Un alma de Dios – Gustave Flaubert

1
2884

Un alma de Dios es uno de los últimos relatos breves salidos de la pluma de Gustave Flaubert, escrito apenas un par de años antes de su muerte. Quizá, precisamente, su edad tiene algo que ver en la concepción de esta historia sencilla y sin alharacas, ya que la puesta en escena de la vida de Felicidad, la protagonista, es descarnada y no parece conducir sino a una muerte cierta y liberadora.

En el texto se da cuenta de la mísera existencia de esta apacible mujer, criada de madame Aubain, una viuda burguesa que habita en un pequeño pueblo del norte de Francia. Felicidad entra a servir a la casa de su señora desde muy joven, traicionada por un joven pretendiente que la abandona para casarse con una mujer rica, y desde ese momento su destino estará ligado al de la familia Aubain. A lo largo de los años su existencia apenas evoluciona o cambia: sus fatigas diarias sólo se ven alegradas por acontecimientos fugaces y por una sencillez que raya en la estulticia. Al final, como no podría ser de otro modo, muere en soledad y apartada de todos, sin que nadie repare en su partida.

De una anécdota tan frugal como ésta pocos escritores serían capaces de extraer elementos suficientes para crear un texto, pero el genio de Flaubert y su parsimoniosa atención por los detalles hacen de Un alma de Dios algo más que un simple retrato costumbrista; aprovecha la vida de Felicidad no sólo para mostrar la inopia vital de un personaje vapuleado por las circunstancias, sino para que aquélla sirva como espejo de la podredumbre moral en la que se sumía la burguesía finisecular. La viuda Aubain, su patrona, se nos muestra como una mujer estricta y preocupada por su posición; su aparente bondad para con su criada siempre está teñida de un agresivo poso de superioridad y de desprecio: entristecida por la ausencia de sus hijos, ni siquiera repara en el amor que Felicidad siente por su sobrino, trasunto en el fondo del que siente por aquellos, a los que ha visto crecer. El autor nunca expone esa relación a las claras, pero la indiferencia de madame Aubain es más cruel que cualquier otra emoción.

Y es que en realidad lo que Flaubert tratar de poner en claro con este breve cuento es el egoísmo inherente a nuestro ser. Todos los personajes que rodean a Felicidad se preocupan únicamente de sí mismos: desde ese pretendiente que la engatusa de joven y que la abandona por una oportunidad de medrar, pasando por su ama, hasta ese sobrino por el que siente un afecto especial y que la utiliza como cocinera y fuente de regalos. «Felicidad no hablaba nunca de sus preocupaciones», nos dice el narrador, y lo cierto es que el egoísmo de los demás contrasta con la entereza con la que la protagonista encara sus desencantos y reveses.

En esa sumisión hay algo de amoral, de primitivo (Felicidad es iletrada y poco espabilada), pero también refleja la valentía de una persona que se sobrepone a las desgracias con la simple ayuda de su fe en la naturaleza. No es casual que sea un loro el único personaje que la acompaña durante un tiempo y el que más momentos le dedica: el entorno, la tierra, la propia vida son símbolos de fuerza y aguante, de fortaleza y vigor. Con todo, Flaubert no es maniqueo y es evidente que la suerte de Felicidad está echada desde sus comienzos; no hay piedad en el retrato que se hace de ella, puesto que en ocasiones su buen corazón, su «alma de Dios» (Un coeur simple es el título original del relato), se revela como un obstáculo para su buen juicio.

Un alma de Dios es un bello ejemplo de la maestría de Flaubert para plasmar los dobleces del alma humana. Con una prosa exquisita, de sobriedad elegante y detalles inteligentes, nos ofrece la visión de una mujer que no es nada, pero que lo parece todo. Nada hay tan difícil como conseguir ese objetivo y hacer que parezca sencillo.

Más de Gustave Flaubert:

1 Comentario

  1. Ademas de la escena final cuando Felicidad muere mientras se celebra la procesión, da la sensación de que es a ella a quien se le rinden esos honores, especialmente con el detalle del altar donde esta el loro, es como una especie de beatificación, un final liberador como dices.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here