Alves & C.ª – José Maria Eça de Queiros

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1949

Alves & C.ª - José Maria Eça de QueirozEça de Queiroz trata en esta novela un tema enjundioso y muy propio de la novela decimonónica: el adulterio. Este tema espinoso es, sin embargo, tratado por el portugués con lo que podríamos llamar un pragmatismo ideal, una sensatez alejada de dramatismos, que abre una nueva idea de la infidelidad, alejada de las convenciones de la época.

El próspero comerciante Alves encuentra un día a su esposa en brazos de su socio y estimado amigo Machado, un dandy cuyos amoríos Alves ha contemplado hasta la fecha con regocijada indulgencia. Alves es un hombre sentimental, casero, abnegado esposo, que disfruta de la vida burguesa, ordenada y feliz que lleva junto a su hermosa esposa. Pero esa felicidad burguesa se derrumba ante sus ojos en el instante en que sorprende a los amantes abrazados en el diván amarillo de su propia casa.

La ira y el deseo de venganza le embargan entonces: después de los reproches de rigor, devuelve a la esposa a su padre y exige una reparación de su honor al que se ha atrevido a ultrajarlo. Unos celos furiosos le atormentan y el orgullo herido clama tan alto que sus voces le impiden oír ninguna otra: el honor exige ser lavado con sangre. La sangre de Machado, o tal vez la suya propia, vertida en un duelo.

Pero poco a poco la ira va dejando paso a un cansancio inconmensurable, a un ansia de reposo, a un deseo de volver a la apacible vida del día anterior. Por eso, cuando los padrinos, burgueses poco deseosos de verse comprometidos en la historia de un duelo, encuentran la excusa para que éste no tenga lugar, el propio Alves lo acepta con alivio. Perdonar, jamás, pero ¿qué necesidad hay de derramar sangre?

El tiempo pasa. Con el suegro y el socio conviene la manera de acallar las murmuraciones de la ciudad, pero Alves añora a la mujer a su lado y al amigo en el despacho. Aquella vida sencilla y plácida que él había sabido construirse ha sido desbaratada por un asunto que cada vez se le antoja más banal. Convencido de que tal vez las cosas se sacaron de quicio en el momento y anhelante de recuperar la comodidad de su vida de antaño, admite a la mujer de nuevo en el hogar y poco a poco retoma las relaciones cordiales con el socio, dejando que esos malhadados días grises de soledad y abandono sean sepultados por el tiempo.

Eça de Queiroz consigue, con un lenguaje natural, sencillo, lejos de toda afectación, retratar de manera deslumbrante los sentimientos de un hombre que, por debajo de los alaridos del orgullo, escucha la queja suave por la pérdida de la rutina, la comodidad, la costumbre. De la ira y el deseo de lavar el honor, del odio hacia la mujer que lo ha despreciado, del deseo de vivir en soledad como un viudo que todo lo ha perdido, al deseo de recuperar a su esposa, de volver a estrecharla entre sus brazos y recuperar los días dichosos del amor seguro. Y del deseo de ver muerto a sus pies al amigo que ha traicionado su confianza, a la necesidad de recuperar la cordialidad que otrora presidió sus relaciones. La infinitesimal gradación de sentimientos es relatada por el narrador de una manera sencilla que sabe llegar al lector, el cual se puede reconocer en ellos sin problemas por la claridad con que están escritos.

Pero también los sentimientos de los demás personajes quedan retratados sencilla pero fielmente: el amigo arrepentido por haber traicionado al que ha sido como un hermano para él. La esposa que, de nuevo bajo la autoridad paterna, añora las comodidades de su hogar de casada y las mil atenciones de su amante esposo. Los amigos, convocados como padrinos, que no queriéndose involucrar con el asunto poco honorable del duelo, usan todo tipo de silogismos para convencer al marido burlado de que no hay razón para llegar a extremos tan violentos. La avaricia del suegro, deseoso de que no exista una reconciliación entre su hija y su esposo, para tener segura la pensión que el segundo se compromete a hacerle llegar. O la desconfianza que reina entre los esposos en los primeros tiempos tras la reconciliación.

El tiempo ha pasado y hasta los que fueron amantes son capaces de tratarse con la familiaridad honesta anterior a sus escarceos. La fortuna y la prosperidad han sonreído a ambas casas y Alves se felicita porque entonces, cuando la sangre caliente de la juventud clamaba venganza, supo escuchar la voz de la sensatez, de tal modo que ha recibido así mil beneficios por su cordura. Cuántos momentos de sosegada felicidad vividos desde entonces hubieran sido imposibles de haberse dejado llevar por la pasión. Y se ríe con su socio de los calores de la juventud que, sin medida, pueden arruinar la vida “por una tontería”.

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