasó a ser conocida como la Gran Guerra. Durante los años siguientes muchos fueron los excombatientes que pusieron por escrito sus experiencias en la contienda. Como Remarque un año antes, Edlef Köppen publicó en 1930 un libro que recogía las vivencias de los soldados del lado alemán.

En Parte de guerra, Köppen reúne sus propias experiencias como artillero en el frente occidental. Adolf Reisiger, protagonista de la novela, viene a ser un trasunto del propio autor: universitario alistado como voluntario al comienzo de la guerra, irá ascendiendo en el escalafón hasta llegar a alférez al final de la contienda. Entonces será encerrado en un hospital psiquiátrico militar tras declarar su rechazo a continuar participando en la lucha, puesto que considera la guerra «el mayor de todos los crímenes.»

Sin embargo, y pese a la postura final de su protagonista, Parte de guerra es un libro inusitadamente bélico. Reisiger se incorpora a su batería de artillería deseoso de entrar en combate y con la cabeza repleta de esas hermosas ideas de camaradería, honor y patria. Y aunque las cosas no son del todo como las imagina, no deja de sentirse a gusto en su papel de soldado. Esto se traduce en descripciones pormenorizadas de batallas, en narraciones de horas pasadas bajo el fuego enemigo, en relaciones de misiones imposibles donde el instinto de supervivencia dicta el valor para seguir adelante.

Y aunque en medio de todo ello se intercalan las reflexiones de un Reisiger fatigado de la lucha, que cada vez comprende mejor la atrocidad en la que participa, Parte de guerra no dejar de estar impregnado de un cierto ardor combativo, de un cierto orgullo guerrero que señala triunfante cómo funciona la máquina de guerra, aun a pesar de los sentimientos de los hombres.

Son los hombres, la medida de lo humano, lo que va poniendo pinceladas de piedad por quienes participan en ese circo cruel. Empieza por la compasión hacia los compañeros muertos y la idea fija de que, en cualquier momento, uno puede quedar tendido, desmembrado, en tierra de nadie. Y sigue por la idea de que “el enemigo” está formado por hombres como uno mismo, a los que no existe motivo válido para matar.

El acierto de Köppen es servirse de la técnica del collage para introducir elementos disruptivos en la narración de las andanzas del artillero Reisiger. Comunicados del departamento de censura de la oficina de prensa, partes de guerra, comunicados secretos del alto mando y, junto a ellos, artículos de prensa, cartas al director y anuncios publicitarios; todo ello subraya despiadadamente el contraste entre la vida en el frente y la idea que de ella se quería que se tuviera en la patria, precisamente para defender los intereses de los anunciantes que comerciaban con el cobre de los obuses para hacer placas en las que grabar el nombre, como recuerdo del momento histórico que atravesaba Alemania.

Esas notas, cartas y anuncios constituyen la otra cara de la moneda y narran paralelamente otra historia: la de quienes se beneficiaban de la muerte de miles de hombres en el frente, la de quienes hacían de la guerra una cuestión de orgullo porque no arriesgaban nada. Suponen el contrapeso de la narración casi épica que Köppen hace de los días en la posición de fuego y justifican el desencanto leve y paulatino del combatiente Reisiger que culminará con su negación a seguir participando y la frase lapidaría que concluye el libro:

«Todavía hay guerra. ¡Tocadme los cojones!»

 

2 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho.Me ha recordado a “Más y más lejos” de Sebastián Barry y a “Miedo”de Chevalier.Son novelas anti bélicas que demuestran la terrible estupidez y maldad de una guerra.
    Muy buena.Recomendable

  2. Estupenda reseña. Leerla me ha emocionado porque me ha hecho recordar “Sin novedad en el frente”, de Erich Maria Remarque, que he leído hace muy poco y que, como en esta novela, nos hace ver la mísera vida del soldado, del que pasa calamidades y miedo en las trincheras, cuando no deja su vida, para hacer la guerra de otros.
    Mientras esos otros se encuentran a salvo. 🙁
    Por eso aplaudo esa última frase.
    Un saludo.

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