Vida de un idiota y otras confesiones – Akutagawa Ryūnosuke

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Vida de un idiota y otras confesiones - Akutagawa RyūnosukeRyūnosuke Akutagawa —autor reconocido especialmente por su relato Rashōmon— es otro ejemplo de la tensión emocional que los cambios de la Era Meiji produjeron en numerosos artistas. En Akutagawa esa tensión se completó además con profundas crisis nerviosas que acabarían empujándolo al suicidio.

Aunque las obras más populares de Ryūnosuke Akutagawa pertenecen en su mayoría a la primera parte de su producción literaria, cuando solía ambientar sus narraciones en el Japón feudal, tanto Vida de un idiota como el resto de relatos que reúne el presente volumen se engloban en el tipo de historias que caracterizarían su escritura en los últimos años antes de su muerte.

Los personajes que aparecen en estos relatos están, como lo estuvo el propio autor, marcados por la neurosis y la ansiedad. Sus obsesiones les arrastran y les impiden llevar una vida normal, excluyendo la posibilidad de cualquier relación saludable con sus semejantes, hasta el extremo de que la muerte parece la única salida.

Tres son los relatos de este volumen donde la neurastenia no es protagonista indiscutible. “Las mandarinas”, “Al borde del mar” y “Extractos de la agenda de Yasukichi”. El primero es una exquisita muestra de brillantez y sencillez: Akutagawa apresa en unas pocas páginas la esencia misma de la vida al describir como la insignificante compañera de un viaje en tren se convierte en un ser maravilloso gracias a unos objetos tan simples como unas mandarinas.

Mientras, “Extractos de la agenda de Yasukichi” recoge anécdotas de la propia vida del autor en la Escuela Naval de Yokosuka, donde impartió clases de inglés. La descripción de los personajes que frecuentaban la escuela, como bedeles y profesores, las penurias de la docencia y la confrontación entre la sensibilidad del escritor y la vida militar son la esencia de este relato.

Pero ya en “Registro de defunciones”, aparece el Akutagawa introspectivo y aflora su inquietud ante ideas como la locura y la muerte. «Mi madre estaba loca.», comienza el relato, que realiza un recorrido por las muertes de su madre, su padre y una hermana mayor.

En “Engranajes” la insania del protagonista, trasunto del propio autor, va a más. Cercado por la idea recurrente de la locura que aquejó a su madre, hasta la luz del sol se le llega a hacer insoportable y sufre alucinaciones: ante sus ojos aparecen engranajes translucidos que giran hasta ocuparlo todo. Ni siquiera la religión puede ser un consuelo para esa alma atormentada.

En “Vida de un idiota”, como en “Extractos de la agenda de Yasukichi”, Akutagawa vuelve a poner por escrito sus propias experiencias. Pero esta vez ya no narrará recuerdos de una existencia normal sino que el relato se compone de breves fragmentos que recogen estados de ánimo y pensamientos, pequeñas anotaciones testimonio de la vida interior cada vez más inestable del escritor que acabaría por conducirle a la muerte:

La mano que sostenía la pluma comenzó a temblarle. Babeaba. Después de que se le pasara el efecto de los 8 miligramos de Veronal que había ingerido, la confusión volvió a su mente. Apenas recordaba con claridad lo ocurrido media hora o una hora antes. Simplemente vivía su día a día en la penumbra usando como bastón una espada delgada y sin filo.

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2 Comentarios

  1. Hace tres o cuatro años, cayó en mis manos un pequeño libro, que recoge dos obras de Ryûnosuke Akutagawa, “Kappa” y “Los engranajes”. Publicado, en una corta tirada de 700 ejemplares, por la editorial argentina Paradiso, lo descubrí por casualidad, hurgando entre los estantes de una librería.
    Mi relación con la literatura japonesa ha sido, y aún es, muy extraña. Me he sentido atraído siempre por ella a pesar de que su lectura, salvo contados casos, -Yukio Mishima, Yasunari Kawabata-, no me ha proporcionado excesivas satisfacciones. Bueno, pues aún y así lo adquirí.
    Ahora, al echar un vistazo a la reseña de este lunes, he recordado las impresiones que su lectura me produjo: Sorpresa, estupefacción, desconcierto….Y es que las dos novelas no son sino la epifanía desbocada del extravío y la locura de un escritor.
    “Kappa” recoge el relato que hace el paciente nº23 de un hospicio de dementes próximo a Tokio. Un viaje al país de los kappa, extraños seres imaginarios, mezcla de palmípedo, marsupial y cefalópodo. En un periplo alucinatorio, que recuerda a “Los viajes de Gulliver” o a la “Alicia, en el país de las maravillas”, de Lewis Carroll, somos partícipes de su vida y costumbres: organización social, cultura, justicia, religión, – entronizan como santos a Strindberg, Nietzsche, Tolstoi o Gauguin… Todo sorprendente e increíble, pero, en ocasiones, la tozuda realidad es capaz de superar incluso a la ficción de la locura. Hace unos años, en un inolvidable viaje a Vietnam, descubrí la existencia de la secta Cao Dai,-incluso asistí a uno de sus actos religiosos-, que venera a Víctor Hugo, Napoleón, Louis Pasteur o Churchill…
    Pero si en Kappa asistimos a una insania, más evocada que real, una especie de cuento imaginado, en “Engranajes” nos topamos con las torturas y obsesiones de un protagonista, trasunto del propio autor, que atraviesa ya la delgada línea que lleva a la locura. Misteriosos engranajes semitransparentes le nublan la visión, agudas migrañas, fantasmas y muertos con “raincoat”, obsesiones insuperables, -la locura de su madre, ¡siempre la maldición de la locura!, el fracaso de su padre en los negocios-, incendios, ratas,…,un sinfín de paranoias alucinatorias que llevan a las estremecedoras últimas líneas del relato: “Ya no me quedan fuerzas para seguir escribiendo. Vivir en esta continua zozobra es desesperante. ¿No querrá alguien apretarme el cuello, calladamente, mientras yo duermo?”
    La lectura de Akutagawa, por lo menos en estos dos relatos, es una experiencia tan particular y propia que no me atrevo a recomendarla encarecidamente. Lo mejor es sentirla, y luego extraer conclusiones. De buen seguro, a mil lecturas mil opiniones diferentes.

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