Su crisis y la nuestra – Carlos Taibo

2
1079

Carlos Taibo pone de relieve en este panfleto cómo la presente crisis económica ha eclipsado la realidad de otras crisis, probablemente más acuciantes, que amenazan a nuestras sociedades. El cambio climático, el agotamiento de las materias primas energéticas y el expolio de los recursos de los países pobres son temas que han desaparecido del discurso oficial, aunque nunca fueron una parte importante del mismo. Para su solución no se han puesto ni la voluntad, ni —sobre todo—  los medios, que los distintos gobiernos han aplicado con celeridad para paliar la crisis financiera.

Pero el autor de Su crisis y la nuestra señala con acierto que esa realidad de graves situaciones pendientes de resolución, no desaparecerá por el mero hecho de no hablar de ella. Por el contrario, mientras se trata de arreglar los desaguisados que los desmanes del capitalismo han ocasionado, se pierden un tiempo y unos recursos preciosos. Y mientras se nos convence de que la salida a la crisis financiera pasa por recuperar el crecimiento económico, nadie parece tener en cuenta que ese crecimiento choca frontalmente contra una realidad incuestionable: los límites medioambientales y de recursos del planeta.

En este contexto, Carlos Taibo propone el movimiento decrecentista como una solución viable a los males que nos aquejan. Frente al productivismo y al consumismo que nos alienan, destruyen el medioambiente y favorecen la miseria global, el decrecentismo aboga por un cambio radical en nuestro modo de vida. Ese cambio no será para peor, sino que sigue la máxima de “vivir mejor con menos”.

El autor se hace eco del decálogo del decrecimiento esbozado por Serge Latouche, que habla entre otras cosas de rebajar la huella ecológica y el gasto de energía de los países del norte, restaurar la agricultura tradicional, reducir el tiempo de trabajo y orientar el tiempo libre hacia un ocio creativo, fomentar la producción de bienes relacionales (enseñanza, salud, cuidados) frente a la de bienes mercantiles o reapropiarse del dinero que ahora entregamos a los bancos.

Un programa ambicioso que, sin embargo, cada cual puede empezar a poner en marcha por su cuenta; una vez más, es inútil esperar a que alguien de el pistoletazo de salida. Y este es un aspecto importante de los que trata el libro: el total desinterés, cuando no la franca ridiculización, del movimiento decrecentista por parte de los estamentos oficiales de nuestra izquierda política y social.

Carlos Taibo hace un repaso de lectura imprescindible por las principales agrupaciones de la izquierda (PSOE, IU, IA, partidos nacionalistas, sindicatos e incluso ONGs) para demostrar cómo su discurso y sus actos tratan, en el mejor de los casos, de remediar los males que ocasiona el capitalismo —aunque en la mayoría de las ocasiones se ocupan más bien de defender los postulados capitalistas—, pero jamás se cuestionan el sistema o proponen alternativas.

Pero aunque ninguno de estos grupos se acerca al movimiento decrecentista en sus programas, para cada vez más personas resulta evidente que la contestación al capitalismo tiene que pasar por volver radicalmente la espalda a sus postulados. El resultado no será un mundo más pobre o más infeliz; por el contrario, será un mundo donde la riqueza esté repartida de forma más equitativa, vivamos en un medio más sano que redundará en nuestra propia salud, disfrutaremos de más tiempo libre y reorientaremos nuestro ocio hacia las personas de nuestro entorno, en lugar de hacerlo hacia el consumo. Porque ya saben: otro mundo es posible.

Más de Carlos Taibo:

2 Comentarios

  1. Me parece una de las ideas más originales de los últimos tiempos: decrecer, abrir la espita, para que el planeta no explote, a más bien para evitar la gran guerra que se avecina cuando los recursos críticos se hayan agotado. Pero me parece que, de aplicarse tal modelo, la causa real sería el miedo, motivo que me parece muy humano pero poco consistente: cuando el miedo haya desaparecido, ¿la gente continuará decreciendo? Estas cosas habría que hacerlas por convencimiento, por hartazgo, por cansancio, por asco, por rabia, por algo que te salga a la vez de la tripas y de la razón. Por otra parte, ¿qué pasaría si una parte de la población se sale del sistema, que es lo que en realidad supone el modelo de decrecimiento, y otra parte queda dentro? ¿Cómo se relacionarán esos dos mundos? ¿No seguiría todo igual, pero con una especie de secta Amish a escala planetaria? Eso suponiendo que el sistema lo permita. Habría por un lado los ricos (cada vez menos) que se beneficiarían de una clase explotada por el sistema (pero dentro de él), y luego una especie de desarraigados, que vivirían al margen, tal vez en condiciones penosas, pero libres. Ahora bien, el planeta seguiría agonizando, y lo que los desarraigados podrían decir es que “no por mi culpa”. Es resumen, el origen del movimiento me parece un tanto débil, y veo difícil que la clase dirigente del sistema actual permita la existencia (impune) de una clase ajena, con una economía (medios de producción, medios de comunicación, etc.) paralela. Siendo realistas, me parece más plausible una situación de conflicto por el acceso a los recursos (que es lo que ha pasado siempre), tras la cual se haría tabula rasa y volveríamos a empezar, tal vez desde una situación social próxima a la edad media.

    • Amigo Luis Javier,

      quienes elegimos ahora el decrecimiento lo hacemos por convencimiento. Efectivamente, es una decisión que viene primero del hartazgo de un sistema injusto y expoliador con el medio y con las personas. Más adelante puede que todo el mundo tenga que ser decrecentista a la fuerza, a medida que los recusos se vayan agotando o queden en manos de corporaciones (como ya está ocurriedno con el agua, por ejemplo), que serán quienes dicten unos precios que la mayoría no poderemos pagar.

      Antes de llegar a eso, usando la razón, hay quienes elegimos decrecer. Por suerte, cada vez somos más. No somos gente rara que nos salimos del sistema; al contrario, somos gente que queremos construir otro sistema con nuestras acciones. Que creemos que es posible vivir mejor con menos. Pero trabajamos, compramos y nos relacionamos con el resto de la población: no somos una secta.

      Simplemente reflexionamos y elegimos. Preferimos las relaciones y la creatividad al consumo. Tener menos cosas para necesitar menos dinero, trabajar menos y dedicar más tiempo a las cosas que de verdad importan. Respetamos el planeta y a las personas, por eso nos importa el cuidado del medio ambiente, pero también de la protección de las redes sociales (no me refiero a facebook y similares).

      Vivir mejor con menos es el lema. Y desde mi experiencia te aseguro que es posible y que reporta grandes satisfacciones. No hace falta cambiar de móvil cada año, ni de coche cada cinco años. No hace falta pasar fines de semana en París, Roma y Amsterdam. No hace falta vivir para el trabajo. No hace falta vestir de marca ni renovar el vestuario cada temporada. Esa es la felicidad efímera del “siempre más” que el capitalismo propone. Pero no es lo que el ser humano necesita para realizarse.

      Te animo a conocer más sobre el decrecimiento y, si te convence, a practicarlo. Saludos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here