Tala – Thomas Bernhard

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Tala - Thomas BernhardEmbarcarse en un periplo por los libros de Thomas Bernhard tiene al menos dos aspectos positivos que cualquier lector serio valorará: el primero, adentrarse en la obra de un autor singular y sin duda genial; el segundo, y probablemente el mejor, inyectarse una vacuna contra la estulticia imperante.

En efecto, Bernhard nos obliga a contemplar en cada uno de sus libros la vacuidad, la tontería, el fanatismo y la estupidez que caracterizan por lo general nuestra sociedad. Lo hace sin violencia, pero su discurso es alumbrado por una lucidez tal que resulta imposible no ver lo que, sin ambages pero con cierta sutileza, nos muestra.

Así nuevamente en Tala, publicada en 1984, Bernhard cede la palabra a un personaje cuya sensibilidad resulta herida por la falsedad y la mediocridad de su entorno. En la novela, un escritor asiste a la velada cultural organizada por unos amigos, a la que también acuden otros escritores, actores y artistas.

La velada, en la que el protagonista apenas interviene, sirve de excusa para que este repase su vida, rememorando cómo hubo de huir años atrás de ese círculo de amistades como único modo de preservar su razón y la independencia de su punto de vista.

Tala puede ser leída como una severa crítica contra el mundo artístico y cultural, no solo de Viena, donde Bernhard situó la novela, sino de cualquier ciudad del mundo. El fingimiento, la banalidad, el deseo desmedido de medrar, la falta de talento y de originalidad son los males que quedan expuestos en las páginas de esta obra.

El arte por el arte, viene a señalarse en esta novela, ya no existe. La cultura es para unos una forma de escalar en la sociedad, para otros solo una manera de ganarse el sustento, para la mayoría un barniz que gusta exhibir en sociedad. Precisamente para huir de ese ambiente viciado el protagonista de Tala huye, rompe con sus amigos, con sus amantes, se aísla.

Pero Tala tiene aún una segunda lectura como denuncia de la artificiosidad de nuestras sociedades. Las relaciones humanas resultan un compendio de falsedad, de falta de autenticidad. Solo una civilización que se complace tanto con la mentira puede ensalzar el arte, que representa el culmen de todo lo que no es genuino.

En ese sentido, en las páginas finales de Tala se exhala un suspiro de anhelo por una vida más natural, menos encorsetada por la serie de convencionalismos y leyes que el ser humano ha acumulado en siglos y siglos de historia.

Esa idea aparece en boca de uno de los invitados a la cena artística:

Entrar en la Naturaleza y respirar en esa Naturaleza y estar en esa Naturaleza sólo realmente y para siempre como en casa era lo que él consideraba la mayor felicidad. Ir al bosque, adentrarse profundamente en el bosque, dijo el actor del Burg, confiarse totalmente al bosque, de eso se ha tratado siempre, el pensamiento de no ser otra cosa que Naturaleza. Bosque, monte alto, tala, de eso se ha tratado siempre, dijo de pronto irritado y quiso irse de una vez.

Pero Bernhard no es ningún ingenuo. Y aunque las palabras del actor afectan poderosamente al protagonista, que comprende de inmediato la enorme verdad que encierran, el final de la novela pone de manifiesto cómo resulta casi imposible escapar a ese círculo de falsedad en el que todos giramos. A pesar de su voluntario alejamiento, a pesar de comprender la vacuidad de la pequeña sociedad artística reunida esa noche (y trasunto de la sociedad en general), el protagonista de Tala acaba por plegarse a los convencionalismos. Tal vez porque, a pesar de todo, no resulta tan fácil vivir alejado del resto de los hombres.

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4 Comentarios

  1. He comenzado Tala, las primeras 10 páginas no son muy prometedoras, más allá de lo argumental, abordado en este artículo, lo que aquí no se señala, y no es menor, es lo inherente al estilo: La casi insoportable secuencia repetitiva de palabras encadenadas, lo que hace, en tan solo un decenio de páginas, muy engorrosa su lectura. Se trata del estilo Bernhard? o es que tiene alguna relación subterránea con la crítica plasmada en en su aspecto argumental.

    • Hola, Fun:

      Ese es el estilo de Bernhard, lo encontrarás en cualquiera de sus obras. Casa muy bien con su gusto por representar el trabajo intelectual como una obsesión que raya en la locura, donde las ideas se repiten una y otra vez, una y otra vez.

      Desde luego no es un autor fácil (tampoco difícil una vez se entra en sus peculiaridades). Supongo que resulta tan fácil odiarle como amarle.

      Saludos.

  2. Thomas Bernhard es otro de mis autores pendientes, tenía varios «fichados» como probables lecturas para estrenarme pero no sabía de este. Me llama la atención (para bien) que tenga lecturas una lectura de no muchas páginas. Eso dice mucho y bien. Tomo nota.

    Gracias y un saludo!

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