Salambó – Gustave Flaubert

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Salambó - Gustave Flaubert
La maestría indiscutible de Gustave Flaubert como prosista alcanza en Salambó unas cotas de magnificencia incomparables. Ahora bien, no es menos cierto que la profusión de detalles, de sensualidad y de descripciones puede llegar a anegar al lector, que asiste confuso a una retahíla de enumeraciones que llegan, en algunas ocasiones, a distraer de la propia narración. El escritor francés optó por crear una novela que se cimenta en las crónicas de autores latinos y griegos, usando una gran cantidad de información histórica y proporcionando al lector un contexto social de una minuciosidad extrema. Las referencias a costumbres, vestiduras, armas, alimentos o vegetación son tan abundantes como precisas, consiguiendo así que la obra parezca más un texto adaptado desde un manuscrito anterior que una novela contemporánea (teniendo en cuenta que fue publicada en 1862). Así, la trama queda en un segundo plano frente a la profusión de detalles históricos que tratan de conformar un texto vívido y plástico.

Salambó cuenta la revuelta conocida como Guerra de los Mercenarios, acaecida en Cartago en el siglo III a.C. Tras la Primera Guerra Púnica, los soldados mercenarios que los cartagineses habían contratado para luchar por ellos se rebelaron al no recibir los pagos prometidos; esto condujo a una sangrienta guerra civil que duró más de cuatro años y provocó miles de muertos en ambos bandos. Flaubert toma como punto de partida este suceso para narrar el papel que Salambó, hija (ficiticia) del general cartaginés Amílcar Barca, juega en el desarrollo y fin de la guerra, ya que el líder de los mercenarios, Mato, cae rendido de amor por ella cuando la divisa por vez primera durante el asedio inicial a la ciudad de Cartago. Las luchas posteriores y las desventuras de los principales personajes pondrán de manifiesto la crueldad del conflicto y el funesto destino al que todos ellos, sin excepción, se verán abocados.

Aunque la trama sea casi una excusa para que el talento literario del autor se luzca en la recreación de escenarios y personajes, lo cierto es que estamos ante una obra que aborda los desastres de la guerra con tanto colorido como crudeza. A lo largo de las páginas del libro encontramos amores, traiciones y actos heroicos, pero siempre está presente el dolor de la lucha, las pérdidas de todo tipo que acarrea y el vacío que inevitablemente deja tras de sí. Salambó es una obra preciosista, casi simbolista, pero con un marcado carácter de crónica; Flaubert no deja en ningún momento que olvidemos que la historia que narra es la de una lucha cruel y violenta, aunque el amor y el deseo asomen en forma de voluptuosas sensaciones.

Aunque le dé nombre a la novela, la hija de Amílcar no es tanto la principal protagonista como la excusa que utiliza el autor para mostrar la debilidad que todo hombre esconde dentro de sí. En el caso de Mato pronto queda claro que es el amor, pero entre los demás personajes observaremos puntos flacos que, a la menor oportunidad, son explotados por sus semejantes o adversarios: la codicia, el orgullo, la cobardía o el honor serán talones de Aquiles de muchos participantes en la guerra, revelando de esta forma la incapacidad de los seres humanos de permanecer estables frente a la adversidad. Incluso el protagonista que parece desafiar todas las debilidades, Amílcar, flaquea en el momento en que ve peligrar la vida de su hijo. Salambó, por su parte, encarna el castigo por la desobediencia y el desafío a la autoridad. Si bien el robo del manto sagrado de la diosa, el zaimph, parece condenarla a un destino funesto, lo cierto es que su futuro se ve marcado por su relación con Mato, al que aborrece como enemigo de su pueblo, pero al que no puede evitar admirar (incluso amar) como hombre libre, valiente y obstinado.

Salambó es una obra de una sensualidad apabullante, con una riqueza expresiva digna del mejor Flaubert y con pasajes que son una delicia para los amantes de la narrativa exuberante. Si bien un tanto recargada en ocasiones debido a sus prolijas descripciones, la novela es un prodigio de belleza y literatura; el maestro francés consiguió reconvertir una historia clásica, plagada de datos sin resonancia artística, en una obra vital, emocionante, violenta, hermosa y, sobre todo, humana.

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3 Comentarios

  1. Hola Sr. Molina. Me ha gustado mucho su reseña y estoy interesado en adquirir este libro. Pero estoy dudando entre la traducción de Hermenegildo Giner de los Ríos (que está en Mondadori y Alianza) o la de Germán Palacios para Cátedra. ¿Qué le ha parecido la traducción de Giner de los Ríos?
    Gracias y saludos.

    • Hola, Sisqo.

      La verdad es que la traducción de Giner de los Ríos puede llegar, en ocasiones, a ser demasiado «florida»; se nota el paso del tiempo y el cambio en los usos del lenguaje. Sin embargo, ese mismo rasgo hace de la obra una lectura muy apropiada, en tanto ubica al lector en una época pasada, con las características lingüísticas del momento.

      Ignoro qué tal será la traducción de Cátedra, pero le aseguro que la edición que he leído (en Penguin Clásicos) es muy buena.

      Un cordial saludo.

  2. En primer lugar quería felicitarle por su reseña que me ha parecido excelente. Estoy pensando en adquirir el libro. Pero quería preguntarle también qué le ha parecido la traducción de Mondadori realizada por Hermenegildo Giner de los Ríos (la misma traducción que hay en Alianza). He visto que esta obra está editada también por Catedra con otra traducción, y estaba dudando cuál de las dos elegir ¿ Cuál me recomendaría?

    Un saludo y gracias.

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