Voy a hablar de un libro que casi nadie va a leer y que, hasta ahora, pocos han leído. Incluso muchos de los que hablan de él, sea bien o mal, no han completado su lectura. Algo que, por otra parte, no es del todo extraño, dado que la novela en cuestión consta de más de 3000 (sí, tres mil) páginas. Desde luego, todo un reto para cualquier lector, por avezado que se considere, aunque sólo sea por el tiempo que demanda su lectura.
“A la busca del tiempo perdido” es algo más que una novela; es una experiencia vital. Un universo completo recreado en sus páginas, con unos mecanismos internos que la convierten en un libro difícil, arduo, incluso en ocasiones (por qué no decirlo) aburrido. Muchos lectores, allá por el momento de su publicación en 1913 no entendieron la propuesta que ofrecía Marcel Proust; hoy por hoy, las diferencias no son muchas. Y, sin embargo, es toda una obra maestra; una auténtica obra de arte maravillosa de principio a fin. ¿Por qué? Bueno, eso es lo que trataré de explicar aquí.
Proust fue un escritor exigente. En las últimas páginas de “El tiempo recobrado” (el último de los volúmenes que conforman el libro) él mismo admite fijarse como meta algo realmente difícil: reflejar la realidad humana a través de una observación minuciosa, que no detallista, del comportamiento de las personas. Precisamente eso es lo que se achaca como dificultad o lacra a “A la busca del tiempo perdido”: su puntillismo, su atención sobre el detalle, su minuciosidad. André Gide, lector para la editorial Gallimard, devolvió el libro al editor con un comentario (del que se arrepintió más tarde) en el que decía: “No puedo comprender que un señor pueda emplear treinta páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de encontrar el sueño”.Sin embargo, a mi modo de ver es ahí donde radica su genialidad (lo cual no lo convierte, automáticamente, en un libro fácil) y su diferencia. Proust empleó métodos y técnicas que se descubrían en la narrativa a principios del siglo XX. Escritores como James Joyce o Virginia Woolf emplearían el monólogo interior de maneras refinadas, pero Proust inauguró esta toma de posición de la escritura con su larguísima obra. Inspirado por el estilo de autores muy dispares, que abarcan desde Flaubert o Stendhal, hasta Dostoivesky , pasando por Thomas Hardy, el francés hizo uso de recursos que, de un modo u otro, ya se habían utilizado con cierto éxito antes, pero que él reelaboró de forma magistral hasta escribir “A la busca del tiempo perdido”.
El propio Proust estableció una comparación entra la elaboración de su libro y la construcción de una catedral: una obra cuyos planos iniciales no son definitivos, sino que cambia y muta sujeta a múltiples designios. La madeja que el autor va desenrollando a lo largo de las miles de páginas es una prolongación de su memoria, una memoria que es activa, que no se limita a traer recuerdos al consciente para plasmarlos sobre el papel, sino que analiza, examina, compara, siempre de manera constante, con digresiones (inevitables), con olvidos y con inconstancias. Como el mismo escritor dice, “lo que se trata de hacer salir, mediante la memoria, es nuestros sentimientos, nuestras pasiones, es decir las pasiones, los sentimientos de todos”.
En cierto modo, lo que Freud investigaba casi al mismo tiempo en Viena es lo que, en forma narrativa e imaginaria, recrea Proust en su libro. Temas tabúes, como la homosexualidad, y habilidades del subconsciente son examinados bajo el atento microscopio de la escritura del francés, que parece abarcar todos los temas humanos posibles. Quizá esta pasión por tratarlo todo, por querer comprender entre sus páginas todo lo imaginable, fue el mayor reto al que Proust se enfrentó. Como él mismo comunicaba a su editor, el manuscrito crecía y crecía, teniendo como topes la primera y la última parte; el resto era elaborado constantemente por el escritor, que ampliaba sus recuerdos (y, por ende, su obra) de manera desaforada.
Proust se aleja de la razón y la lógica para tratar de encontrar esas ‘verdades universales’ que busca mediante la memoria de la que hablaba arriba. Considerando que la razón y la voluntad no han conseguido el objetivo de plasmar la realidad, Proust se concentra en dibujar el ‘exterior’ de los personajes, aunque los falsee y no los describa fielmente (inventando todo tipo de detalles, aunque se base en personas reales para imaginar sus caracteres). En este sentido, su cambio respecto a la tradición decimonónica de la que es heredero (recordemos que Zola , naturalista acérrimo, es contemporáneo suyo) es brutal: pasamos de una novela sujeta a lo real, empecinada en retratar comportamientos sin dejar nada a la imaginación, a un prodigio de inventiva memorística que, pese a hablar de personajes y situaciones mundanas, nos revela conductas que pueden pasar por universales.
Al introducir su propia conciencia en la novela (anticipándose a Joyce, Woolf o Faulkner), Proust multiplica las posibilidades artísticas de la escritura, puesto que su obra adquiere múltiples interpretaciones, todas válidas y aunadas: novela psicológica, autobiográfica, reflexión sobre el arte y la literatura… En una obra como “A la busca del tiempo perdido” cabe absolutamente todo, no sólo, evidentemente, por su extensión, sino por su peculiar composición, que permite tocar todos los temas imaginables desde un punto de vista único -el del autor-, pero, al mismo tiempo, universal.
En realidad, a lo largo de las tres mil páginas de “A la busca del tiempo perdido” no parece que se cuenten demasiadas cosas. En “Por la parte de Swann”, el narrador recuerda su infancia y nos cuenta su descubrimiento del mundo de la aristocracia de los Guermantes. “A la sombra de las muchachas en flor” nos muestra a un narrador adolescente que, en sus vacaciones en un balneario, conoce a unas muchachas que le inician en su despertar sexual y, de alguna manera, ‘artístico’. “La parte de Guermantes”, tercera parte de la obra, introduce al narrador en el mundo aristocrático y exclusivo de los Guermantes, mitificado por sus recuerdos y que resulta ser desolador visto y vivido de cerca; toda la clase alta y burguesa de la Francia de fines del XIX es despedazada por la visión del autor, expuesta como una clase decadente y cargada de vicios y defectos. Es en “Sodoma y Gomorra” donde el narrador se ensaña con más ahínco con esa clase aristocrática y rica; esos personajes son sinónimo del vicio más abyecto, de la corrupción más profunda: por un lado, dedicados a sus fiestas, recepciones y soirées; por otro, consagrados a la lujuria y la depravación. “La prisionera” nos muestra el envés del sentimiento amoroso, plasmado en Albertine, la mujer de la que cree enamorarse el narrador y a través de la cual se reflexiona sobre las diversas facetas del amor, con especial hincapié en los celos. “La fugitiva” desarrolla el tema del libro anterior, sumiendo al narrador en el convencimiento de que nada es perdurable, de que todo mutable, frágil, como la memoria de la que hace uso y en la que se refugia debido a su enfermedad. Es en “El tiempo recobrado” donde culmina la peripecia del autor: después de un largo reposo debido a la enfermedad que le consume, regresa a un París devastado por la Guerra Mundial, donde los personajes que conoció y trató se han confundido con una burguesía adinerada que ha borrado a los esplendorosos aristócratas que tanto admiraba; entiende que sólo la creación artística le puede ayudar a ‘salvarse’ de la inevitable consunción vital que observa a su alrededor: de este modo, comienza, en un viaje circular, la escritura de su obra maestra.
Y en esas miles de páginas asistimos a cientos de descripciones, de minuciosos recuerdos, que, aunque pueden engañarnos y hacernos creer que estamos ante un volumen autobiográfico infinito, nos muestran, en realidad, la decadencia de una clase que es trasunto de toda una civilización, de toda una realidad. Es esto, quizá, lo más significativo de la obra de Proust: la posibilidad de hallar en cada una de sus escenas la representación metafórica de alguna otra cosa. Obviamente, su lectura es muy ardua y dificultosa: cualquiera que lo enfrente, incluso el más leído, encontrará momentos tediosos y complicados. Sin embargo, creo que el proceso acaba por merecer la pena, aunque sólo sea por la magnitud inigualable de lo que tenemos entre manos. Comprendo que haya quien diga que es imposible leer algo que apenas cuenta, directamente, nada importante; es admisible el celo, pero también es cierto que no se ha vuelto a escribir nada semejante, por lo que su abordaje es complicado. A aquel que se atreva, mis felicitaciones: verá como acaba mereciendo la pena.
Más de Marcel Proust:








Proust es una chismosa. Habla un enfermo que de la vida no conocia nada. Jamas trabajò, jamas supo lo que es luchar por una familia. Como hay personas que dicen que les ha leido, Proust , el alma?
De mi no habria entendido nada. en mi alma se habria perdido.
Un pobre escritor, comparado a Flaubert o al grandisimo Maupassant
Proust: un Mito, creado por…..
Una obra insoportable.
En busca.. es una evocación a través de experiencias recobradas y siempre presentes en nosotros. Es universal. Todos nos hemos asomados aunque sea por un instante al mundo sin tiempo que queda de esas experiencias suntuosas y simples en que veces queda atrapada la vida. En busca .. comienza con una una reminiscencia de otro tiempo que emerge en el autor del sabor del té y del sabor de la madalena que acaba de morder. Un deja vu. Más, que eso. Un contacto con la eternidad que hay dentro nuestro
He consultado las tres traducciones recientes y me decanto por la de Estela Canto, la encuentro más fluida.
Sí, merece la pena, es un viaje al mundo de los sentimientos:
http://ramiropinto.es/escritos-literarios/ensayos/un-escritor/escrito-es/sinopsis-proust/
[...] reencarnación de Natalie Wood. Venía preparada, eso sí: sacó de su mochila el tomo tercero de En busca del tiempo perdido y se puso a leer el libro con la vaga esperanza de llegar a la ventanilla antes que al punto final. [...]
Por casual referencia comencé a leer el primer tomo de “en busca del tiempo perdido”, “El camino de Swaan”; La verdad, una obra en conjunto compleja pero fascinante, quizá inigualable; Leí después el tomo dos, el tres, el cuatro y así suscesivamente hasta el sexto que es “la fujitiva”, el tomo séptimo me costó mucho trabajo y como dos años para conseguirlo, lapso en el cual de nueva cuenta releí los seis primeros tomos antes de empezar de forma definitiva el séptimo tomo, una vez que le conseguí; Si, quizas sea difícil la lectura de ésta obra pero una vez que comienzas a leerla te fascina y llega a ser como una droga, ya no quieres dejar de leerla. Recomiendo la edición de Alianza Editorial, muy buena traducción. Saludos “Proustnianos”
pues yo no comprendo como no terminar la novela que te atrapa en su laberinto. como no continuar la lectura tan llena de vida, como no querer saber más… sobre el tiempo perdido
[...] Más información| En busca del tiempo perdido, Solodelibros [...]
Hola
Sin querer llego a mis manos el tomo 4 Sodoma y Gomorra, al principio me costo mucho trabajo tanto entender como encontrarle el gusto y después de leer y releer el primer capitulo de este tomo, poco a poco me fue interesando más y ahora que he leído esta reseña y sus comentarios comprare todos los tomos y espero ser una de las pocas que halla leído la obra completa, muchas gracias a todas las personas que promueven la lectura saludos desde México
A Marcel Poust lo leo desde mi adolescencia y hasta ahora que soy un cuarentòn lo, le releo , es cierto que casi o muy pocas personas , pueden leerlo por completo , como afirma certeramente el señor Molina. En una tesìs que preparo hace algunos años , propongo llevarla a los escolares de mi paìs , por medio de algùn mètodo; de los tantos que hay , por lo menos o màs que puedo decir es que Honorè de Balzac y Marcel Proust , son mis preferidos entre los grandes , lo que si es algo arduo y que apenas he podido leerlo es en su idioma original.
Saludos y felicidades a los lectores desde Perù.
Jorge Lòpez Zegarra
Absolutamente de acuerdo con las apreciaciones del señor Molina sobre la magna y prodigiosa obra de Proust. Por mi parte, quisiera poner de relieve un aspecto en apariencia paradójico: la “objetividad” de la visión proustiana del mundo, conseguida desde la más profunda subjetividad. Según Marcel nunca podemos conocer por completo a ninguna persona. En esa medida, el narrador, como en las mejores novelas, no juzga a sus personajes: se limita a presentarlos desde los más diversos ángulos. Es el lector quien, en todo caso, acabará por redondear cada uno de los caracteres. El narrador los ve con una mirada en todo momento comprensiva y benévola. El análisis de los recursos literarios de Proust tal vez no cabría ni en una obra de las dimensiones de A la busca… Esta obra se ha de leer con calma y tiempo para la reflexión, repasando tal o cual párrafo especialmente complejo. Como la mejor literatura, A la busca del tiempo perdido nos lleva a un saludable ejercicio de introspección.[Don Mauro Armiño ha realizado una excelente traducción y edición anotada y enriquecida con explicación de personajes y lugares.]
Pues yo voy a empezar a leerlo…me gusta el tema y me apasiona el reto de comprender, entender y llegar al final…espero llegar al final del libro..jejejeje…..asi pues…¡LET’S GO TO WORK!
Marcel Proust
ME ILUMINA DE INMENSIDAD…
ALR
En este momento (viernes santo del 2011) termino la última frase de “El tiempo recobrado”, tras leer toda la obra de “En busca del tiempo perdido”, como se tradujo la obra en México, la cual comencé a leer en julio del 2010. Me llevó muchas páginas el poder entender el porqué de la obra y el porqué comencé a leerla. Sin embargo, al transcurrir esta obra maestra poco a poco me di cuenta de lo maravilloso que es el poder entenderla. Mi conclusión es que es un verdadero tratado de la vida misma vista con la introspección minuciosa del autor. Es difícil y algunas veces tediosa leerla por nuestra incapacidad de realizar tal introspección y concluir de ella a menudo. De hecho, creo que en la medida que la espiritualidad INDIVIDUAL se vaya perdiendo y el detalle de lo vivido olvidado, cada vez será más un tiempo perdido el no leer a Proust. Si por el contrario, solemos recapitular nuestra vida y tratamos de encontrarle el sentido correcto, es recomendable recobrar el tiempo leyendo tan maravillosa obra.
la editorial de bolsillo es exactamente igual que la original lo unico que una esta hecah a precio mas barato mas polular con pastas de menor calidad y la otra son de tapa de carton duro bien encudernado ya sabes,,,, la de bolsillo igual que el original exactamente las traduciones lo mismo del frances al español no es muy dificil si fuera ruso ya hay que afinar y el verdadero nombre el que yo compre es En busca del Tiempo perdido efectivamnte esta mal traducido un cordial saludo desde Madrid España
lo encontre por casualidad en la cuesta de Moyano donde hay asetas de madera todo muy bohemio y enfrete tienen puestos de segundamano habia oido hablar de el en los circulos mas intelectuales de Madrid y mira por donde me lo encuentro de segundamano y baratisismo 100 ptas. hace años ya empiezas a leerlo y no paras es verdad que te da tenyacion de dejarlo mas de uno dice que lo ha leido y es mentiraaaaaaaaaaaaaa es muy largo pero es interesanisimo hasta ahora no se ha escrito nada parececido dicen en esta pagina y es verdad es un trabajo de chinos pero te apasiona odos los intelectuales reconocen al autor como su preferido no hay ninguno que no le conozca como el camino de Swan pero es cierto si lo he leido muy pocos lo han terminado entre ellas yo lo confieso es mi culpa como decia un editor sera que yo soy muy practica no se puede emplear 3o folios en decir como se va a dormir uno jajajaja un clasico de la literatura universal te lo recomiendo por el no pasa el tiempo tiene `lena vigencia en nuestros dias A ka busca del tiempo perdido no pierdes el tiempo con el siempre te esta enseñando algo nuevo lo dicho lo recomiendo a la vista de lo que se escribe hoy que cualquier famosillo escribe un libro sin saber lo que se dice nada solo por llevar su nombre hay que volver al trabajo bien hecho no a que triunfe la mediocridad que es lo que ocurre en estos tiemos
Alguien podría decirme si comprar la traducción de Estela Canto con Losada, o la de Carlos Manzano de editorial Debolsillo. Es una cumbre de la literatura universal y quisiera comprarla en la traducción más digna – la de Valdemar no me convence – además de que no cuesta 15 pesos precisamente.
Luis, vaya por delante que no he leído a Proust y que, por lo tanto, no conozco la calidad de las dos traducciones. Pero, lo que sí sé es que Carlos Manzano es un excelente traductor, serio y concienzudo; he leído muchos de sus trabajos (Italo Svevo, Louis-Ferdinand Céline, Dino Buzzati, Giorgio Bassani, Henry Miller, Elio Vittorini, y otros), y puedo asegurarte que ninguno de ellos defrauda. La labor de Estela Canto lamento no conocerla.
Aunque no resuelvo tu duda, cosa que lamento, por lo menos si puedo avalar a uno de tus candidatos: Carlos Manzano, es un muy buen traductor.
Saludos,
Hola,
Acabo de comprar (“usados”) los tomos 1 y 2 de las Obras Compeltas de Proust de Editorial AGUILAR. HAy alquien que pudiera decirme si se trata de una buena edición en lo que respecta a la traducción? Ya que he leído en estos comentarios que NO TODAS las traducciones al español son buenas. Gracias por enviarme vuestra respuesta. Saludos desde Buenos Aires!
Hay una traducción muy buena de Editorial Losada, de Estela Canto, escritora, periodista y traductora argentina. Se las recomiendo.