Tess, una mujer pura – Thomas Hardy

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Tess. Una mujer pura - Thomas HardyMás conocida como Tess, la de los d’Urberville, la presente edición de BackList ha apostado por publicar la célebre novela de Thomas Hardy con el subtítulo que el autor le agregó en la edición de 1912 —veinte años después de su aparición— por considerar que se correspondía con «la estimación que dejaría en un ánimo sencillo el carácter de la heroína».

En efecto, con Tess, una mujer pura, Hardy relató la vida de una mujer que, por haber mantenido relaciones sexuales con un hombre sin previo matrimonio, quedará señalada de por vida. Pero la intención del autor era señalar que la pureza de la mujer no dependía del estado de su himen y que todo lo que hace de una mujer un ser humano respetable, no depende de si conserva la virginidad.

Evidentemente, Thomas Hardy adornó a su personaje con aquellas virtudes femeninas exigibles a una buena esposa (máximo papel al que podía aspirar una mujer): modestia, buen juicio y laboriosidad. Y con la pervivencia de esas cualidades en Tess aún después de su desliz, señalaba la injusticia de una sociedad que condenaba toda una vida honesta por un momento de debilidad carnal.

En Tess, una mujer pura, el autor contrapone el determinismo natural al determinismo social. Hardy estaba del lado de la naturaleza y sus instintos, que debían prevalecer para otorgar una verdadera felicidad al ser humano; pero, imbuido por una filosofía pesimista, permitirá que triunfe la convención social: su honestidad y dulzura no podrán redimir a Tess, que deberá pagar el no haberse plegado a la norma social que exige que una joven cuide celosamente de su honra.

Curiosamente, Tess no ama al hombre que la seduce. Y aunque en la novela no se profundiza demasiado en esa realidad, basta para insinuar que un hombre y una mujer no tienen que amarse para desearse sexualmente. Es la victoria del instinto, de la naturaleza. Sí amará a Ángel Clare, a quien sin embargo le toca actuar como representante de las leyes sociales. Aunque Ángel ama a Tess, su actitud respecto a ella cambia radicalmente cuando conoce el pasado de la joven.

Con las tribulaciones del señor Clare, que reconoce que Tess es una mujer buena, pero que es incapaz de perdonarle su juvenil flaqueza, el autor dio forma precisa a la tesis de su novela: ¿si no existe una verdadera mala acción, a qué la condena? Pero el joven concede mayor importancia a la honra de su amada que al resto de sus virtudes. La falta de comprensión de Clare tendrá sus efectos sobre Tess. Hasta el momento, la joven se juzgaba a sí misma con benevolencia: era consciente de la condena de la sociedad, pero en el fondo se consideraba libre de culpa. Cuando sea el hombre a quien ama quien la condene, será cuando comience a considerar que su falta merece ser castigada.

Ese rebajarse ante sí misma de la protagonista es lo que verdaderamente conmueve al lector. Pero, al tiempo, anuncia el desastre final al que los personajes se ven sometidos. Los convencionalismos ganan la partida, la ley de la naturaleza queda cercenada por la sociedad y, como siempre, la mujer paga el no haber cuidado con celo lo único que en ella importa. Su honra es la moneda que el hombre exige para darle un puesto digno en la sociedad, un puesto que la mujer por sí sola no puede alcanzar, no importa qué cualidades posea.

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2 Comentarios

  1. Excelente reflexión. Me gustaría dejar constancia del placer que me causaron las descripciones de la naturaleza y el paisaje, tan vinculados a los estados de ánimo de Tess. Y también romper una lanza por Clare, por cómo es capaz de relativizar sus valores al cambiar de contexto cultural y la intensa transformación que le produce.

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