Sus crisis, nuestras soluciones – Susan George

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En Sus crisis, nuestras soluciones, Susan George propone, una vez más, un lúcido análisis sobre la realidad de esa sociedad que multinacionales y gobiernos han construido a espaldas de los ciudadanos; realidad que la crisis financiera ha venido a subrayar despiadadamente, poniendo de relieve sus injusticias y errores para con una inmensa mayoría de la población — incluidos nosotros, las «clases medias occidentales», que nos creíamos a salvo de todo mal, protegidos por nuestros democráticos gobiernos—.

Susan George nos presenta esta crisis como inevitable en un mundo gobernado (a pesar del verbo, no piensen en los gobiernos) a la inversa de como dicta el sentido común. Para la autora, nuestra sociedad se estructura en una serie de círculos concéntricos, que nos rodean y condicionan nuestras vidas. Actualmente, el círculo exterior y más importante, el que determina lo que ocurre en el resto de los círculos interiores, es el de las finanzas: éstas regulan lo concerniente a la economía (la real, la que produce bienes y servicios), la sociedad y el planeta. Sin embargo, el orden debería ser el contrario, si pretendemos ser una especia inteligente que apuesta por su permanencia: el planeta y su salvaguarda debería ser la esfera que regulase al resto: a la sociedad, la economía y las finanzas (esas que comercian con intangibles).

Si las sociedades se rigen en contra del sentido común y de su propia conveniencia es porque quienes toman las decisiones pertenecen a lo que la autora denomina «la clase de Davos». Con este apodo se refiere a ese conjunto de hombres que se reúnen en Suiza cada año y que ostentan poder económico o político, el cual ejercen en su propio beneficio. Nadie, tras el estallido de la crisis, puede engañarse pensando que los intereses de esa minoría coinciden con los del resto de ciudadanos, antes al contrario. De hecho, Susan George aporta datos de cómo la crisis generada por su avaricia y estupidez, les sigue proporcionando obscenos beneficios. Por ejemplo, Goldman Sachs cobra importantes honorarios al gobierno de EEUU por comercializar los bonos del Tesoro que el gobierno se ha visto obligado a emitir tras los rescates bancarios de 2008. Los recortes sociales, evidentemente, quedan para otros.

Pero, mientras todos los esfuerzos se centran en capear una crisis provocada por la rapacidad de unos pocos, otras crisis anteriores y más graves merecen muy poca o ninguna atención por parte de esos poderosos autócratas del «todo para nosotros, nada para los demás», tal como les definía Adam Smith en La riqueza de las naciones. La pobreza, el hambre, la desigualdad, la escasez de alimentos y agua, el cambio climático, las guerras… son crisis que estaban ahí antes que la financiera, pero a la que ningún gobierno ha querido («querido», y no «podido») poner remedio. Y es necesario tener presente que esas crisis también han sido provocadas por la codicia de unos pocos.

Las soluciones que Susan George proponen pasan por una sociedad que, tomando conciencia del absurdo que supone ser regida por esa entelequia denominada «mercados», asuma (tal vez por vez primera en la Historia) el poder en sus manos. A través de asociaciones y redes, los ciudadanos unidos plantearemos soluciones factibles a los problemas del día a día, y controlaremos a los gobiernos para que cumplan nuestra voluntad.

En primer lugar, debemos dar prioridad a invertir el orden de los círculos en que nos movemos. El planeta debe pasar a ser el círculo externo que regule el resto de esferas: nada que sea malo para el planeta, puede ser bueno para el conjunto de la sociedad. En ese sentido, la autora propone un New Deal verde: una transformación acometida y financiada desde los gobiernos, que apostara por las energías limpias, el trasporte público, la investigación y desarrollo aplicadas a la salud, al medio ambiente, a la eficiencia…

Así pues, Sus crisis, nuestras soluciones es una lectura necesaria por cuanto nos refresca la memoria para que tengamos presente quiénes son los culpables de esta lamentable situación; y los datos y cifras que se aportan en ese sentido son tan esclarecedores como estremecedores. Pero es necesario, sobre todo, por ese llamamiento a la acción ciudadana, más que eso, a la unión ciudadana. ¿Es una utopía? Tal vez sí. Pero es necesario creer que se puede. Y es necesario que quienes creamos que es posible, nos busquemos, nos unamos, demos peso a nuestros actos. Este es el momento. Y es mucho lo que nos jugamos: nos jugamos el mundo entero.

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7 Comentarios

  1. […]   Y lo malo no es que nosotros (yo) nos enteremos ahora de que los recortes en gasto público son malos para la economía (por no hablar de lo malos que son para las personas). Lo malo es que parece que en el FMI se han enterado ahora de eso que Keynes dijo hace casi un siglo. Y nos lo dicen esta semana (¡ y se lo dicen ahora a Montoro!, con lo bonitos que le habían quedado los presupuestos basados en perspectivas de crecimiento propias de Antoñita la fantástica): puede ser que hayamos subestimado gravemente el impacto de las políticas restrictivas sobre la ralentización de la economía. Se cae el mito de la austeridad expansiva (es necesario reducir el sector/gasto público para poder crecer en el futuro) y nos pilla con el paso cambiado a punto de que nos sentencien con los presupuestos. En definitiva son unos presupuestos mentirosos, calculados sobre unos ingresos ficticios, y con un gasto mal repartido. Pero con eso y con todo, los presupuestos de este año no dejarán de ser históricamente una anécdota. Lo verdaderamente dramático es que esto (la crisis, la deuda) es el trapo rojo que nos ponen delante de los ojos para embestir, cuando lo verdaderamente grave viene despues: ya con toda la población pensando en salvar los trastos (virgencita virgencita que me quede como estoy) y convencida de que o pagamos la deuda o nos hundiremos en el oceano (aprovechando que Portugal iría en el mismo paquete), se llevan a cabo sin resistencia modificaciones legislativas que abren el campo para la economía de libre mercado (la misma que ha causado la deuda). Las leyes de libre mercado son muy difíciles de imponer en una democracia efectiva: generan paro y desasistencia social y requieren recortes en las libertades civiles para que el populacho no se subleve (¿no os suena de algo?). Para imponer leyes de este tipo se han utilizado siempre estados de excepción naturales o artificiales , que desvian la atención de la población a problemas de supervivencia inmediata (Thatcher declarando la guerra de las malvinas, Bush aprovechando el 11S, Yeltsin en una linea  mas franca: cerrando el parlamento directamente). Nuestro estado de excepción (de momento… cerrar el parlamento sería un acto de osadía política incompatible con lo gris de nuestos representantes, pero no me engaño: sería aplaudido fuera de nuestras fronteras) está siendo la crisis. Todo esto y mucho más en el video (que seguro que ya habeis visto todos, y los que no lo hayais hecho deberiais…. debería proyectarse en las escuelas…) “la doctrina del shock”basado en el libro homónimo de Naomi Klein . También y en el mismo sentido, pero quizá mas orientado al futuro y las posibilidades de parar esto, un libro estupendo y muy legible de Susan George: “Sus crisis, nuestras soluciones” […]

  2. Susan George es un ejemplo de coraje y lucidez ante la atrocidad que se está cometiendo. Mientras las clases medias dormitan embriagadas, el Poder sigue destruyendo el tejido social que costó siglos y mucha sangre construir.
    Un libro necesario que nos ayuda a pensar y repensar el futuro. Nuestro futuro. El que están robando ante nuestros ojos sin que hagamos demasiado. Despertemos.

    Julián Chappa · Editor

  3. Acertado diagnóstico y acertada medicación, pero ¿quién le suministra la medicina al enfermo?.

    Este es el problema real. El auténtico obstáculo es hacérselo entender a la gente, que en definitiva debe ser quien, con el jarabe en la mano, se acerque a los gobernantes y pronuncie la palabra ¡basta!.

    El amigo Rafa es un claro ejemplo de esa dificultad, vive muy feliz en la parte del mundo que le ha tocado en la tómbola y pretende, aún y así, dar fórmulas para evitar la caída del pelo al tercer mundo.

    Bendita globalización y bendito ser humano, el único culpable de todo lo que acontece en este mundo. Pero eso sí, debe quedar claro que vivimos mejor que los siervos de la gleba, ¡para algo sirvió la revolución industrial!, o ¿no?.

    Cordiales saludos

  4. Sra. Castro, cuántas tonterías son capaces de escribir ciertas personas a cuenta de ‘la crisis’ sin tener la más remota idea de economía. Ideas como las del libro y que usted misma refleja en su reseña están creand una suerte de ‘pensamiento mágico’ en torno al funcionamiento de la sociedad y de la estructura económica. No deberían olvidar que a pesar de la manida crisis los países occidentales tenemos el nivel de vida más alto de la historia de la humanidad y que, aunque es triste reconocerlo, la comida sigue sobrando. Váya usted con el cuento de la sostenibilidad a alguno de los habitantes del África que están muriendo literalmente de hambre y pregúntele si no cambiaría su gobierno y su sistema político y financiero por cualquiera de los nuestros, que son tan malos.

    un saludo.

    • Apreciado Rafa,

      parece que los que sí saben de economía tampoco han sabido lo suficiente para evitar esta crisis. De hecho, los que saben de economía, son los que nos han metido en ella.

      La idea de sostenibilidad es necesaria: no podemos seguir derrochando recursos finitos. El agua, la tierra fertil, el petróleo, etc. tienen un final. No son como la deuda, que puedo inventarme más para seguir vendiéndola a algún incauto. El creer que los recursos de la tierra son como los productos financieros es un error que ya estamos pagando. El “apalancamiento” sí que es un pensamiento mágico, pero ya vemos ha dónde nos ha llevado.

      Y ya que menciona África, puede preguntarle a los habitantes de cualquier país de ese continente si preferiría sustraerse a la ingerencia del Banco Mundial o del FMI, que sus recursos estuvieran en manos distintas de las trasnacionales occidentales o qué opina de que al dictador de turno lo sufraguen esas mismas trasnacionales, BM y FMI.

      Ideas como las que usted expresa ya sabemos a dónde nos conducen: a la situación actual. Podíamos probar con otras (sean las de este libro o no), por aquello del beneficio de la duda.

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