A la busca del tiempo perdido – Marcel Proust
1 de diciembre de 2005 por Sr. Molina
Voy a hablar de un libro que casi nadie va a leer y que, hasta ahora, pocos han leído. Incluso muchos de los que hablan de él, sea bien o mal, no han completado su lectura. Algo que, por otra parte, no es del todo extraño, dado que la novela en cuestión consta de más de 3000 (sí, tres mil) páginas. Desde luego, todo un reto para cualquier lector, por avezado que se considere, aunque sólo sea por el tiempo que demanda su lectura.
“A la busca del tiempo perdido” es algo más que una novela; es una experiencia vital. Un universo completo recreado en sus páginas, con unos mecanismos internos que la convierten en un libro difícil, arduo, incluso en ocasiones (por qué no decirlo) aburrido. Muchos lectores, allá por el momento de su publicación en 1913 no entendieron la propuesta que ofrecía Marcel Proust; hoy por hoy, las diferencias no son muchas. Y, sin embargo, es toda una obra maestra; una auténtica obra de arte maravillosa de principio a fin. ¿Por qué? Bueno, eso es lo que trataré de explicar aquí.
Proust fue un escritor exigente. En las últimas páginas de “El tiempo recobrado” (el último de los volúmenes que conforman el libro) él mismo admite fijarse como meta algo realmente difícil: reflejar la realidad humana a través de una observación minuciosa, que no detallista, del comportamiento de las personas. Precisamente eso es lo que se achaca como dificultad o lacra a “A la busca del tiempo perdido”: su puntillismo, su atención sobre el detalle, su minuciosidad. André Gide, lector para la editorial Gallimard, devolvió el libro al editor con un comentario (del que se arrepintió más tarde) en el que decía: “No puedo comprender que un señor pueda emplear treinta páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de encontrar el sueño”.Sin embargo, a mi modo de ver es ahí donde radica su genialidad (lo cual no lo convierte, automáticamente, en un libro fácil) y su diferencia. Proust empleó métodos y técnicas que se descubrían en la narrativa a principios del siglo XX. Escritores como James Joyce o Virginia Woolf emplearían el monólogo interior de maneras refinadas, pero Proust inauguró esta toma de posición de la escritura con su larguísima obra. Inspirado por el estilo de autores muy dispares, que abarcan desde Flaubert o Stendhal, hasta Dostoivesky , pasando por Thomas Hardy, el francés hizo uso de recursos que, de un modo u otro, ya se habían utilizado con cierto éxito antes, pero que él reelaboró de forma magistral hasta escribir “A la busca del tiempo perdido”.
El propio Proust estableció una comparación entra la elaboración de su libro y la construcción de una catedral: una obra cuyos planos iniciales no son definitivos, sino que cambia y muta sujeta a múltiples designios. La madeja que el autor va desenrollando a lo largo de las miles de páginas es una prolongación de su memoria, una memoria que es activa, que no se limita a traer recuerdos al consciente para plasmarlos sobre el papel, sino que analiza, examina, compara, siempre de manera constante, con digresiones (inevitables), con olvidos y con inconstancias. Como el mismo escritor dice, “lo que se trata de hacer salir, mediante la memoria, es nuestros sentimientos, nuestras pasiones, es decir las pasiones, los sentimientos de todos”.
En cierto modo, lo que Freud investigaba casi al mismo tiempo en Viena es lo que, en forma narrativa e imaginaria, recrea Proust en su libro. Temas tabúes, como la homosexualidad, y habilidades del subconsciente son examinados bajo el atento microscopio de la escritura del francés, que parece abarcar todos los temas humanos posibles. Quizá esta pasión por tratarlo todo, por querer comprender entre sus páginas todo lo imaginable, fue el mayor reto al que Proust se enfrentó. Como él mismo comunicaba a su editor, el manuscrito crecía y crecía, teniendo como topes la primera y la última parte; el resto era elaborado constantemente por el escritor, que ampliaba sus recuerdos (y, por ende, su obra) de manera desaforada.
Proust se aleja de la razón y la lógica para tratar de encontrar esas ‘verdades universales’ que busca mediante la memoria de la que hablaba arriba. Considerando que la razón y la voluntad no han conseguido el objetivo de plasmar la realidad, Proust se concentra en dibujar el ‘exterior’ de los personajes, aunque los falsee y no los describa fielmente (inventando todo tipo de detalles, aunque se base en personas reales para imaginar sus caracteres). En este sentido, su cambio respecto a la tradición decimonónica de la que es heredero (recordemos que Zola , naturalista acérrimo, es contemporáneo suyo) es brutal: pasamos de una novela sujeta a lo real, empecinada en retratar comportamientos sin dejar nada a la imaginación, a un prodigio de inventiva memorística que, pese a hablar de personajes y situaciones mundanas, nos revela conductas que pueden pasar por universales.
Al introducir su propia conciencia en la novela (anticipándose a Joyce, Woolf o Faulkner), Proust multiplica las posibilidades artísticas de la escritura, puesto que su obra adquiere múltiples interpretaciones, todas válidas y aunadas: novela psicológica, autobiográfica, reflexión sobre el arte y la literatura… En una obra como “A la busca del tiempo perdido” cabe absolutamente todo, no sólo, evidentemente, por su extensión, sino por su peculiar composición, que permite tocar todos los temas imaginables desde un punto de vista único -el del autor-, pero, al mismo tiempo, universal.
En realidad, a lo largo de las tres mil páginas de “A la busca del tiempo perdido” no parece que se cuenten demasiadas cosas. En “Por la parte de Swann”, el narrador recuerda su infancia y nos cuenta su descubrimiento del mundo de la aristocracia de los Guermantes. “A la sombra de las muchachas en flor” nos muestra a un narrador adolescente que, en sus vacaciones en un balneario, conoce a unas muchachas que le inician en su despertar sexual y, de alguna manera, ‘artístico’. “La parte de Guermantes”, tercera parte de la obra, introduce al narrador en el mundo aristocrático y exclusivo de los Guermantes, mitificado por sus recuerdos y que resulta ser desolador visto y vivido de cerca; toda la clase alta y burguesa de la Francia de fines del XIX es despedazada por la visión del autor, expuesta como una clase decadente y cargada de vicios y defectos. Es en “Sodoma y Gomorra” donde el narrador se ensaña con más ahínco con esa clase aristocrática y rica; esos personajes son sinónimo del vicio más abyecto, de la corrupción más profunda: por un lado, dedicados a sus fiestas, recepciones y soirées; por otro, consagrados a la lujuria y la depravación. “La prisionera” nos muestra el envés del sentimiento amoroso, plasmado en Albertine, la mujer de la que cree enamorarse el narrador y a través de la cual se reflexiona sobre las diversas facetas del amor, con especial hincapié en los celos. “La fugitiva” desarrolla el tema del libro anterior, sumiendo al narrador en el convencimiento de que nada es perdurable, de que todo mutable, frágil, como la memoria de la que hace uso y en la que se refugia debido a su enfermedad. Es en “El tiempo recobrado” donde culmina la peripecia del autor: después de un largo reposo debido a la enfermedad que le consume, regresa a un París devastado por la Guerra Mundial, donde los personajes que conoció y trató se han confundido con una burguesía adinerada que ha borrado a los esplendorosos aristócratas que tanto admiraba; entiende que sólo la creación artística le puede ayudar a ‘salvarse’ de la inevitable consunción vital que observa a su alrededor: de este modo, comienza, en un viaje circular, la escritura de su obra maestra.
Y en esas miles de páginas asistimos a cientos de descripciones, de minuciosos recuerdos, que, aunque pueden engañarnos y hacernos creer que estamos ante un volumen autobiográfico infinito, nos muestran, en realidad, la decadencia de una clase que es trasunto de toda una civilización, de toda una realidad. Es esto, quizá, lo más significativo de la obra de Proust: la posibilidad de hallar en cada una de sus escenas la representación metafórica de alguna otra cosa. Obviamente, su lectura es muy ardua y dificultosa: cualquiera que lo enfrente, incluso el más leído, encontrará momentos tediosos y complicados. Sin embargo, creo que el proceso acaba por merecer la pena, aunque sólo sea por la magnitud inigualable de lo que tenemos entre manos. Comprendo que haya quien diga que es imposible leer algo que apenas cuenta, directamente, nada importante; es admisible el celo, pero también es cierto que no se ha vuelto a escribir nada semejante, por lo que su abordaje es complicado. A aquel que se atreva, mis felicitaciones: verá como acaba mereciendo la pena.
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me gustaria grandemente leer ese libro, solo con leer resume online me causa mucho deseo de leerlo. el problema es que no tengo la facilida para conseguirlo, me he cansado de buncar en la red, pero se me hace dificil. si me pueden ayudar me encantaria y le agradeseria inmensamente. cualquier cosa mi correo aparece y me dan respoesta.
No he leído a Proust,pero como comentó alguien en este blog, la mención de su obra en “Pequeña Miss Sunshine”(hace tiempo) despertó mi curiosidad. Y uds. con sus comentarios me impulsan más aún . ¿Se puede empezar por cualquier libro ? O si se altera el orden es más difícil?. Gracias
pues he leido el primero y segundo volumen de esta monumental obra y no deja de impresionarme la cantidad de temas que proust ha tratado; desde su constante ataque al habito del ser humano, hasta el tema de la imaginacion, desde su manera de vivir, apreciar y crear el arte, desde su manera tan minuciosa de describir los paisajes, hasta el tema que siento es el mas complejo de comprender: EL AMOR. En los primeros 2 volumenes Proust nos plantea 3 situaciones amorosas, todas completamente diferentes y sin embargo tan similares en su consecuencia final que es el sufrimiento que nos hace sentir el amor: podemos apreciar los enfermizos celos que Swann sufre debido a la ausencia de Odette y a las historias (a veces disparatadas) que crea en su mente, incluso la ultima pagina de “un amor de swann” en la que swann se arrepiente de haber gastado su tiempo con una mujer que jamas lo quizo como el a ella; en la primera parte del segundo volumen, el sufimiento del joven Marcel por la hija del matrimonio Swann, Gilberta. En este caso, nuestro narrador se va enamorando de Gilberta a tal punto que este amor lo pone en un estado de ansiedad y desesperacion tremenda y viendo que Gilberta no le corresponde, decide dejar de ir al salon Swann para asi intentar que Gilberta le sea correspondida y es al final cuando se mandan cartas declarandose su amor mutuamente, pero aqui uno se da cuenta de que MArcel estuvo todo ese tiempo encaprichado en una relacion que nunca inicio y que nunca termino (dado que nunca tuvo inicio) el joven Marcel sufrio por un amor inexistente, uno amor no correspondido y ya aplicandolo mas a la realidad, cuantas veces no han habido personas que sufren por una persona sin nunca saber si son correspondidos y ellos creen que la otra persona las quiere y las ama incondicionalmente (como marcel creia de Gilberta) y ese delirio que acarrea el estar pensando si somos correspondidos o no unicamente nos trae sufrimiento.
Excelente tu texto. Te comento que asisto a un taller literario y entre nosotros no me siento muy satisfecho con él. Trato de buscar info sobre libros que no puede dejar de leer quien desea ser escritor y di con Proust. Soy socio de una biblioteca que posee los cinco tomos que componen la obra de Proust, editado por Losada, traduccion de Estela Canto y segun lei en la red es una de las ultimas y mejores traducciones que se ha hecho. Voy a comenzar la aventura y el desafio de leer la novela por completo. Vaya desafio!!! Pero lo voy a intentar. Saludos cordiales a todos, pronto vuelvere a escribirles para comentarles como voy con mi lectura.
Llevo 200 páginas del primer libre, “Por la parte de Swann”, y es la lectura más dificil a la que me enfrentado nunca.
Estoy en la mitad de “Por el camino de Swan”,Proust era un agujero negro en mi cultura librística,y quiso la casualidad que lo leyera inmediatamente después de la Autobiografía de otro autor,en este caso autora,Edith Wharton,”Una mirada atrás”.Y por contraposición,lo que en Wharton es mera superficialidad,en Proust es de una hondura increíble.Es un libro difícil,sobre todo porque leer una traducción no es nunca lo ideal y el español no se presta para las largas elucubraciones proustianas,pero igualmente es fascinante.Aparte de la célebre escena de la magdalena mojada en la taza de té,nunca había leído una descripción de la lluvia de tal belleza como la produce Proust en un pequeñísimo fragmento de pocas líneas.Al leerlo,casi se puede sentir el discurrir el cerebro del autor.Realmente un genio,y no digo nada nuevo.
No me pareció aburrida en absoluto. Sin duda una gran obra de uno de los 4 mejores escritores del siglo xx.
Saludos!.
Que pomposa y vacía la reseña. Con más simpleza se escriben cosas mejores.
Me fundo en la humildad señores, sean más naturales y dejen los vicios del snobismo.
Ignatius
Estoy por el anteúltimo libro (Albertina ha desaparecido) terminándolo. No entiendo o mal entiendo las críticas que se le hacen a Proust. Primero no es dificil de leer, es sumamente fácil. Es como discurrir dentro de una mente, seguir sin casi darse cuenta los pensamientos ajenos, el ir y venir de un concepto y todas sus relaciones. Lo que hacemos a diario, todo el tiempo, nosotros mismos. Segundo, no es aburrido. Todo lo contrario, guarda suspenso, intriga, a veces uno se desespera por lo que saber que ocurrirá con tal o cual, o de que naturaleza será el secreto revelado. Y tercero, es fundacional. Compendia todas las corrientes literarias y artísticas del siglo XX, tomando la cotidianeidad como sujeto de interés. Es cierto que no es efectista y que requiere cierta intelectualidad para ser degustado, y tal vez por eso tenga resistencia, pero eso es curable. Mi recomendación es LEERLO y DEGUSTARLO. Es mi libro de verano.
Proust es todo lo que siempre quise leer, y lo qué siempres quise escribir
Leer un bet-seller, es quizá parecido a sentarse en el sofá y ver una película de acción, lo cual no está mal como entretenimiento, pero leer el tiempo perdido de Marcel Proust, o cualquier obra literaria de igual magnitud, es como sentarse es este mismo sofá, pero con la tv apagada y quizá en una tarde de invierno ante el fuego del hogar saboreando un buen congac y dejando correr la imaginación. Un placer del que no todo el mundo sabe disfrutar.
Pues a mí no me pereció nada aburrido, todo lo contrario,me reí mucho en algunos capítulos, con el personaje de la abuela, que se ponía nerviosa si le veía beber, y con Francisca, la tía Leonia,el propio Charlus es genial en sus comentarios. Maravillosa novela que no me canso de releer,la abra por donde la abra. El último libro, eso sí, es raro, como si lo hubiera acabado demasiado deprisa. Es el que menos me gustó, salvo en su final, todo lo de la fiesta en la que hace una terrible reflexión sobre el paso del tiempo y la huella que deja en el rostro de las personas.
No se puede ser mas perfecto que Proust ,a la hora de describir cualquier acontecimiento, me chifla, me devuelve la forma de fijarme en el mundo que me rodea que tenia cuando era más joven, los detalles, las miradas los acontecimientos con su escenario, los pensamientos de los demás, sus reacciones sus gestos sus sentimientos que nada tienen que ver con sus actos,el teatro que la vida te va llevando a representar y lo que uno siente que no tiene nada que ver con tal interpretación, la escena donde se desarrollan los hechos, él logra como nadie meterte en ella, PERFECTO