Huesos en el desierto - sergio González RodríguezMorena, pelo largo, joven, delgada… esas son las características de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Pero sobre todo son mujeres pobres, trabajadoras de las maquilas (fabricas de montaje pertenecientes a empresas internacionales arraigadas en México para servirse de mano de obra barata y en pésimas condiciones sociales: maravillas de la globalización). Mujeres desprotegidas, que caminan por la noche hacia su puesto de trabajo, a través de calles sin pavimentar, sin luz, sin vigilancia, en una ciudad sin infraestructuras, tomada por el nercotráfico, gobernada por hombres corruptos.

Desde 1993 han aparecido casi 400 cadáveres de mujeres jóvenes. Golpeadas, torturadas y en la mayoría de las ocasiones, violadas. La actitud de las autoridades consistió primero en quitar importancia a esas muertes, que juzgaban dentro de la categoría de crímenes pasionales, o consecuencia de la violencia intrafamiliar. Más tarde, y cuando diversos grupos civiles comenzaron a llamar la atención sobre los crímenes, las autoridades buscaron sospechosos sobre los que hacer recaer las culpas. Estos sospechosos, de los que se consiguieron confesiones en muchos casos mediante torturas y amenazas, aún siguen en la cárcel. A pesar de ello, continúan apareciendo mujeres brutalmente asesinadas.

Me interesé por el caso de las muertas de Ciudad Juárez a raíz de leer “2666″, de Roberto Bolaño. El tema es escalofriante, propio de una novela de terror. Y lo que más horror produce es, no sólo lo verídico de los acontecimientos, sino el que estos se produzcan dentro de la más absoluta impunidad.

‘Impunidad’ es la palabra que nos grita Sergio González Rodríguez en este libro. Como además se ha atrevido a señalar a los culpables ha sido amenazado, golpeado, puesto en la lista negra de las autoridades mexicanas.

Porque son las autoridades mexicanas, que en muchos casos sufragan sus campañas políticas con fondos provenientes del narcotráfico, las que encubren y protegen a los culpables de estos atroces asesinatos. Procuradores, gobernadores, altos cargos de la policia federal y judicial, encubren y amparan a narcotraficantes, pero también a empresarios, a hijos de familias prominentes, que han encontrado su diversión en el asesinato y la tortura de jóvenes y niñas.

Dos gobiernos de dos partidos políticos distintos (PAN y PRI) han velado por los intereses de los ricos y poderosos, despreciando la vida de las mujeres juarenses sólo por que son eso: mujeres (y además, mera mano de obra barata). Han mentido de forma pública y notoria, han eliminado pruebas y evidencias, han amenazado o eliminado a aquellos que se atreven a indagar y a revelar la verdad. Han, en definitiva, mantenido abierta la veda para los cazadores de mujeres de Ciudad Juárez.

“Huesos en el desierto” nos revela todo eso. Habla de las conexiones de las grandes familias del estado de Chihuahua con los cárteles de la droga. Y de estos con ciertos ritos satánicos, que incluyen el asesinato de mujeres durante orgías de hermanamiento. Habla de policías corruptos que sirven a los capos. Y de fiscales que inculpan a inocentes para acallar a la opinión pública.

Recomiendo vivamente la lectura de este libro. A pesar de lo horrible de la cubierta y del título que recuerda a Stephen King y aunque no es ninguna joya del periodismo, por la temática que toca se hace imprescindible. Hay que saber lo que ocurre en el mundo, y dejar oír nuestras voces en contra.

Si os interesa el tema, visitad la página Nuestras hijas de regreso a casa.