Ray Loriga se granjeó el respeto de la crítica hace ya casi trece años con esta novela, publicada tras “Lo peor de todo”, su primer trabajo. Ganadora de un premio caído en el olvido, “Héroes” supuso una revelación y una novedad en el panorama literario español, más apegado a ciertos tradicionalismos.
Hasta aquí, todo cierto. Y, sin embargo, uno coge la novela y se le cae de las manos a las veinte páginas. ¿Por qué? Porque es falsa; porque exuda ‘pose’ y afectación por todos sus caracteres; porque Loriga no es dios, aunque él lo crea; porque las canciones rock no pueden convertirse en novelas; porque los ídolos de cada cual son sólo esperanzas y sueños, no material literario; porque los perdedores al estilo americano son autóctonos de un territorio, y solamente de ese territorio; porque hablar de drogas, de coches, de adolescentes de mente alborotada, de música y de chicas no otorga a nadie —según creo— el privilegio de convertirse en escritor. Y hay más respuestas, pero basten unas líneas para dar a entender lo que quiero decir:
Siempre quise ser una estrella del rock and roll. Si me hubieras preguntado a los diez años, si lo hubieras hecho, ¿sabes qué habría respondido? Coño, tío, lo único que de verdad quiero es ser una estrella del rock and roll. Eso es lo que te hubiera contestado, pero si no preguntas, ¿cómo demonios vas a saberlo?
Es comprensible que en un panorama yermo como el de la literatura española se salude con cierto entusiasmo a personajes como Ray Loriga, que aúna en su persona algo de enfant terrible y de ídolo de masas. Tan comprensible como el hecho de que se le dedicasen críticas encomiásticas a “Historias del Kronen”, por ejemplo, cuando productos como ése, o “Héroes”, constituyen un escolio insignificante en la historia de la literatura (con minúscula). Este libro tiene una única seña de identidad propia, que es el ser diferente, pero esto nos aboca a otro debate, del que quizá hablemos en otra anotación: la novedad, per se, no es garante de calidad, siquiera de interés. Es obvio que existen novelas que marcaron un hito en cuanto a su forma (por ejemplo, “Berlín Alexanderplatz“), pero cuyo contenido era enjundioso, capaz de conmover o emocionar.
Loriga, por desgracia, no tiene ese don (o no lo tenía entonces; nada más de él he leído), y eso se nota. Se echa en falta la cercanía con los personajes fugaces de los que habla, un poco de calidez en la narrativa, un ‘algo’ que acerque al lector a la historia.
Puede que Bob Dylan y David Bowie hayan legado a la posteridad himnos de un calado emocional sin discusión, pero queda claro, después de leer “Héroes”, que no se pueden recrear esas sensaciones sin un mínimo de calidad literaria.








Escribe realmente mal el muchacho, pero no es el único. Muchas veces hay escritores suficientemente relacionados con editoriales y logran cosas que significan un espaldarazo publicitario, o un premio o una crítica que lo deja solo en la genialidad sin compartir gloria con nadie. Una vez sucede. Luego, cuando hay que arreglárselas solo con el propio talento comienza a aflorar la verdad. Recuerdo mi arrepentimiento al haber gastado dinero en “Héroes”
Frankie, de Argentina.
De Loriga sólo lei el hombre que inventó Manhattan, muy bien escrito, pero no me tocó, ajustado en la prosa, contundente, pero de factura demasiado medida, casi una parodia suave de ese estilo. También leí “Lo peor de todo”, que encontré en la biblioteca de Edimburgo, hace veinte años. Fue lo peor de todo lo que leí allí, sólo me gustó la primera frase.
La pose impostada de Loriga no es que esté muy vista, es que produce hasta un poquito de vergüenza ajena. Jeans ajustados, cádillacs en medio de campos de trigo, drogas y música rock. Es como un anuncio de coca cola pero en Soria. Hay que ser cutre!, lo que empieza a preocupar un poquito es la transcendencia que está llegando a cobrar un autor como este. Es como cuando decías ¨el tiempo pondrá a cada cual en su sitio¨ y ahora vas viendo que no es así. Pronto Loriga será lectura obligatoria y Alejandro Sanz se dará en el conservatorio. Yo la verdad es que lo que más siento por Ray es envidia, jugar a ser escritor y encima que te elogien, poder seguir con tu rollito hortera para toda la vida como si te hubiera tocado el sueldo nescafé de la literatura. Pero desde luego lo admito, todo lo que yo siento es envidia. Borges decía que publicar no era condición indispensable para un escritor, Ray Loriga demuestra que ni siquiera saber escribir lo es.
Sabes, hay gente como yo que no hemos leído todo lo de García Márquez, ni de Borges, incluso nos falta algun libro por leer de Pérez-Reverte. Quizá es porque no sabemos tanto de literatura, o porque nuestro criterio es más desacertado. Pero lo qué si te puedo asegurar es que Ray Loriga ha conseguido en ciertos párrafos describir con perfecta precisión cómo nos sentimos algunas personas complicadas, que nos fingimos fuertes, pero estamos derrotados y cansados, decepcionados y solos, y nuestros sueños de rock and roll, cadillacs y drogas son lo único que impide que nos hundamos del todo. Y sabes, que haya alguien que conozca y plasme por escrito el infierno que es a veces mi cabeza, a mi simplemente me ayuda, a él lo convierte en un grandísimo escritor.