Ada o el ardor – Vladimir Nabokov

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Ada o el ardor - Vladimir NabokovQué placer produce la literatura en su estado más puro, ése que nos sumerge hasta la entraña de su concepción, hasta agotar todas las posibilidades de cada una de las palabras con las que está fabricada. Esa literatura que arrastra al lector por la pura fuerza de su estilo, por la pujanza incontrovertible de cada una de las frases, de los párrafos. Es difícil sustraerse al embrujo de una novela que parece escrita con una mágica capacidad de embeleso, como es “Ada o el ardor”.

No es nada nuevo que Vladimir Nabokov es uno de los escritores más preciosistas de todos los tiempos. Epítome de la pasión por el estilo, su preocupación por la forma y por sus «divinos detalles» le convierte en un autor selecto y, en ocasiones, algo abstruso. Él mismo confesaba que escribía sin objetivo: «El libro que elaboro es algo subjetivo y específico. Cuando escribo mis cosas no tengo ningún propósito salvo escribirlas.»

Un detalle que no pasa desapercibido en “Ada o el ardor”, novela en la que el hilo conductor, de existir, es tan tenue como poderoso es el amor de sus protagonistas. Sí es cierto que la pasión de Ada y Van, hermanastros que se enamoran desde que se conocen en los últimos coletazos de su niñez y que prolongan su historia de amor a lo largo del tiempo, es un motivo que otorga unidad y entidad al libro. No obstante, la afirmación de Nabokov es muy ilustrativa, ya que las vicisitudes por las que pasan los dos amantes, los altibajos de su relación —que sufre algunas desgracias con el paso de los años, que se interrumpe y se retoma, que presencia separaciones y viajes, alejamientos y muertes—, no son tanto elementos de una trama definida, sino hitos estilísticos dentro de una vorágine formal.

Esto es al tiempo lo mejor y lo peor de la novela. No hay duda de que atravesar más de quinientas páginas sin la brújula que otorga una trama es arduo: la sensación de que ni el mismo autor sabe bien hacia donde se dirige desconcierta en algunas ocasiones y exaspera en otras. Hay partes del libro que desprenden tanta poesía que ésta se basta por sí misma para mantener la atención: como si de una composición musical se tratase, Nabokov puede mantener en vilo al lector simplemente gracias al embeleso que produce su hipnótica prosa; de hecho, los protagonistas basan buena parte de su encanto en el fabuloso despliegue verbal que el autor les concede. El gusto del escritor por los juegos de palabras, por la inteligencia verbal, se traduce en una Ada exasperantemente sabia y en un Van apasionado por la esgrima estilística.
No obstante, la falta de rumbo termina por pasar factura y la parte final de la novela, después de tantos desencuentros y de tantos flemáticos episodios, se lastra con la inevitable sospecha de que tras la historia del amor entre Ada y su hermanastro Van no hay nada.

¿Y acaso importa (se podría preguntar más de uno)? No demasiado, porque el innegable genio del autor se basta y se sobra para hacer de su fútil epopeya un cuento de hadas que encandila al niño que se esconde dentro del lector. Pero no se puede negar el hecho de que tanto circunloquio, tantas idas y venidas, tantas desventuras acaben por empobrecer el desarrollo de una trama que, aun endeble, podría haberse resuelto en menos espacio. Y no porque la extensión suponga un problema per se, sino porque la condensación de las experiencias de los protagonistas hubiera contribuido a la coherencia temática y otorgado al texto una profundidad y hondura que lo habrían enriquecido mucho.

Con todo, no hay más que releer el comienzo de esta reseña para comprender que la maestría de Nabokov contrarresta en buena medida esas deficiencias y hace de un detalle todo un asunto de capital importancia para construir una novela casi proustiana. Cierto que hay pasajes extenuantes, y que el ritmo no se mantiene constante a lo largo de sus páginas, pero la magia de una prosa subyugante y unos personajes cincelados a golpe de imaginería verbal son elementos suficientes para hacer de “Ada o el ardor”, aun con sus deméritos, una novela excepcional.

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13 Comentarios

  1. Este libro lo encontré este finde cachureando en el persa bio Bio. Me costó 2 mil pesos o sea 3 dolares. No sabía nada de él, pero al ver el cuadro de la familia y leer la primera página, me quedo claro que era una joya.
    Me recordó a Proust de algún modo. Y nabokov no necesita presentación.
    Aunque estoy leyendo a Henry James ahora, haré un espacio para leerlo pronto
    Y

  2. La primera novela que cayó en mis manos de Nabokov fue Lolita…
    Aún soy muy joven y me queda mucho por conocer del maravilloso universo literario y de Nabokov en particular… Estoy en proceso de lectura con Ada o el ardor y no entendía nada de las primeras páginas… Se me hacía todo rarísimo, perdía el hilo… Gracias a esta reseña, seguiré con los ojos alerta y espero que me deje buen sabor de boca, porque es un autor cuyas descripciones son inconfundibles, mágicas, trascendentales. Enhorabuena por esta página, es maravillosa.

  3. Lo leí este verano, y aun estoy fascinado por la capacidad que tuvo Nabokov, a sus 70 años, de describir, plasmar, recrear con absoluta nitidez las sensaciones, las emociones de la pasión/amor preadolescente y adolescente en toda su pureza y fragilidad extrema; la reverberación eterna que los detalles y los escenarios de los primeros encuentros amorosos dejan para siempre en nosotros.

    Las páginas que componen la primera parte del libro, que narra los primeros encuentros de los primos/hermanos en el jardín de Ardis, son de las más hermosas que he leído jamás.

    El resto, es cierto, no está a la altura y resulta en ocasiones irritante, por lo que en su conjunto es sin duda una novela irregular y caprichosa, con una notable deriva en su argumento…pero lo que perdura en mi memoria es la belleza de sus primeras páginas.

  4. En las novelas de Nabokov, sobre todo en esta, la participación del lector tiene que ser activa (casi ninguna de las ilustres mentes del XX escribe para divertir al lector en sus horas muertas), solo así se comprende que el “fondo” deje de ser importante para privilegiar la forma, pero no porque no se tenga nada que decir, sino porque la forma ayuda a potenciar la particular emoción que se busque transmitir.
    La estructura de Ada se entiende a partir de las reflexiones sobre el tiempo del filósofo Van. Primero estamos en Ardis, en el paraíso, y luego los personajes son exiliados: pese a sus constantes intentos por volver a formar una unidad (recuérdese que son hermanos), su relación fracasa una y otra vez. Al final de la novela, gracias a la intervención de un personaje que casi todos olvidan al igual que sus hermanos: Lucette, Van y Ada logran regresar y esta vez definitivamente. Ellos cierran su historia y le dan ‘unidad’ escribiendo el libro que leemos nosotros.
    Para los que dicen que hay una estructura informe y que no transmite nada, les recomiendo una segunda lectura atenta y libre de prejuicios. Si juzgáramos a la literatura a partir de criterios morales, muy pocos libros se salvarían, y se salvarían sobre todo aquellos que no merecen ser recordados salvo como culpables de la muerte innecesaria, casi como mártires, de inocentes árboles.

  5. Hasta mi aterrizaje en “Ada o el ardor” había tenido varias experiencias más con la obra de Nabokov, no todas ellas muy gratificantes a decir verdad. Tras leer algunas de sus novelas cortas, las primeras de la época de juventud fundamentalmente, – “Desesperación” me pareció excelente y “Mashenka” también, aunque en menor medida -, me aproximé a “Lolita” con grandes expectativas, tantas que mi decepción al concluir su lectura resultó mayúscula: pocos libros recuerdo tan aburridos como el de los desvaríos amorosos del profesor Humbert Humbert.
    A pesar de ello, y a pesar del estilo preciosista hasta la extenuación de Nabokov, hace unos días me atreví a pedir prestado a una amiga un viejo ejemplar de la crónica familiar de los Durmanov, editado por Argos en 1976, – su precio, impreso en la primera página, 475 pesetas, ¡qué tiempos aquellos! -. Y bastaron pocos capítulos para darme cuenta que, de nuevo, como en “Lolita”, me hallaba ante el original e insufrible Nabokov de casi siempre, ante el esteta excesivo capaz de abrumar al más pacienzudo de los lectores. Quizás el fallo sea mío, quizás no sepa apreciar, como es debido, la abstracta idea de la belleza, pero soy de los que piensan que la trascendencia de la literatura no se encierra sólo en su estética sino también en la importancia del mensaje transmitido y Nabokov, al menos en lo que a mí concierne, poco o nada me dice con sus complejas y sutiles peroratas.
    Hace no mucho leí parte de una entrevista del escritor ruso – estadounidense a una revista norteamericana en la que declaraba sin ambages que para escribir no precisaba más que estructura y estilo, lo demás, en ello incluía todas las grandes ideas, lo desechaba siempre. Pues bien, “Ada o el ardor” es justamente eso, estructura y estilo, ni más ni menos. El resto, historia incluida, pura parafernalia para dar relleno a las casi quinientas páginas de la novela: como diría el castizo, “demasiadas alforjas para tan poco viaje”.
    Pero ahondando en el estilo, y aun dando por supuesto que el mundo está repleto de rarezas y tipos extraños y que los escritores, como todos, no escapan a ese zoo misceláneo, me cuesta trabajo creer que esa “cosa” tan necesaria, según sus declaraciones, obedezca, únicamente, a una peculiar forma de sentir la literatura y no al caprichoso ego del snob, empeñado en sorprender a todos, – algo similar pienso de escritores como Henry James o Patrick Leigh Fermor -. Tal vez dicho así sea una herejía, pero lo digo tal como lo pienso.
    La historia de amor inacabable, y nunca mejor dicho, de Ada y Van, leída en pluma de Nabokov, es justamente eso, inacabable, pero también insufrible e insoportable. Durante la lectura, en más de una ocasión, me acometieron intensos impulsos homicidas: retorcerles el cuello a los personajes principales hubiera representado la mejor solución para concluir la sesión de tortura que representaba la lectura. Existía otra alternativa liberatoria más sencilla: dejar de leer el libro, pero me resulta, casi siempre, imposible llevarla a cabo. El prurito de perfección del lector, supongo.
    Y es que pocas veces me he topado con protagonistas más sabihondos, más engolados y más pedantes. Si a ello unimos el peculiar estilo de Nabokov: sus referencias cultísimas, sus aclaraciones entre paréntesis que cercenan la lectura de los párrafos, sus juegos de palabras ridículos qué maldita la gracia,… El cóctel queda servido.En fin, mejor no continuar.
    Sólo decir para concluir que si la historia, salpimentada, como en “Lolita”, de amores incestuosos, lascivos o como quieran llamarlos, – aunque en este caso, como novedad, se aborde el tema del “mènage à trois” -, la hubiera ideado cualquier otro escritor, menos insigne que Nabokov, posiblemente llevaría el calificativo de basura o de astracanada. Para el incrédulo: abrir el libro por el capítulo 30, o por los capítulos iniciales de la segunda parte, y leer.
    Si alguien tiene valor, ese es mi consejo final, que se eche al ruedo de la lectura de “Ada o el ardor”, en caso contrario que se dedique a otros menesteres más fructíferos. Existen libros infinitamente mejores que el de Nabokov, por mucho que vista semejante apellido.
    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

    • Estoy en proceso de leerlo y al sentirme tan perdida en los inicios del libro, lo he llevado todo al dramatismo personal de decir “será que no soy suficiente lectora y no sé apreciar lo sublime que es el estilo nabokoviano”, pero su comentario me ha hecho sentir mejor, gracias.

  6. Personalmente, a pesar de haber leído gran parte de las novelas (siempre excluí los cuentos) de Nabokov, Ada o el ardor me resultó de las más grandes novelas que leí. No sólo por lo “incorrectamente” romántica, si no por el extenuante árbol genealógico creado para esta novela -en la edición de Anagrama, incluso, trae un pequeño mapa geológico al inicio. Una novela muy recomendable.

  7. hola! la verdad no he tenido la oportunidad de leer este maravillosos ejemplar, pero es uno de los libros que he intentado conseguir en muchas librerias, tiendas, y mercados de pulgas sin ninguna clase de exito, aun no he podido conseguirlo, quiza alguien de por aqui lo tenga y sea tan amable de poder decirme donde lo adquirio de verdad que lo agradeceria mucho

  8. La novela tiene momentos realmente de gran literatura, pero yo creo que Nabokov ciertamente a veces pierde el rumbo y cae en el puro narcisismo literario o preciocismo. Da la sensación que a veces le importa más la forma que el fondo. Es un libro que me entusiasmó al comenzarlo y acabé odiándolo. No obstante, la considero notable, pero no a la altura de Lolita o Pálido Fuego.

  9. Me encanta Navokov y a pesar de que tengo esta novela siempre me ha dado algo de miedo sumergirme en sus páginas. Tu opinión confirma mis miedos pero también estimula mis anhelos. Tengo un club de lectura ¿la recomendarias como una propuesta para éste?

  10. Para mí esta novela es una Obra Maestra, pero es que Nabokov ha escrito muchas, como Lolita, La verdadera vida de Sebastian Knigth, La defensa, La dádiva, en las que, como muy bien se indica en esta reseña, lo de menos tal vez sea el argumento porque lo más importante es el gusto por leer e incluso releer.

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