Tríbada – Miguel Espinosa

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Tríbada - Miguel EspinosaLeer “Tríbada” supone un verdadero reto lingüístico y, casi por definición, intelectual; por desgracia, la novela se queda en eso, en un reto, un desafío, una prueba que tiene valor por el esfuerzo dedicado y no —como debería ocurrir— por el resultado obtenido. Quiere esto decir que el libro es, a fuer de opaco, casi ininteligible, con lo cual el placer de leerlo queda reducido al disfrute de su lenguaje: y eso, claro está, no justifica el empeño de enfrentarse a su lectura.

Miguel Espinosa trató de crear con esta novela una especie de tratado fenomenológico acerca de una relación a lo largo de diferentes momentos, aunque su escritura desborda esta premisa y llega mucho más allá. En realidad, la anécdota que pone en marcha la historia es mínima: Damiana, que lleva ocho años saliendo con Daniel, traba amistad con Lucía, una lesbiana más joven que ella y con la que inicia una relación tras ciertos titubeos. Daniel, al principio, trata de evitar esta situación, pero termina por rendirse. Juana, una ex-amante de Daniel, se convertirá en su confidente y, al fin, en su nueva pareja. La historia, eso sí, no es narrada de una forma sencilla: el grueso del libro se compone de las cartas que Juana le envía a Daniel, en un principio para tratar de acercarse a él y posteriormente (en la segunda parte del libro) para mostrarle el camino que ha tomada Damiana.

La trama, como puede verse, no es muy original y, a decir verdad, acaba convirtiéndose en la parte menos importante de la obra, pues la intención de Espinosa, como dije arriba, es entresacar la esencia de las experiencias y convertirla en un objeto de estudio; así, la historia narrada es sólo un pretexto para narrar, para reflexionar y suscitar la reflexión, y lo de menos es el desarrollo que pueda tener. También carece de relevancia el final, aun cuando los últimos capítulos sean breves glosas de la historia a manos de diferentes observadores que han aparecido en el relato; a la manera de los Testamentos católicos, distintas personas dan fe de los mismos sucesos —incluso el mismo autor, en un juego metaliterario, aparece como corresponsal de Juana—, aportando no tanto puntos de vista como interpretaciones. (No en vano “Tríbada” lleva como subtítulo «Theologiae Tractatus».) Quizá sea esclarecedor este fragmento a la hora de comprender todo:

En la versión que Miguel Espinosa nos ofrece del caso, la fabulosa sustitución de antagonistas se columbra a partir del momento en que Daniel recibe la primera carta de Juana. Desde ese evento, el relato comienza a crecer en significación y a desbordar los límites de la cuestión original; de testimoniar las causas de una hembra homófila y de su sorprendido amador, pasa a testificar las causas de Dios y del Diablo. Por eso, alguien lo subtituló, con razón, Theologiae Tractatus.

El problema que uno ha encontrado en “Tríbada” es que es absolutamente oscuro para el lector. La historia central se diluye en disquisiciones, comentarios, glosas, apuntes y visiones que los diferentes personajes van suministrando (y son muchos y variados, aunque unidos por el estilo peculiar de Espinosa, que maneja un castellano rico en términos, pero seco en construcción) y en realidad pierde interés, pues todas esas contribuciones sólo enturbian la comprensión que el lector tiene del hecho (que no es otro sino que Damiana actúa por instinto y Daniel se niega a aceptarlo, en su afán por «querer saber» todo lo que le rodea) y no enriquecen la trama ni los personajes. Al cabo de unas docenas de páginas, lo único que tenemos claro es que hay un suceso claro sobre el que varios individuos elucubran y especulan, sin que lleguen a arrojar más luz sobre el asunto; la fenomenología que Espinosa trata de aplicar sobre la novela queda en un intento flojo, que provoca distracciones y aburrimiento.

Tal vez para un escrito más breve, o tal vez a través de un tono diferente, el resultado hubiese sido distinto. Pero lo cierto es que el lenguaje (por mucho que uno sea más bien esteticista) no salva una novela, ni tampoco el propósito: se necesita algo más que audacia filosófico-lingüística para levantar un artefacto como el que Miguel Espinosa tenía en la cabeza. De esta manera, lo único que tenemos entre manos es un libro de cuatrocientas páginas que se hace interminable y tedioso, que no incita a la reflexión, que como única virtud puede aducir su tratamiento de la prosa, pero poco más. En suma: hay obras mucho mejores en las que perderse; o con las que perder el tiempo, incluso.

4 Comentarios

  1. A mí me parece un gran escritor que no ha sido valorado lo suficiente dentro de la literatura española contemporánea. Un hombre que no se resignó ni inclinó la cabeza ante nadie y eso, para la época que le tocó vivir, es muy digno de respetarse. Tríbada me parece una obra muy bien escrita, con un lenguaje profundo, emotivo e irónico y, como sus otras obras, está dirigida a lectores predispuestos a meditar y comprender. Recomiendo la lectura de su última novela, La fea Burguesía, otra obra digna de leerse.

  2. Miguel Espinosa… Para mí, un gran escritor. Sin duda, echado a los arrabales, quizá por ser de provincias, quizá por escribir muy bien y no ser agradecido como otros… Animo a leer LA FEA BURGUESÍA y ESCUELA DE MANDARINES. Salud.

  3. Se sabe que el núcleo argumental de esta novela tiene una base autobiográfica. Como experiencia personal de abandono debió de dejarle una mueca en la cara que le duraría bastante tiempo. La novela nacida de este dolor transformó esta mueca en sonrisa congelada a través de la ironía. He leído otras libros de Espinosa y creo que su tono entre especulativo y solemne, su vocabulario amplísimo y exubernate, a veces hasta extravagante o arcaico, era una pose estilística con la que reirse de la vida. A él le gustaba desplazar hasta el mito las mismas historias que podemos escuchar en un mercado. Su inteligencia extrema en la compensación de este juego lo salvó de hacer literatura para pedantes o pedante ella misma. Pero sí, hay que consentir desde el inicio con sus reglas para que te haga gracia y entretenga. Espinosa te guiña el ojo y te pregunta si lo acompañas, y entonces tú decides si lo haces o te quedas con alguien menos original, extraño, excesivo. A mí, desde luego, logró seducirme hasta la última página.

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