Wadzek contra la turbina de vapor – Alfred Döblin

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1936

Wadzek contra la turbina de vapor - Alfred DöblinAlfred Döblin es un escritor que siempre merece una especial atención: Berlin Alexanderplatz es sin duda una de las mejores novelas del siglo XX y el resto de su producción literaria tampoco tiene desperdicio. Wadzek contra la turbina de vapor fue la primera segunda novela del escritor alemán y, aunque tiene fragmentos brillantes que dan muestra del innegable genio de Döblin es, cuando menos, una novela singular.

Wadzek es un industrial al que Rommel, un vivo empresario, logra arrebatar su fábrica de máquinas de vapor. Wadzek tiene como acólito a Schneemann, con el que tratará de plantar cara a Rommel de las maneras más peregrinas. Pero primero la lucha contra Rommel y después el fracaso de su resistencia lograrán trastornan la mente de Wadzek.

Es innegable que el libro bordea el humor, casi el disparate, pero no entra en él de lleno. Las situaciones absurdas que propician y protagonizan Wadzek y Schneemann causan más estupor que hilaridad en quien lee. Quizá ello se deba a que Döblin no acaba de perfilar con precisión el devenir de la trama. Los acontecimientos se suceden, pero la secuencia causa-efecto no siempre es clara; sobre todo porque las motivaciones de los personajes, especialmente de Wadzek, no quedan claras.

El resultado es una narración algo deshilvanada, sensación reforzada por unos diálogos en ocasiones inconexos. Los personajes tienen reacciones sorprendentes, que muchas veces parecen fuera de lugar: explosiones de ira, de miedo o de efusividad que no parecen directamente relacionadas con lo narrado. Por todo ello, la lectora a veces no puede evitar pensar que algo se le está escapando, como si se le hubiesen hurtado fragmentos de la novela que contribuyesen a dar una mayor coherencia al conjunto.

Escrita en 1914, Wadzek contra la turbina de vapor estaba influida por los movimientos artísticos de la época. En consecuencia, lo anteriormente expuesto no debe considerarse demérito, sino expresión de las primeras vanguardias. Es decir, no es un defecto de la novela, sino un efecto buscado intencionadamente por el autor. Aunque eso suponga poco consuelo para quien lee.

A pesar de todo, Wadzek contra la turbina de vapor es una novela que merece ser leída. Como apuntaba al principio, su singularidad puede causar extrañeza, pero no por ello deja de cautivar. La fuerza expresiva de Döblin se desata en sus páginas y especial mención merecen las peculiares descripciones de objetos, personas y situaciones: una lámpara de araña, la preparación de un café o la rotura de un espejo, se convierten de la mano del alemán es sugestivas líneas para ser disfrutadas una y otra vez. Ese el caso de las descripciones de Berlín, en algunas de las cuales es posible reconocer ya el inconfundible estilo de Berlin Alexanderplatz.

Personas entre los edificios, sobre las placas de granito, personas junto a las ruedas de los coches, personas en las isletas de seguridad. Sobre las espaldas mojadas del asfalto, la rampa gigantesca, ruedan los carruajes. Las carrocerías de los automóviles ligeros, que se aproximan como una invasión, se balancean sobre neumáticos a punto de reventar; tubos de escape invisibles exhalan tras de sí nubes de gris azulado; despiden gases tóxicos, óxido de carbono sofocante, pestilente acroleína. […] Un abismo entre los edificios cubierto por cables metálicos, lámpara de arco tras lámpara de arco, el peso infinito de llamas flotantes. En las esquinas de las calles candelabros de forja montados sobre bloques de piedra; riadas de gente chocan contra ellos y se bifurcan.

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2 Comentarios

  1. Buenos días, Sra.Castro:
    Tras repasar su reseña, no sé a qué carta quedarme. De un lado se percibe cierta frustración o desencanto, -llámelo usted como quiera -, tras la lectura, y del otro la comprensión de que lo leído no es sino el reflejo de la corriente literaria en boga por aquellos tiempos. El expresionismo alemán de principios del siglo pasado, según parece.
    A mí, los párrafos transcritos me resultan brillantes y muy próximos a una de las mejores novelas que he leído yo jamás. Está dicho muchas veces en este blog, pero no me canso nunca de repetirlo: “Berlín Alexanderplatz”.
    Todo lo que se publique de Alfred Döblin me interesa. Por lo tanto, esta novela se sumará a “Burgueses y soldados” en mi lista de libros pendientes de leer. Cuando le llegue su turno, veremos si comparto sus desalentadoras impresiones.
    Un cordial saludo

    • Así es Miguel, la novela me ha desencantado un punto. Como a usted, a mí «Berlín Alexanderplatz» me parece una de las mejores novelas no ya del pasado siglo, sino de la historia de la literatura. Por lo mismo, a priori cualquier obra de Döblin me interesa. Por eso tenía enormes ganas de hincarle el diente a «Wadzek contra la turbina de vapor».
      La novela está escrita de manera birllante. Como digo en la reseña, las descripciones e incluso algunos diálogos son del mejor Döblin. Pero la trama es inconexa. Más que expresionista yo diría cubista: son como fragmentos de una historia a los que a veces falla la relación entre sí. Si se contemple el conjunto entero, una vez concluida la lectura, tiene sentido. Pero mientras se lee una a veces se siente descolocada.
      Se la recomiendo, pero ponga antes en la pila de pendientes «Burgueses y soldados».
      Un abrazo.
      P.D.: ¿No le parece que a estas alturas ya podemos tutearnos?

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