Narraciones – Maksim Gorki

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Narraciones - Maksim GorkiSobre escritores rusos hemos hablado mucho en esta web (tanto en las reseñas como en los comentarios, afortunadamente); y los que nos visiten a menudo sabrán de nuestra predilección por la literatura rusa en general, y por algunos autores en particular. Maksim Gorki era una presencia obligada en este elenco y gracias a la edición de algunos de sus relatos breves tenemos la oportunidad de adentrarnos en su narrativa; en esta colección de cuentos tenemos textos que abarcan casi toda su carrera literaria, desde 1892, fecha de publicación de su primera obra, “Makar Chudrá” (el texto que abre el libro), hasta 1924. Aunque el autor ruso cultivó todos los géneros literarios, no cabe duda, después de leer estos relatos, que en el género breve supo plasmar como pocos el carácter de sus protagonistas con pasión, honestidad y viveza.

Y es que Gorki destaca por su especial sensibilidad para la creación de personajes; sus retratos de hombres y mujeres suelen presentar rasgos conmovedores por su veracidad y cercanía, además de ofrecer una mirada minuciosa sobre la vida de las clases más bajas de la sociedad rusa: campesinos, prostitutas, vagabundos, mendigos, jornaleros o vividores. Los protagonistas de estos relatos son gentes que, de un modo u otro, se encuentran al margen de la vida convencional: no sólo por sus profesiones o actividades, sino por su personalidad; estas personas son ajenas al tráfago de lo cotidiano y poseen una visión del mundo independiente. Buena muestra de ello es que el autor fija su atención en personajes que desprecian el modo de vida tradicional o las costumbres arraigadas; el ejemplo perfecto es “Makar Chudrá”, un relato en el que un viejo gitano cuenta al narrador una historia de amores desgraciados en las estepas de Ucrania. En este texto se dan todas las características que hacen únicos los cuentos de Gorki, ya que a la independencia del protagonista se une su peculiar visión del mundo y lo original de sus peripecias.

Quizá esta dedicación a los rasgos psicológicos de los personajes hace que las tramas se descuiden un tanto, optando por un costumbrismo sencillo que evita cualquier tipo de complicación para centrarse en el retrato y la descripción; lo de menos es lo que ocurre, sino a quién le ocurre. Así, algunos textos se quedan en meros esbozos que, aunque emocionalmente consiguen despertar la empatía del lector, no llegan a calar del todo al esquivar el conflicto y centrarse sólo en el esbozo. No obstante, pese a semejante obstáculo (que desluce algunos de los cuentos, como ocurre en “Una vez, en otoño” o “Compañeros”), lo cierto es que Gorki consigue reflejar gracias a sus personajes elementos que, en otras manos, sólo podrían plasmarse mediante tramas más elaboradas.

Es el caso de “Los exhombres”, el mejor relato del libro y prueba palmaria de que el escritor podía, con unos escasos mimbres, levantar una historia que conmueve tanto como denuncia, sin apenas recurrir a acción alguna. En ella encontramos un grupo de personajes marginales y acabados: borrachines, aprovechados, vagos y descastados se dan cita en un figón de una ciudad cualquiera, unidos por la necesidad de dormir bajo techo y por un extraño instinto de conservación. Un capitán retirado, tan inteligente como ladino, se encarga de procurarles alojamiento y bebida mientras disfruta de su condición de reyezuelo entre semejante escoria. Apenas nada ocurre en el relato, más allá de la construcción de una fábrica junto al lugar de encuentro de estos hombres, lo cual provocará ciertas desavenencias entre ellos y el propietario del nuevo edificio. Sin embargo, y a pesar de la sencillez de la historia y del escaso número de acontecimientos que se desarrollan, un universo entero se puede hallar en sus decenas de páginas. La expulsión de la sociedad, el miedo ante lo diferente, la asunción de la propia iniquidad, la culpa y la maldad aparecen aquí y allá, bien como rasgos distintivos de algún personaje o como parte de un conjunto de cualidades que nos son comunes a todos. La grandeza de Gorki es mostrar cómo unos seres caídos en desgracia pueden ser tan humanos como el más bondadoso de los hombres.

Estas Narraciones tienen, como toda recopilación, textos mejores y peores. Pero no me cabe duda de que, en general, su lectura no defraudará a cualquier apasionado de la literatura rusa: la viveza de sus imágenes, la vitalidad de sus personajes y la emoción que se respira en muchas de sus páginas son cualidades que no se encuentran a menudo, y hay que disfrutar de ellas.

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3 Comentarios

  1. A pesar de su prolija obra y del culto manifiesto que profeso a los clásicos rusos, Gorki era, tal vez, el autor más desconocido para mí de toda la pléyade de inmensos escritores, que encumbraron la literatura de ese país durante los pasados siglo XIX y XX. Únicamente había leído una parte de sus memorias, la relativa a los encuentros y contactos mantenidos con otros escritores coetáneos suyos, editados por Nortesur bajo el título de “Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andréiev”.

    Ahora la recopilación de narraciones presentada por Alba me ha ayudado a formarme una idea cabal sobre el principal representante del realismo socialista, y lo he hecho, eso creo al menos, como aconseja el prólogo del libro, huyendo del prejuicio, “Gorki, un escritor soviético por antonomasia”; cosa absurda por otro lado si tenemos en cuenta además que la mayoría de los relatos incluidos en el libro pertenecen al período prerrevolucionario, y por lo tanto se manifiestan puros y exentos de “contaminación política” alguna.

    Al hilo de los nombres de escritores antes mencionados, me viene a la cabeza un primer pensamiento: por mucho empeño que le pusiera, Gorki no fue nunca Tolstói o Chéjov, aunque superó, eso sí, en mi opinión, a Andréiev. El comentario no supone demérito alguno, encumbrarse a la altura de semejantes gigantes se antoja tarea al alcance de pocos elegidos. Pero si nos detenemos a leer “Narraciones”, observaremos enseguida que hay mucho y bueno en la obra de Gorki.

    Como la lectura se rige a través de múltiples circunstancias diferentes que la condicionan, transformándola en un acto mágico e inexplicable: gustos, fobias, estados anímicos, capacidad imaginativa,… Ocurre con frecuencia que la misma cosa leída por dos personas distintas despierta sensaciones totalmente diferentes. Lo digo, Sr. Molina, porque en ocasiones el simple boceto de una experiencia común, plasmada en pocos renglones, llena más que un concienzudo relato trenzado con la más sutil de las tramas. “Una vez, en otoño” es, sino el mejor, un ejemplo claro de ello, y permíteme que discrepe de tu opinión. Aludes a conseguir la empatía del lector, pero yo creo que esta especial conexión es una extraña cualidad de difícil definición: una virtud que se tiene o no se tiene, así de sencillo. Chéjov la posee, por ello me gusta tanto su literatura, (si conoces el cuento titulado “Vanka”, para mí uno de los mejores jamás escrito, entenderás a la perfección lo que trato de decir), y, ¡oh, sorpresa, quién lo diría!, en el polo diametralmente opuesto, Víctor Hugo también la tiene, a pesar de su prosa concisa y machacona y de todas sus eruditas exposiciones. Pero bueno, no nos desviemos del tema, estábamos hablando de Maksim Gorki…

    Los cuentos presentados en la colección, como suele ocurrir en la mayoría de antologías, muestran una calidad dispar. Los más flojos son, para mí, “Makar Chudrá” y “El Jan y su hijo”, el primero de ellos lo glosas en tu reseña por “la independencia del protagonista, su peculiar visión del mundo y lo original de las peripecias”. Y no me acaban de hacer el peso por el tufillo folclórico que los impregna, según parece eran los gustos del público de la época y el escritor debía satisfacer ese peaje obligatorio, – recuerdo ahora los primeros cuentos de Gógol, y en ellos se abusaba también en exceso del folclore y la tradición -. A ellos uniría también “Vuelven” y “Compañeros”, uno por no ir más allá del mero cuadro pictórico y el otro por carecer, – aquí, coincido contigo -, del “cordón umbilical” preciso para unir autor y lector. En cambio, “Karamora”, “El anacoreta” y hasta “Zazúbrina” me parecen excelentes, en especial “Karamora”.

    Pero el Gorki que me ha cautivado no es el de esos relatos sino el de “Los exhombres”, el de los vagabundos, prostitutas, borrachos y marginados que tratan de sobrevivir sin perder el sentido de la dignidad. Un lumpemproletariado heterogéneo que representa el viejo trapero Tiapá, cuando, en las páginas finales de la narración, reivindica con firmeza ante Petúnnikov su condición de hombre. Aquí es donde brilla la pluma de Gorki, su capacidad para crear con cuatro rasgos protagonistas firmes y auténticos, capaces de lo peor, pero también de mostrarnos que todo no está aún perdido, que en el fondo de ellos todavía se mantiene el pábilo encendido de la conciencia de ser humano. Ese es el Gorki ante el que me rindo, el creador de personajes.

    El comentario se está alargando en exceso pero no puedo concluirlo sin la referencia a otro libro que, gracias a un especial regalo, ha venido a ampliar aún más mis horizontes sobre el escritor ruso. Me refiero a “Los vagabundos”, editado por Reino de Cordelia, que recoge seis relatos, – dos de ellos están también incluidos en “Narraciones” -, escritos entre 1895 y 1899. Estos trabajos son el resultado de lo que podríamos venir a llamar un “periodo iniciático de formación”, en el cual recorrió a pie parte de su país recogiendo temas y adentrándose en el mundo marginal que tan bien plasma en muchas de sus creaciones. Si alguien quiere conocer a fondo el alma de los olvidados, – no los despreciemos llamándoles vagabundos sin más – , debe leer el relato titulado “Konovalov” y entenderá de inmediato la singular idiosincrasia de esa miríada de personajes que dan forma a algunas de las mejores páginas de literatura jamás escritas. Entenderá su agonía y sufrimiento y, con suerte, podrá llegar a atisbar algo de la esencia del alma rusa.

    Leer a los clásicos rusos es siempre un placer y Gorki forma parte de ellos por méritos propios.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

  2. Cierto, Cheman, la trama en “la madre” es simple, pero el valor se encuentra en la descripcion de los personajes y su interaccion. Por lo que leo en la reseña, lo mismo sucede con los relatos. Saludos.

  3. Nunca me gustó demasiado Gorki, pero sí reconozco esa cualidad suya de construir grandes personajes con argumentos a veces un tanto simplones, costumbristas o esquemáticos, como sucede en “La Madre”, por ejemplo.

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