Si vuelves te contaré el secreto – Mónica Gutiérrez Sancho

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Si vuelves te contaré el secreto - Mónica Gutiérrez Sancho“Si vuelves te contaré el secreto” comienza de manera dubitativa, casi temblorosa; la estructura de sus capítulos, breve y algo fragmentada, no adquiere unidad hasta pasadas unas cuantas páginas. Es entonces cuando el lector comienza a formarse una clara imagen del conjunto de personajes que se mueven por esta obra, curiosa y disgregada.

A uno le ha quedado la impresión de que Mónica Gutiérrez Sancho no es una excelente escritora; roza en ocasiones el lugar común y la estructura de su prosa trastabilla a menudo por una falta de coherencia que se aprecia a las pocas páginas. La polifonía del libro juega a relacionarse con la que buscan los instrumentos del jazz (cada uno de los capítulos comienza con unos temas que «ilustran» el contenido del mismo), pero no logra esa fusión mágica de la música, ya que los distintos estilos no encajan entre sí con suavidad. A la novela le cuesta coger el tono y, como decía, sólo avanzada la lectura se percibe cierta consistencia estilística: la forma de la obra, en partes breves y narradas por diferentes protagonistas, no consigue convencer demasiado, y algunas de las voces de los personajes no son definidas ni características, sin que consigan adquirir personalidad propia y verosímil. Parece que a la autora le falta algo de oficio para manejar esa variedad de tonos, y a la obra una revisión profunda para dotarla de unidad.

Parecen demasiados impedimentos para que el libro tenga profundidad, pero la realidad es otra. La profunda infelicidad de todos los protagonistas que pasan por The Club, el escenario de la novela, es tan humana, tan real, que supera todas las inconveniencias del estilo y reflota una obra que hubiera podido quedar en un remedo de clásica-historia-de-fracasados cualquiera. Aunque algunos personajes están pintados con rasgos manidos (la prostituta de buen corazón y enamorada de la misma posibilidad de enamorarse; la camarera talentosa cuya carrera se ha malogrado por su miedo al triunfo; la mujer casada con un hombre al que odia, pero al que no abandona por la fuerza de la rutina…), sus vidas son tan nuestras, tan de cualquiera, que es imposible sustraerse a la emoción de sentirlos humanos. Si en literatura, como en casi todas las artes, es mejor mostrar que contar, en “Si vuelves te contaré el secreto” ocurre lo contrario… pero funciona.

Mónica Gutiérrez pone en boca de casi todos los protagonistas su propio sufrimiento, sus propias historias de abandono, de desamor y de olvido, sin pretender en ningún momento que esa tristeza se intuya o se perciba entre líneas: la amargura está ahí, se expresa y se cuenta, y aun así sigue siendo fría y desoladora. Si es cierto que a la autora le falta buen hacer a la hora de escribir, no lo es menos el que ha dotado a sus personajes de un aura indefinible de melancolía e infelicidad; como decía, todos ellos comparten características (hasta el punto de que sus voces se enmarañan sin apuntar rasgos definidos), pero sus sufrimientos, sus vidas arrastradas a lo largo de existencias malogradas, son íntimos y verdaderos. Es ahí donde radica el acierto de Mónica Gutiérrez, y gracias a ello se pasan por alto detalles que, de otra forma, hubieran echado a perder la novela.

La cercanía de esa tristeza tan veraz y común, tan humana, es algo casi imposible de transmitir en una reseña de pocas líneas. La emoción que transmite esa trama de perdedores que tienen a su alcance su ansiado momento de esplendor, para verlo desvanecerse ante sus ojos al poco tiempo, es inefable, precisamente, por la comprensión que tenemos de ella. El acierto de esta novelita es el poner en primer plano lo fútil que es esa carrera loca hacia la felicidad en la que todos acabamos participando; fútil, pero indispensable. Porque esos personajes que tocan el piano en The Club, o cantan con voces desgarradas, nos demuestran que quizá ese sufrimiento sea lo que nos convierte en personas, auténticos seres con capacidad para amar, odiar o desear.

Para llegar a esas sensaciones hay que pasar por la lectura de “Si vuelves te contaré el secreto”, desde luego. A uno le surge la duda de si esta novela sería diferente si su parte formal, la del trabajo que no se ve, hubiera sido mejor; si las sensaciones que provoca hubieran sido mayores, más intensas. No lo sé, claro está, pero creo que por una vez eso puede carecer de importancia: Mónica Gutiérrez ha plasmado con una fuerza misteriosa y arrolladora la parte melancólica de nuestra alma. Eso, tan sólo eso, es ya más que suficiente.

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