Los demonios – Fiodor M. Dostoievski

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Los demonios - Fiodor M. DostoievskiDe entre las muchas obras maestras que F.M. Dostoievski dejó como legado a la literatura universal, quizá Los demonios sea una de las más complejas y profundas (lo cual es mucho decir para un escritor que ha penetrado como nadie en la psicología humana). Novela larga y profusa, en ella su autor bucea en los entresijos de la mentalidad revolucionaria, aunque sin renunciar a la exploración del ser humano a un nivel más general.

El libro se estructura como una suerte de reseña periodística que un partícipe de los hechos narrados escribe tiempo después. La historia es evanescente, aunque podemos centrarla en la figura de dos protagonistas: Piotr Stepanovich y Nikolai Stavrogin, dos jóvenes que regresan a su ciudad natal y cuyas vicisitudes se entrecruzan con las de muchos otros personajes secundarios. El primero es un revolucionario cínico y descreído, un muchacho que intenta formar una célula para socavar la sociedad y llevar a cabo acciones reformistas; el segundo es un joven acomodado, sensual, cruel, mordaz y asocial, capaz de las mayores heroicidades, pero también de las más grandes villanías. Junto a estos dos hombres tenemos docenas de caracteres secundarios, a cual más logrado, que conforman una trama de traición, violencia y asesinato como pocas habrá en la historia de la literatura.

Aunque la novela parece focalizar buena parte de su acción en la actividad de la célula revolucionaria encabezada por Piotr Stepanovich, la verdad es que el peso psicológico del texto recae sobre Nikolai y sus relaciones con los demás, incluido el propio Piotr. En el personaje de Stavrogin vemos características de los grandes protagonistas de otras novelas de Dostoievski: orgullo, nobleza, inteligencia; virtudes todas ellas que parecen no servir de nada ante la soberbia, la intemperancia o la fogosidad. El “alma rusa”, ese elemento tan presente en la narrativa eslava y que tan complejo resulta definir, aparece en Los demonios en todo su esquivo esplendor: los dos jóvenes protagonistas representan una nueva sociedad, un nuevo hombre que parece llamado a superar los errores históricos del pueblo ruso (de hecho, la novela se inicia poco después de la emancipación de los siervos decretada por Alejandro II en 1861: todo un hito en el país), pero todo su empuje se diluye ante la imposibilidad de arrostrar sus demonios: su crueldad, su soberbia, su desprecio o su malignidad.

Quizá por ello esta novela es tan compleja como magnífica: en estos dos protagonistas —aunque también en muchos de los secundarios que los rodean, como es el caso de Stepan Trofimovich, padre de Piotr— tenemos lo mejor y lo peor del alma humana; vicios y virtudes que luchan por imponerse, sin permitir que los propósitos del hombre lleguen a concretarse, puesto que nuestra naturaleza es débil e irreflexiva. En los meandros de esta trama que parece no conducir a parte alguna descubrimos momentos de verdadera humanidad y escenas de una infamia descarnada. Descubriremos que los pecados que tratamos de enmendar están muy dentro de nosotros y es difícil librarse de ellos, a no ser que encontremos las fuerzas para sacrificarnos en pos de algo mejor, si bien desconocido…

Los demonios es una obra mayúscula, de resonancias extensas que es imposible resumir en unas pocas líneas, ya que Dostoievski alcanza a tocar todos los temas imaginables y juega con la psicología de unos personajes que están entre lo mejor de su creación. Si gustan de la literatura exquisita y de calidad, no pueden dejar de leer esta novela.

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8 Comentarios

  1. Nueva incursión dentro del terreno de los libros leídos y casi olvidados, “Los demonios”, de Dostoyevski, bien lo merecía. En esta ocasión no he echado mano de la edición que Bruguera, con traducción de Luis Abollado, publicó en 1980 sino de otra de Alianza Editorial, anterior a la de la reseña, prologada y traducida también por Juan López – Morillas. Es difícil, a veces casi imposible, encontrar buenas traducciones de los clásicos rusos y el trabajo de Morillas, sin ser especialmente brillante, se deja leer bastante bien. Mis predilecciones a este respecto son muy claras: Primero, Ricardo San Vicente y Víctor Gallego. Luego, todos los demás.

    Mientras me maravillaba con la densa y profunda obra de Dostoyevski no podía dejar de pensar en otra, recientemente leída y que despertó algún comentario, digamos que jocoso, en este blog, me refiero a “Padres e Hijos” de Turguéniev. El trasfondo de ambas es idéntico, las nuevas ideas que harían posible la revolución en Rusia; su posicionamiento similar, el rechazo a las mismas, aunque a través de caminos muy diferentes: Turguéniev desde la moderación de su talante europeísta y occidental, Dostoyevski desde el radicalismo de sus creencias eslavófilas. El resultado, totalmente diferente, “Padres e hijos”, recurramos a un símil fácil, más bien parece un café aguachirle, de esos que se digieren plácidamente por su escasa presencia de sustancia. “Los demonios”, al contrario, se asemeja a un café turco, espeso, fuerte, de los que se agarran a la garganta y golpean el estómago, su digestión es dificultosa pero el poso que deja es inmejorable.

    La obra de Dostyevski es enorme, compleja, auténtica en grado mayúsculo como casi todo lo surgido de su pluma. La crónica de los hechos relatados llega a nosotros de forma sutil y vagorosa, tanto que los actores principales de ellos, cuyos actos conocemos únicamente de oídas, a través de confesiones y chismes de protagonistas secundarios, no irrumpen en la historia hasta bastante mediado el libro. Y lo hacen con una fuerza arrolladora tremenda, Stavogrin y Verhovenski son dos caras de una misma moneda; se odian, se desprecian, a duras penas se soportan, pero a fin de cuentas se complementan, uno como motor y otro como eje transmisor de la sucesión de iniquidades que sus acciones desencadenan. Siempre se ha dicho que la personalidad de Mefisto es ambigua; así es también la de Stavogrin, fría, racional, refinada, contradictoria, capaz de la mayor de las vilezas y también de los actos más honrosos, su matrimonio con Marya Timofeyevna lo atestigua con suficiente claridad. Verhovenski es su pareja de baile perfecta, hipócrita, torticero, adulador o retorcido según requiera la ocasión; una mente maquiavélica al servicio de un único fin, la destrucción de la sociedad burguesa a cualquier precio.

    Puede que algunas de esas características fueran propias de los integrantes del movimiento nihilista surgido en la Rusia zarista de la segunda mitad del siglo XIX, de hecho si buceamos en la historia real que da pie a la novela y analizamos un poco el “Catecismo del revolucionario”, atribuido a Serguéi Gennádievich Necháyev, inspirador de la figura de Verhovenski, bastan unas cuantas líneas para darse cuenta de la catadura del grupúsculo que lideraba, “La venganza del pueblo”:

    “Un revolucionario desprecia cualquier teoría: renuncia a la ciencia actual y la deja para las generaciones futuras. Sólo conoce una ciencia: la de la destrucción. Con este fin exclusivo estudia mecánica, física, química y ocasionalmente medicina, con esta meta se entrega día y noche al estudio de las ciencias de la vida: los hombres, su carácter, las relaciones entre ellos, así como las condiciones que rigen los campos del orden social actual. La meta es la misma: destruir lo más rápida y seguramente posible esta ignominia que representa el orden universal.”

    Pero Dostoievski, al tiempo que pergeña criaturas novelescas gigantescas, crea también caricaturas excesivas de los personajes e ideales que denosta. Los nihilistas y el nihilismo reciben así una buena ración de palo; de la que no escapa ni tan siquiera el pobre Turguéniev, – ¡oh, sorpresa! – caracterizado aquí en la figura pedante e insufrible de Karmazinov, enemigo acérrimo de Stepan Trofimovich. Es esta tendencia al dogma extremo, – epicentro de aquello que el escritor ruso curiosamente critica siempre de los demás -, lo que, en ocasiones, pierde a este genio irrepetible de las letras universales. Asistir a la reunión o sesión, tanto de da, de los conspiradores en casa de Virginski o escuchar a Kirillov razonar su teoría sobre la bondad mueve a la sonrisa, es cierto, pero también produce algo de dolor.

    En general, siempre resulta más convincente defender los principios propios con razones que denostar con burlas los ajenos… Aunque, por desgracia, esta no es, ni ha sido nunca, una práctica muy común en entre los humanos.

    Como quiera que sea, “Los demonios” no será la última obra desempolvada, “Memorias de la casa muerta”, leída hace muchísimo tiempo, está ahí a la espera de su oportuno momento. Quizás entonces, con suerte, pueda descubrir entre líneas el rastro de la revelación recibida por Dostoyevski durante su destierro; la nueva verdad que, posada sobre su frente cual lengua de fuego, ocasionó la catarsis definitiva tanto de su vida como de su obra literaria.

    Si realizado el esfuerzo continuo en la oscuridad, habrá que suponer que, tal vez, estas tendencias a las propensiones utópicas y a las conversiones ciegas no son sino algunas de las peculiares formas de expresión que adopta la compleja alma eslava. A lo largo de su historia y de su literatura se han repetido hasta la saciedad.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

  2. ¿Señor Molina que opina de las criticas que se le hacen a Dostoievsky, acerca de sus personajes exagerados, o de que el author no hace más que profundizar siempre (con mayor o menor profundidad) en los mismos temas en casi todos sus libros?

    • Osea que se critica que un personaje exagerado carece de humanidad, ya que no suele ser precisamente ello con lo que nos encontramos en el día a dia.

  3. Bueno, no me creo Camus, que afirma que Stavrogin es el personaje de esta novela, quizas tambien por que los demonios no son las pasiones, Stavrogin y Piotr son los demonios todos los nihilistas, kirillov shatov tambien son demonios pero menores, a quienes todavia el pecado no los ha consumido de forma completa. Pero bueno volvendo a la discusion del personaje principal, es Piotr Stepanovich el debil, el complejo, el posee una profunidad piscologica sin limites, Piotr Stepanovich pareciera ser el diablo convertido en persona, no posee arrepentimiento alguno y su capacidad de pecar aunque no inocente no conoce limites, no es como la imagen poetica de ”el principe Harry” por que el hace las cosas por (a mi parecer) estetica, Piotr lo hace por una maldad fecunda basada en el odio que posee hacia todos los seres, y su extraño amor, odio por Stavrogin, (aunque no se hasta que punto esa zalameria que profesa por él es manipulacion, aunque con Nikolas nunca se sabe si es un juego o no, Nikolas es un niño o mejor dicho un adolescente, justo en la etapa donde su vida son solo pcados, no se quedo corto en esta explicacion). Pero bueno, quiero afirmar mi posicion de que el personaje principal es Piotr Stepanovich, la serpiente que aparecio para tentar a Eva…

  4. Efectivamente, Sr Molina… Muy poco espacio para hablar sobre una de las cotas de la literatura universal. Yo la habré leído, por completa, unas 4 veces y no cuento las veces que tan sólo he leído algún pasaje o algún episodio. Es una novela fascinante. De un escritor supino. Dios, para mí. Déjeme apuntar, tan sólo, la necesaria referencia que se debe hacer a Padres e hijos de Turguenev siempre que se quiera hablar algo de los Demonios… Pero, que mas? La dualidad de los personajes, las conexiones entre ellos. Kirilov. El asesinato de Shatov y las cosas que dice este. Starrogin, el mayor personaje que ha dado jamas la literatura. Por cierto, con un referente en la realidad: Nicolai Speshnev. Que alguien comience a tirar del hilo por aquí para entender el alcance real de esta novela.

  5. No fracasò…La revolucion comunista en Rusia, triunfò,
    La traicion de Nikita, es otra cosa. Curiosamente Nikita antes de ser dirigente del Partido pertenecia a la clase obrera….

  6. Los demonios de dostoievski es sin duda la novela más trágica que he leido en mi vida. El brutal asesinato de Shatov y las muertes que se derivan de ello, la ola de violencia que se sucede, la frialdad piotor stepanovich, y la culpa atormentadora que devora a stavroguin, dan cuenta de ello. No obstante como todas las novelas de Dostoievski se repiten ciertos elementos comunes que jamas desaparecen ( el hombre frio, el ridiculo, la mujer histérica, el ateo filosófico, etc.). Es sin duda es la novela que más ahonda en la ira, lo cual se ve en la personalidad de muchos personajes, que sufren repetidos ataques de histeria. Otra cosa genial de la novela es como plantea la analogía de unirse a una agrupación clandestina y criminal (“un grupo revolucionario”), con el firmar un acuerdo con el diablo (no hay escapatoria). Dostoievski tambien actua como profeta al describir porque una revolución de indole socialista fracasaria en rusia, al ser su población mayoritariamente campesina. En fin un libro genial.

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