Bel Ami – Guy de Maupassant

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Bel Ami - Guy de MaupassantVanidoso, ambicioso y absolutamente falto de escrúpulos, así se nos presenta Georges Duroy, el protagonista de Bel Ami. Con él, Guy de Maupassant dibuja al perfecto arribista, dispuesto a alcanzar el éxito a cualquier precio, puesto que está convencido de que el éxito es algo que la sociedad le debe en pago por sus excepcionales prendas.

Bel Ami retrata a la sociedad intelectual, política y financiera del París de finales del siglo XIX, pero sobre todo retrata a un hombre. Un hombre cuyo meteórico ascenso, logrado a base de suerte tanto como de tretas poco honradas, logra interesar de inmediato al lector que, no obstante, seguirá con cierta prevención sus aventuras.

Georges Duroy es un hombre guapo, despierto y, sobre todo, audaz. Su deseo es llegar a ser alguien en el París donde le conocemos siendo un gris empleado; pero su motivación no es otra que la vida galante que se promete una vez alcanzado el éxito. Comidas exquisitas, mujeres hermosas, ropa elegante y paseos en coche: esos son los objetos del deseo de Duroy. De alguna manera, cree que la vida le debe esas cosas y le irrita el pensar que muchos hombres sin mérito viven la vida que a él le corresponde.

Poco a poco se descubre no obstante que Georges Duroy posee pocos méritos que le hagan acreedor de esa muelle existencia que él está dispuesto a alcanzar. De su vida de soldado en Argelia echa de menos la libertad de saberse por encima de la ley para cometer abusos contra los indígenas. De su vida como empleado en el ferrocarril, detesta tanto el ser un simple subordinado como el sueldo escaso que no le permite llevar el tren de vida con que sueña. El único mérito de Duroy es su apostura, que hace que las mujeres sientan por él una singular atracción. Serán ellas quienes le den el apodo de «Bel ami» y quienes le aúpen hasta la posición que por él mismo jamás hubiera alcanzado.

Bel Ami es, sobre todo, un amante. Adora a las mujeres como objeto de placer, aunque las desprecia un tanto en otras facetas. Sin embargo, se servirá de ellas con audacia y ningún escrúpulo. Su matrimonio con madame Forestier supondrá el comienzo de su ascenso en el mundo de la prensa; porque es ella quien tiene los contactos en el mundo de la política y las finanzas que la mantienen al tanto de la actualidad, pero también es ella quien da forma a los magistrales artículos capaces de derribar gobiernos y encumbrar ministros. La envidia que Du Roy (que no se ha resistido a la coquetería de ennoblecer su apellido) profesaba a quienes tenían aquello de lo que él carecía, se dirige ahora hacia su esposa. Camuflado bajo la apariencia de celos póstumos hacia el difunto primer marido de la dama, el resquemor que corroe a Bel Ami es saber que todos adivinan tras su pluma el cerebro de su mujer.

Pero otras mujeres le ayudarán a labrar su reputación de hombre imparable, que llegará lejos. No se puede negar que Du Roy siente ternura por ellas, aunque esta se desprenda de su vanidad satisfecha, sin embargo, no titubeará a la hora de deshacerse de ellas. Su ansia de dinero se va viendo acrecentada paulatinamente por un ansia de poder, de influencia, que llegará a su culmen el día de su matrimonio con la hija de un riquísimo industrial, a la que ha conseguido por medios poco loables. Por fin se abre ante él la vida esplendorosa que soñó, y aún más, porque ha llegado a ser admirado y temido.

Guy de Maupassant logra retratar con gran verismo en Bel Ami a un hombre falto de escrúpulos que se envilece paulatinamente a medida que asciende en la escala social. El creciente materialismo de Du Roy deja poco espacio en su espíritu para consideraciones de orden moral, y esa (de)gradación es la que recoge con destreza el autor a lo largo de la novela. El egoísmo como filosofía personal, el orgullo mal entendido y la certeza de que se puede pisotear a quien convenga son las señas de identidad del arribista que Maupassant retrató y que poco ha cambiado hasta nuestros días. En resumen, Bel Ami continúa siendo un interesante cuadro sobre la psicología de quienes están dispuestos a triunfar a cualquier precio.

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6 Comentarios

  1. Si la he leído , es la historia de un joven, afortunado la obra es de sus aventuras, turbulenta que pareciera la vida de un jugador . Maupassant. Su vida personal fue un verdadero drama y es admirable por su vida y por su obra: En Cuento de occidente tiene un puesto junto a solo para citar uno Chejov.

    Jorge López Zegarra

  2. Me gusto que el autor comprenda al personaje, George logro sus metas y mejora su situacion,eso es bueno, y la obra muy bien descrita,,,,

  3. «sencilla y agrdable de leer» coincido claro, y aun es extraño que aunque sea así no significa que sea una trama poco interesante o demasiado relajada, la trama fluye de la manera en que tiene que ser, de la manera en que la vida de toda persona fluye, porque la personalidad de Bel ami, sus defectos, «virtudes», su manera de pensar y actuar hace de él un ser tan vivo como yo misma. Lo que más destaco y me ha encantado de esta obra es sin duda como el autor logra que el lector comprenda al personaje, si bien no se justifican sus acciones (su egoismo, avaricia…) cualquiera podría, tal vez no identificarse con él, pero si comprenderlo, ver las cosas en su perspectiva (no solamente porque el libro sea en primera persona). Cuando un escritor logra que los personajes sean un conocido más para el lector (como su amigo, su vecino, colega, quien sea) es cuando yo digo que es magnifico, logra traspasar el papel y crear un mundo.
    Las oportunidades se presentan a los pies de Georges una a una, el solamente se encarga de lanzarse a ellas y tomarlas fuertemente (¿no es eso lo que todos deberíamos procurar) es un claro ejemplo de «el fin justifica los medios», Georges logra sus metas y mejora su situación, prospera, como él queria, el problema es a quien derribó en el camino.
    Un libro excelente que te deja satisfacción en el alma

  4. Huir de un espanto, de un libro pésimo, que deseas olvidar con todas tus fuerzas, (título y autor: “Roscoe, negocios de amor y guerra” de William Kennedy), y llegar a Maupassant, representa un gran alivio, casi una liberación. Y no es que “Bel Ami” sea el cénit de su obra (por lo menos, a mí no me lo parece), pero si no literatura en enormes mayúsculas, por lo menos se trata de buena literatura, de aquella que se continua leyendo con placer, a pesar del paso de los años. Sería curioso poder dar un salto en el tiempo y observar, dentro de un siglo, quién se acuerda de muchos de los genios de la actual narrativa norteamericana, (incluyo a William Kennedy entre ellos).

    Mis preferencias en cuanto a Maupassant no se decantan, de todas maneras, por sus obras de largo recorrido, sino que se centran más en su producción de relatos cortos, aquella que nos sumerge en atmósferas cerradas y claustrofóbicas, dominadas siempre por obsesiones enfermizas: la locura, el miedo, la muerte, la soledad,… Ése, es el universo en el que creo mejor se mueve la compleja personalidad del autor francés.

    Pero, no por ello, se puede desdeñar una obra como “Bel Ami”, en la que descubrimos a un Maupassant distinto. Estamos ante un escritor más centrado, más académico, un escritor que, alejado de sus mundos habituales, siempre próximos a la enajenación, nos desgrana la historia de Georges Duroy, un arribista medrador, carente de escrúpulos. Y lo hace con una prosa cuidada, alejada de cualquier tremendismo (no olvidemos que el sobresalto es una de sus especialidades), que se muestra siempre amante del detalle y hasta de la sensualidad, si la ocasión lo requiere. Una prosa, en definitiva, sencilla y agradable de leer, virtud achacable al haber del autor y al de la excelente traducción de Esther Benítez, una habitual de los buenos trabajos (Ciclo de los Rougon-Macquart de Zola, Italo Calvino, Dino Buzzati y otros muchos más).

    El escenario que escoge Maupassant para su anti-héroe Duroy es el de la redacción del diario La Vida Francesa; la escalera, para trepar en su carrera oportunista, el complejo mundo de las mujeres. En ambos se desenvolvía a la perfección el escritor francés, (colaboró habitualmente en los periódicos Gil Blas y Le Gaulois y tenía fama de mujeriego contumaz), lo que le permite adentrarse con paso seguro tanto en el “mundillo” de las noticias como en la antesala de los amoríos.

    Georges Duroy es el típico personaje ambicioso, advenedizo y trepador, que la sociedad francesa de finales del siglo XIX meció entre sus brazos. Pero, a diferencia de los mezquinos, ruines y hasta sanguinarios protagonistas retratados por Émile Zola, (otro habitual de la época), Duroy está moldeado en una horma de formas más suaves y delicadas: es apuesto, seductor, (un auténtico encanto para el género femenino), es tenaz, paciente, está dotado de un finísimo olfato para conseguir la noticia y cuidar de sus fuentes, inseguro (lo que lo humaniza un poco), tímido en los escarceos iniciales del galanteo y, por si fuera poco, hasta duelista por cuestiones de honor, (algo que enloquece a caracteres morbosos, como el de Clotilde de Marelle)… En fin, no es el partido que muchas suegras desearían como yerno, pero puestas a elegir entre él y el Aristide Rougon de Zola, por ejemplo, estaríamos seguros de sus preferencias.

    Otro aspecto de la novela que llama la atención, viniendo de un colega, es el maltrato con que Maupassant obsequia a toda la clase periodística de la Vida Francesa. No hay ni uno sólo de sus integrantes, que escape a los dardos certeros del autor francés: Jacques Rival, cronista de actualidad, es un presuntuoso estirado, Saint Potin un ladino redomado, Forestier un incapaz, Norbert de Varenne, poeta, un pobre hombre obsesionado por la muerte… y, el jefe de todos ellos, el Sr. Walter, un empresario que hace navegar a su periódico “sobre los fondos del estado y sobre los bajos fondos de la política”. De la redacción del diario, llega a afirmar cáusticamente: “Además se habían procurado, a bajo precio, críticos de arte, de pintura, de música, de teatro, un redactor criminalista y un redactor hípico, entre la gran tribu mercenaria de escritores para todo”.

    No parece éste un buen método de granjearse amigos para toda la vida, pero tampoco parece que le importara mucho a la pluma libre de Maupassant.

    Dos apuntes finales para concluir:

    1.- “Bel Ami” es una buena novela que debe leerse. Las horas empleadas en su lectura pasan muy rápidamente, lo que es la mejor de las señales para su recomendación.

    2.- Parafraseando a Groucho Marx, hay que decir: Nunca olvido un libro, pero con “Roscoe, negocios de amor y guerra” voy a hacer una excepción.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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